Esa tarde caminando hacia mi casa, comenzó a llover gotitas escasas que llegaban a tocar mi cara y expulsar cada palabra que tenía por ella.
Frene un instante, acaricié mi rostro un poco bruto, me despeine algo desesperado y suspiré hondo y lento...
Miraba al rededor de mi y podía notar que la cuidad tan poblada de siempre, estaba desierta como siempre, confuso, ¿No?. Caminaban personas vacías de alma, desiertas en sentimientos y me sentí muy privilegiado al saber que no estaba tan desierto como creía, la tenía a ella.
El viento frío recorría mi cuerpo e hizo que me provocara un escalofrío muy grande, las ventanas de chapa que tenia una de las tantas casas al compás del mismo viento se abrían, provocando un chillido muy espeluznante.
Entre medio de aquel día de fantasmas, el recuerdo de ella me abrió los ojos y por primera ves me sentía acompañado. Después de una larga caminata sin sentido, su sonrisa me hizo entender que era el único viviente en la cuidad tan poblada de siempre pero tan desierta de siempre, que ahora solo tenia un solo poblador con sentimientos.
______________________________
Escrito de: Noé.