Escuela para Jóvenes Artistas: Ilusionistas y Hechiceros.

Nadie es imprescindible, menos si eres Sovende.

ADRIK ALZAK

—Me apetece saborear a alguna sovende, las rubias tienen una sangre como... cítrica, ¿no crees?

Apenas le hice caso a Malon, mi compañero, ahora en infantería.

Los voluntarios estarían a punto de salir de esa especie de montículo gigante y de centro negro y verdoso, comenzando con ese trastornante retorno al útero para volver a nacer como cadetes. Un concepto que al parecer le resultaba fascinante a la dirección de la escuela. Lo repetían cada año.

Uno a uno, empezaron a salir todos los vaken. Algunos caían de forma estrepitosa con el pringue de olor fétido. Algunos de forma más suave y elegante, demostrando control.

No pude, ni quise, evitar la mueca de asco mientras salían todos los voluntarios. Los sovende eran debiluchos y enfermizos, pero algunos pasaban como cualquier otro vaken. Parecía que habían salido todos cuando, después de una pausa, una chica Slainim preciosa de destacables pecas blancas de pintura tribal y ojos celestes salió llena de pringue. Me detuve más de lo necesario en ella. Era perfecta. Esa mirada, ese estilo, esa figura atlética... Ni siquiera olía tan mal como los demás.

Mi ensoñación duró poco antes de que un fornido vaken del valle de cuernos retorcidos apareciera manchándome de pringue el pantalón al sacudirse. Mi mirada se posó en la tela antes de clavar mis ojos en él. Que se quitó rápidamente de mi camino. Bien.

Después de esperar un segundo y ver como caían los últimos restos de pringue, decidí dar comienzo a la bienvenida.

—Bueno, veo que ya estamos todos. Los que estáis aquí, aunque haya algunos sovende, sois lo mínimamente aptos para defender nuestras fronteras, pues...—algo no iba bien. La Slainim miraba fijamente el montículo, como si esperase que alguien más saliera de ahí —...como sabéis, los krishi est...— Una chica cayó encima de mí, tirándome al suelo y llenándome de pringue. Vomitó y luchó con el inanimado pringue, lanzando incluso una diminuta daga, que más bien era un pincho sacado de un anillo con forma de estrella.

La aparté de un empujón con asco. Ella resbalando y yo poníendome de pie. Miré al montículo, tenía un agujerito y a partir de él una gran rotura.

Sovendes y sus armas sutiles para pasar por el control. Ya estaba cansado y solo hacía unas horas que había comenzado el nuevo curso.

Más soldados de segundo año me miraron burlándose de mí. Yo me sacudí el pringue de un golpe seco y miré a la sovende. Estaba tosiendo, aún resbalándose en los brazos de mi recién nombrada protegida.

—¿Quién eres y porqué has sobrevivido?

La chica me miro mal. Tenía unos ojos verde oliva con pecas marrones. Una asquerosa anomalía solo digna de un sovende.

—Me llamo July Brossier y soy una excelente buceadora —dijo la pringosa con una cara que pretendía ser amenazadora. No funcionaba.

Yo volví a sacudirme parte del pringue.

—Como iba diciendo, —la miré mal de nuevo —los krishi están abriéndose camino, y por mucho que esté en contra de mandar sovendes a la guerra, todos vosotros, vaken y sovende, tenéis lo mínimo para sobrevivir: vocación y fuerza de voluntad.

Durante los próximos minutos me dediqué a hacerles un tour a los nuevos por las zonas más importantes de la EJAIH, dejando claros los puntos de referencia que necesitarían. La cafetería, la planta de las aulas y sus diferentes clases. El campo de entrenamiento para los hechiceros y el gimnasio de lucha común. Y por fin, lo más importante dada nuestra situación geográfica.

Varios de los de la nueva remesa quedaron sorprendidos.

—Ante vosotros, varias paredes de roca vertical con salientes afilados y puntiagudos. La parte de escalada de nuestra montaña personal. Unos 2.000 metros sobre el nivel del mar —me sacudí del hombro parte del pringue que me quedaba encima —uno de los picos promedio de nuestro gran reino, perfecto para que los eslabones más débiles de la cadena practiquen para las misiones más duras de mensajería. Nuestros puestos más importantes de vigilancia e infantería se sitúan en la cima de las cordilleras que rodean el Lago av stjerner, o de estrellas, para los que no entiendan el hashnakiano antiguo, así que entended su importancia.

La chica que debía estar muerta, amiga de mi protegida, se había quedado atrás, mirando la roca con el ceño fruncido. Lo que me faltaba.

—¡Eh! No retrases al grupo.

Ni siquiera me miró.

Rodé los ojos y la agarré del brazo para llevarla con el grupo. Era demasiado fácil. No entiendo porqué habían reclutado sovendes.

Cuando la solté con el grupo vi que no había parado de mirar la pared. Entonces supe que sería problema mío. Iba a ser informante.




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