Escuela para Jóvenes Artistas: Ilusionistas y Hechiceros.

Como en casa, en ningún sitio.

JULY BROSSIER

"La fiesta de bienvenida no es para felicitaros, es para despedir a los que aún no han muerto."

"Aquí nadie llora a los muertos cuando su alma ya ha abandonado su cuerpo."

Esas fueron las últimas frases que dijo ese vaken presuntuoso de segundo antes de mandarnos a los dormitorios de primero.

Era una gran sala de mármol blanco y brillante, demasiado moderno y limpio para ser para nosotros y para estar dentro de un castillo vakeniano de estructura exterior gótica. Era larga, de techo alto y atestada de literas. Como cuando de niña me quedaba entre dos espejos, no se veía el final. Recuerdo que me daba miedo esa duda sobre mi propia realidad. Algunos vaken ya estaban haciendo conjuros de ocultación y pronto las literas desaparecían. Separadas por distintos hechizos como paredes invisibles con camas flotantes a falta de visión de la cama inferior. Ante la escased de... todo, comprendí que era un espacio para que los hechiceros crearan su propio espacio. Al fin y al cabo, no solía haber cadetes sovende.

Aunque, técnicamente, ninguno de nosotros era cadete. Solo después de la fiesta de bienvenida, o funeral en vida como lo había descrito nuestro amigo, podríamos considerarnos al menos "novatos". Los cadetes eran los que sobrevivían al primer mes.

Aún éramos cientos de sovende, esperaba que alguno llegase a ser cadete, tal vez yo, si tenía suerte.

En un abrir y cerrar de ojos, aquella inmensa habitación se convirtió en un caos vertiginoso, como el resto de la escuela, en realidad.

Los vaken parecían estar en casa. Yo, sin embargo, había vivido toda mi vida en un pueblo sovende separado de los vaken por una montaña, así que era la primera vez que me encontraba en esta situación. Supuse que lo lógico sería pensar que todo mundo vakeniano era así: caótico, psicodélico y lleno de magia, magia real.

Una chica a mi lado presionó el aire entre sus palmas hasta hacerlo flexible, tal y como se podía manipular el cristal incandescente o el caramelo a medio endurecer. Se sentía natural en ellos. ¿Pero nosotros? No, los sovende sacábamos las fuerzas de nuestra propia energía vital. No pensaba usarla ahora solo por tener un poco de privacidad.

Si todos iban a hacerse su compartimento, los sovende podíamos usar sus cuartos como separación entre nosotros e imaginarnos que teníamos uno propio.

Solté mi mochila a los pies de la cama y cogí una toalla, era hora de probar las duchas.

Tardé tres lavados y casi media pastilla de jabón en quitarme el pringue del pelo. Y un buen rato intentando secarlo con lo que sobraba del aire a presión que soltaban las vaken que se arreglaban a mi lado.

Encima de la cama flotaban tres opciones de atuendo de fiesta. Un vestido largo, uno corto, y un traje. Todo blanco. No sabía cuando me habían medido la cadera, pero todo era de mi talla.

Miré a mi alrededor y vi que los vaken tenían sus opciones en un tono verde menta. Con un movimiento de cabeza desganado escogí el vestido largo. Era elegante, de corte sirena y un escote pronunciado. Los tirantes de encaje se pegaban a mi cuerpo sin necesidad de las telas del tono del cuerpo que solíamos usar los sovende. Usé una de las barreras acristaladas de mi vecino como espejo. Parecía un vestido de ceremonia de sello. Definitivamente no sabía si debía preguntar. Me quedé mirando mi reflejo, no iba a mentir, me gustaba mucho. Y aunque parecía que a los vaken les repugnaba la tradición del matrimonio sovende, yo, como sovende empalagosa que era, siempre había querido tener el mío.

Durante todo el rato que estuve peinándome no deje de mirarme, y a estar más triste simultaneamente. Tal vez no consiguiera sobrevivir lo suficiente como para poder llevar otro vestido así. Tal vez si me hubiera quedado en el templo como tenía pensado en un principio habría llegado a ponerme uno de verdad.

Nala entró con un vestido corto, sus largas piernas bronceadas eran perfectas para lucir un vestido así.

—¿Tú también vas de blanco? —dijo ella sonriente mientras se daba unos toques en las mejillas con un pigmento melocotón.

—Creo que todos los sovende lo llevamos, es casi como una sentencia de muerte. Ya sabes, por...

—Las ceremonias sovende, sí, he oído hablar de ellas. ¿Es cierto lo que dicen? ¿Lo del sello?

Yo sonreí, melancólica.

—Lo es. Cuando conoces al amor de tu vida no lo sabes, simplemente actúas, pensando que no durará. Aunque algunos lo intuyen incluso antes de conocerse, siempre es una elección. Puedes conocer a tu sello y aun así negarte al vínculo, siempre es una elección consciente, no es de esas cosas destinadas que arrasan con todo a su paso, ¿sabes? — nos miramos con entendimiento, las fábulas gozaban de exceso de dramatismo —Y entonces, puff... El mundo se queda mudo, los ojos del sello parecen llenos de luz y es como si todo se sintiera diferente, correcto. Al volver en sí hay un símbolo tatuado en la clavícula. Es bonito, tiene el tono de una peca, solo dos tonos mas oscuro que la piel. Y se queda ahí para siempre, al menos mientras ambos sigan vivos. Cuando honras el sello en las ceremonias sovende, se hace dorado.

Ella me miro embobada. —¿Tú tienes a tu sello?

—No, sé todo eso por mis padres.

Nala parecía mirar al suelo pensativa.

—Debe ser bonito crecer con unos padres con un vínculo tan fuerte.

—Es interesante cuanto menos.

—¿Porqué? ¿Son extraños? —indagó divertida.

—Un poco extravagantes, como esta escuela.

Nos reímos juntas, luego ella volvió a ponerse algo más seria.

—Yo tuve pareja una vez, siempre he querido eso que tenéis los sovende, pero nosotros no somos tan entregados, supongo. —se recompuso con facilidad y me dio unos toquecitos con el pigmento en mis propias mejillas. —Pues si esta noche es tu funeral en vida, yo haré de tu sello. Tendrás tu celebración sovende, —yo sonreí, mirando a esos ojos increíblemente azules cuando su dedo corazón izquierdo tocó ese hueco entre sus clavículas —me has ayudado a salir hoy, puede que no sea suficiente para un vínculo, pero estoy segura de que tú y yo estamos conectadas.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.