Esencia

La Verdad Incompleta

Zoray - Mundo Essential

Días después…

El silencio de la biblioteca no era un silencio vacío; estaba cargado de siglos, de palabras no dichas, la verdad que nadie había querido nombrar. Zoray pasó sus dedos por el lomo de los libros antiguos con una lentitud reverente, como si al tocarlos pudiera sentir el pulso de quienes los escribieron, quizá así había sido, y hasta ahora lo notaba.

Había buscado durante semanas una respuesta concreta, algo simple, algo que dijera o no. ¿Tenía esencia o no? ¿Era un error o una anomalía? Pero lo que encontraba, una y otra vez, eran fragmentos. Vacíos. Advertencias. Cosas que no la llevaban a ninguna parte, y si bien sabía que su conexión con André era una señal de algo mucho más grande, una parte de sí misma tenía mucho miedo de encontrar una verdad que le costara todo.

Llevaba demasiados días dando vueltas en círculos, no había vuelto a ver André y se sentía cada vez más intranquila, sin notarlo, con el paso de los días notó que de alguna forma, él se había estado colando en su sistema, en sus pensamientos… Hoy por alguna razón despertó con una corazonada, algo que la hizo dirigirse a aquel lugar que le era tan familiar, dispuesta a encontrar respuestas, estaba dispuesta a saltar todas las reglas con tal de lograr salir del meollo que era su vida. Estaba decidida.

Algo en su interior vibraba, su corazón agitado, parecía guiar cada uno de sus pasos, fue así como se pudo colar en una habitación restringida, apartada y oculta. Si en algún lugar había respuestas, definitivamente era ahí, si no, estaba perdida.

Vacilando entre las estanterías, se dirigió hasta el fondo de la sala, la humedad se propagaba en el aire, la oscuridad se hizo presente y entonces dio un vistazo en la pared, era falsa, o al menos una parte de ella, no sabía el porqué, pero sus manos se movieron por si solas y entonces tocó el lugar, y esta pared se volcó, y vio ante si lo que no podía ser más que respuestas…

El libro que finalmente se abrió ante ella no tenía título en la portada. Sus páginas estaban desgastadas, como si hubieran sido consultadas demasiadas veces y luego abandonadas por miedo. En una de las primeras hojas leyó una frase que le heló la respiración:

La esencia completa no puede existir en un solo cuerpo.

Zoray sintió un nudo cerrarse en su pecho.

Siguió leyendo. Las palabras no hablaban de defectos ni de castigos divinos, sino de equilibrio. De una energía original, indivisible, que alguna vez existió entera y que fue separada deliberadamente. No por error, sino por terror.

Entonces lo entendió.

André no era su complemento. No era su opuesto ni su salvación.

Era su reflejo.

Dos mitades nacidas en mundos distintos para evitar que, al encontrarse, recordaran lo que eran en realidad.

Las páginas describían un experimento antiguo, previo incluso a la fundación formal de Essential. Un intento desesperado por conservar la vida dividiendo aquello que no podía controlarse. La esencia original no obedecía reglas, no se sometía a jerarquías ni rituales. Amaba, elegía, cambiaba. Y eso la volvía peligrosa.

Zoray cerró el libro con manos temblorosas.

No había nacido sin esencia.

Había nacido con demasiada.

Y André… André había cargado toda su vida con el eco de esa división, con un dolor que no pertenecía a su cuerpo, sino a la ausencia de ella.

Por primera vez, Zoray no se preguntó qué era.

La pregunta que la atravesó fue mucho más cruel:

¿Cuánto tiempo podía existir algo que nunca debió separarse?




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