Esmeralda - Piedras Preciosas - Volumen I

Capítulo LIV: inicios.

Iker Denaro

Un golpe me despierta, mis ojos se entre abren y veo como las personas corren a mi alrededor, algo pincha mi brazo, veo que tengo una intravenosa, trato de levantarme, pero mi espalda duele, mi pecho está desnudo, los doctores me examinan y una enfermera me habla, me dice que todo está bien y que mi compañera está bien.

– Maldición – balbuceo.

Todo esto es culpa de Milenka, maldita seas, mi intuición me lo decía, me lo gritaba, pero no había sido capaz de ver la realidad de esto, me hundí en la miseria, tratando de no ser un padre ausente, sin evadir mi responsabilidad, o la que creía era mi responsabilidad, pero no me detuve a pensar con la cabeza fría si esto realmente me haría feliz, si esto realmente era lo que quería, aunque era más que obvio que no.

Negro otra vez, por segunda vez todo estaba en completa oscuridad, podía escuchar algunas voces, sé que mi familia estaba a mi alrededor, pero Esmeralda ¿Ella me faltaba? ¿Dónde estaría? ¿Tan poco le interesaba mi vida como para no venir a mí? Me lamentaba sabiendo que todo esto solo era culpa mía, y eso me carcomía.

Había hecho una promesa, debía llegar a su lado, disfrutar de su comida y aferrarse a su cuerpo el resto de la noche, mi plan era aferrarme a su corazón el resto de mi vida, pero esta vez hacerlo en grande, para que a nadie le quedara duda de que ella era mi mujer.

Un tintineo, una voz horrible, una pelea, mi cabeza escucha por partes todo lo que se decía, me sentía inservible, no podía hablar, levantarme, no era nada, solo escuchaba como las cosas pasaban. Un silencio ensordecedor me ataco, estaba desesperado, sabía que algo estaba pasando, pero ¿Qué podía ser? ¿Por qué nadie venía a mí?

– Estarás bien, mi amor – qué retorcida mente podría pensar que luego de todo esto tiene derecho a llamarme de esa manera – Ahora que nada nos estorba, podremos ser felices, esa niña solo era mi obstáculo – sentí sus manos, estaban heladas, me asquea que ella pueda tocarme y yo no pudiera hacer nada – solté un suspiro cuando escucha a tía Verona.

– Milenka, ¿Qué haces aquí? – Estaba molesta, eso era evidente – Deberías estar al lado de tu bebe, ella te necesita – está loca, jamás verá a ese bebe como su hija – ¿Por qué estás aquí? – volvió a preguntar.

– Él me necesita – ¡Claro que no, LOCA! – debo estar a su lado, de esa forma, cuando despierte, seré lo primero que verá, y podremos ser felices, como siempre – ¡LOCA, LOCA, LOCA! Repito, tratando de mover, pero todo es en vano, mi cuerpo no responde.

La loca solo suspira y ya no responde a los reproches de mi tía, quien se va, o por lo menos ya no la escucho. No soy consciente de cuanto tiempo ha pasado, solo sé que ya quiero despertar, escucho ha algunas personas, sé que mi padre y familia está aquí, sé que le han pedido a Milenka que se vaya, ella negó a su hija, pero su padre la reprendió, aunque ella se aferra a mí como una Coca-Cola en el desierto, aun con su desequilibrio y esperanza, ella sabe que entre los dos no habrá nada, no sé de donde saca tantas ilusiones vacías.

– hija, debemos irnos, él no te ama ¡POR FAVOR, ENTIÉNDELO! – Viktor está en la escena, tratando de que ella se vaya junto a él – esto traerá represalias, ¿Crees que te aceptara luego de mentirle? ¿Luego de que le hiciste la vida imposible por meses? ¿Casi lo llevas a un colapso? – él estaba furioso, menos que yo, pero furioso.

– Él me necesita, y comprenderá lo que hice – que ganas de gritarle que la quiero lejos, lo más lejos posible, con la rabia que me cargo le pondría un tiro.

No sabía bien que más había sucedido, tenía lagunas en mi cabeza, pero recordaba claramente cuando Milenka tomo el volante y me sonrió, esa oscuridad en sus ojos, y la locura que se cargaba, un escalofrío recorrió mi cuerpo. Entonces me di cuenta de que de a poco estaba volviéndome a sentir, ya podía dar vuelta la mano, pero mis ojos no se abrían.

De pronto, un aroma, ese aroma, es cálido, un beso en mi frente y sus pequeñas manos sobre la mía, era mi bella hechicera, la podía sentir, sabía que era ella, mis emociones me jugaban en contra, y odiaba no poder abrazarla, tocarla, sentirla y jurarle que todo iba a estar bien.

– Yo me haré cargo – susurro cerca de mi oído – Te amo. – escuche como daba instrucciones, me sentí orgulloso, pero se fue, entonces mi agonía volvía, me tranquilizaba saber que estaba bien y que no estaba odiándome o quemando la casa en donde estaban nuestros recuerdos.

Pero ella no era cualquier mujer, ella era la mujer que había elegido y jamás pensé que me había equivocado, eso no lo discutiría ni pondría en duda con nadie, Esmeralda es y será mi mujer.

Mis manos hormiguean, escuche al doctor dar informes, pero sentía que el tiempo no pasaba, estaba desorientado y odiándome a mí mismo, quería abrir mis ojos, pero no lo lograba, volvía en sí una y otra vez, pero ninguna de estas veces me había permitido moverme, notaba que sentía mi cuerpo, pero poco a poco iba volviéndome a dormir.

Me estaba volviendo loco, cuando la voz de Franko me volvió a la realidad, él hablaba con Esmeralda, le pedía disculpas por su perdida, ¿qué perdida? ¿Un bebe? ¿Nuestro bebe? La ira subía por mi cuerpo, escuche como él le explicaba que tenía un video del carro, ella no respondió asumo que estaba viendo las imágenes.

Quería decirle que estaba bien, que estaríamos bien, quería abrazarla y no dejar que ella se encargara de la situación, mis brazos hormigueaban, al igual que mis piernas, un sabor amargo en mi boca salió a relucir, trate de parpadear y luego de unos intentos la luz me cegó, escuche como mi bella esposa maldecía, pero no deje que terminara.

– Mi bella hechicera – solté, tratando de asomarme, pero ella llegó a mí antes de que pudiera seguir hablando – Perdón, – ella tomó mi rostro y me beso, me dolía el cuerpo, pero ella, ella era mi cura, ella era lo que necesitaba, la cubrí con mis brazos, y escondí mi rostro en su hombro.




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