Esos días que están guardados

Segunda parte

No sería la última vez que Tiaku verá a un Vrílima de nuevo; pero para eso deberán transcurrir muchos años. Ya para ese entonces él y los chicos se habían vuelto grandes amigos. Tanto Tiaku como Sauyel se dedicaron a trabajar en la agricultura, mientras que Teadir decidió ser curandera. Además, poseía una tienda donde vendía plantas medicinales. Contaba con muy buena reputación. Tiaku se volvió indiferente, distante; pero sin dejar de ser cálido. Se asemejaba un poco a su tío. Algo curioso, porque cuando era más joven solía reprocharle eso bastante y finalmente acabó adoptando
rasgos similares, probablemente debido a la crianza o la constante reiteración de Wuerdal de que mostrarse fuerte e inaccesible es el mejor método para evitar que las
decepciones te afectaran. Tiaku no se inclinaba precisamente por ese pensamiento; pero aprendió a respetar sus opiniones.Ya no lo criticaba por eso. Los dolores del pasado seguían pesándole, le era muy difícil superarlos. Ansiaba un cambio constantemente, que no veía llegar, por lo que decidió continuar con su vida como pudiera, buscando el alivio donde lo encontrara, aunque fuera efímero. También aconteció algo más. Su mente borró de forma repentina la manera para comunicarse con Nakyí. Se le había olvidado por completo y por más que tratara de recordar no podía. Quería hablar con ella otra vez, hacía mucho tiempo que no la veía. Recordaba que su último encuentro fue un día o dos después de la muerte de sus padres. Le hizo algunos comentarios un poco hirientes a Nakyí. Se arrepentía de haberla tratado así. Se sentía apenado y quería pedirle disculpas por dicha actitud; pero debido a su súbita pérdida de memoria eso no iba a ser posible. Tal vez si sus circunstancias cambiaran, quizás sí. El corazón de Tiaku estaba cerrado y carente de estímulos
profundos y significativos. Sauyel, por el contrario mantuvo su actitud relajada; pero irresponsable y Teadir volvió a ser feliz de nuevo, luego de superar la muerte de su madre. Eso sí, se volvió bastante realista y no concordaba con la poca seriedad y bjetividad de Sauyel, aunque eso a veces lo hiciera de cierta forma encantador. Seguir adelante la mantuvo motivada y enfocada en el futuro. Pensaba que eso era lo que le correspondía hacer. Otro modo no era factible. Tiaku y Teadir se aproximaron más de lo que imaginaron, se convirtieron en
amantes. Y si bien Teadir deseaba algo más que intimidad con él, Tiaku por el contrario no quería nada formal. Estaba enamorado de ella; pero no sabía cómo lidiar con lo que sentía ni tenía la fuerza de voluntad para hacerlo, por lo tanto
decidió ignorarlo. Tenía muchas cosas en la cabeza que no lo
dejaban avanzar ni abrirse a la luz. A veces usaba el sexo como escape
de su descontento, cosa que Teadir percibió un día cuando tuvieron un encuentro en su tienda.

—A veces parece que no estás —observó ella.

—¿Qué?

—Eso, estás como distraído, como si no estuvieras aquí.

—No sé a qué te refieres.

—Sí lo sabes.

—De verdad no sé a qué te refieres.

—Siempre pensando ¿todavía estás triste por el asunto de tus
padres?

—Bueno, son mis padres, es normal sentirse triste.

—Sí, es normal; pero han pasado muchos años, debes superarlo.

—Te refieres a olvidar ¿no?

—No, olvidar no. Yo por ejemplo no he olvidado a mi madre, nunca lo haré, es muy importante para mi. Aún la recuerdo y la seguiré recordando siempre; pero sané y lo superé, cosa que no has logrado tú.

—Ya y debería porque lo dices tú ¿no?

—No es porque lo diga yo, es porque eso te hará sentir mejor.

—Sé que te preocupas por mí —admitió.

—Déjame ayudarte.

Creo que debo ayudarme a mí mismo. Quiero hacerlo solo. Teadir negó con la cabeza.

—A veces siento que…tú estás conmigo para huir del dolor ¿Soy una especie de salida para ti?

—¿Salida? No, estoy contigo porque me gustas, no porque quiera huir de algo.

—No es lo que me parece. Debes hacer algo al respecto. Eso te está afectando la vida, aunque no lo quieras reconocer.

—Yo reconozco que estoy triste, reconozco que he estado triste; pero que mi vida esté arruinada por eso, no lo creo.

—Bueno…

—Tú dices todo eso porque quieres desesperadamente ser mi novia y yo no quiero.

Teadir lo miró con detenimiento. Se sintió algo avergonzada. Ella no quería parecer necesitada, aunque lo estuviera. No quería dar la impresión de que estaba mendigando su amor.

—Disculpa, eso no fue lo que quise decir.

—Pero lo dijiste. Tiaku, te digo esto porque encima de todo somos amigos y deseo lo mejor para ti.

—Ya sé eso. Tengo que irme a trabajar ¿Luego te veo?

—Estoy ocupada el resto del día, mañana nos vemos.

—¿Estás molesta?

—No; es solo que a veces eres tan frío, no me gusta eso.

—Tú me gustas mucho, por favor ten paciencia conmigo.

—La verdad es que te amo —. Le confesó tras una pausa.

Ella lo miró directo a los ojos, aguardando que dijera lo mismo;
pero solo la besó en los labios. Eso el dolió. Sus esperanzas
tambalearon una vez más. Se sentía bien a su lado; pero eso
no era suficiente, necesitaba más, y ese «más» Tiaku no se lo daría, porque tenía esta enorme barrera irrompible a su alrededor que lo aprisionaba y lo asfixiaba. Ya llevaban un tiempo juntos y ella no veía ningún avance. Estaban
estancados de alguna manera. Ella ya se sentía sin fuerzas. Estaba cansada de luchar por los dos sola. Al llegar al trabajo, Tiaku fue testigo una vez más de como su jefe regañaba a Sauyel por su tercera tardanza. Se justificó diciendo que le dolía el estómago; pero realmente se había quedado dormido por su noche incesante de apuestas y despilfarro de dinero;
que no era mucho, por cierto. Más de una vez Tiaku le advirtió que lo podían despedir si continuaba incumpliendo sus horarios; pero Sauyel como siempre le decía con toda su actitud vivaracha y jovial que no se preocupara tanto, que quiera más y que alegrara su cara larga y amargada. Las jornadas
detrabajo en el campo eran agotadoras y extensas. Diez horas
bajo el sol; pero al menos tenían la comida garantizada. Todos los días al concluir el trabajo, se llevaban una bolsa bien surtida. Al día siguiente por la noche los tres fueron a una taberna. El lugar tenía un aspecto rústico y olía a humedad.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.