Esos días que están guardados

Cuarta parte

La vida se interpone cada vez que le place; pero la gente a veces se aferra a la idea de que cada una de sus inesperadas intervenciones son suplicios que hay que experimentar. No siempre es así y no siempre es con la intención de convertir la existencia de alguien en un atolladero. Tiaku pensaba a veces
lo contrario. La vida le había dado motivos para eso y parecía no cansarse de fastidiar.

—Reina Liemy ¿cómo está? No la había visto en toda la mañana —. La saludó al salir de una reunión en la tarde del día después.

—Muy bien ¿y tú?

—Bien también.

—Estaba un tanto ocupada con los estudios de Pádil. Un hijo es…bueno, complicado a veces.

—Una complicación que muchos no conocerán —reflexionó Tiaku.

—Sí, no todo el mundo está dispuesto a enfrentarse a un desafío así. A propósito, acaba de llegar el hechicero de apoyo, está abajo.

—¿Ya llegó? Voy a darle la bienvenida, con permiso.

—Es tuyo.

Vaya sorpresa cuando llegó a la entrada y vio que el hechicero era alguien muy parecido a…¿Sauyel? No, era Sauyel. Más maduro y adulto; pero era él.

—¿…Tú aquí?

—Yo mismo, hola, ha pasado tiempo.

—¿Tú eres el colaborador?

—Escucha, no quiero crear líos ¿está bien? y mucho menos
después de tantos años ¿podemos hablar?

Tiaku lo miró molesto; pero accedió. Los dos fueron a conversar a una de las salas del castillo.

—¿Qué estás haciendo aquí? ¿Puedo saber?

—No fue mi idea, fue de Teadir.

—Podías haber dicho que no ¿O es que Yemakel no te resultó?

—Sí, si me resultó y mucho; pero Teadir quiso volver a Marfét.

No quería venir; pero ella insistió tanto pero tanto que terminé aceptando.

—Sí; pero sucede que yo soy el Hechicero Real y en lo que respecta a los asuntos de magia, aquí mando yo. No voy a dejar que me eclipses.

—No me hace falta hacer eso. Mis habilidades hablarán por sí solas. No eres el único que tiene un trabajo importante, yo también. Soy el encargado de los proyectos asociados a las artes mágicas en Yemakel. No estoy tratando ni de ocupar ni de robar tu lugar. Creí que con el tiempo podrías perdonarme; pero ya veo que sigues igual de resentido. Ya han pasado casi
veinte años desde la última vez que nos vimos. ¿No te parece que ya es hora de superar las cosas de una vez por todas?

—Eso está más que superado.

—Es todo lo contrario, si somos sinceros.

—Mira, no me agrada nada que estés aquí. Si fuera por mi te
expulsaría de aquí inmediatamente; pero eso no es profesional; de más está decir que preferiría mil veces cualquier otro antes que tú.

—Lo sé y de nuevo, lo siento mucho. Ni Teadir ni yo tuvimos nunca la intención de lastimarte.

—Pero lo hicieron. Escucha, eso es pasado, no tengo tiempo para estupideces. Si vamos a trabajar juntos que sea dentro de la mayor tranquilidad posible ¿ok? Enfócate en las labores que te correspondan y habla conmigo lo menos posible.

—¿Ahora vas a fingir que somos unos extraños?

—Qué más quisiera yo; pero no, eso solo provocaría más drama. Yo aquí no hablo de mis cuestiones personales. No ocultaré que te conozco; pero los detalles del porqué de nuestra antipatía no es asunto de nadie.

—Nuestra no, la antipatía es de parte tuya, no mía.

—Como sea. A nadie le interesa eso, así que sin comentarios,
por favor. Sé profesional.

—Eso está de más que lo digas, yo sé muy bien como serlo.

Cambié mucho después que me marché a Yemakel.

—Sí, lo que tú digas. Sígueme, te presentaré al rey y la reina.

Esa noche antes de dormir Tiaku pensaba nuevamente en la
posibilidad de existencia de otros mundos más allá de Vrímyol, mundos sin magia. Tenía la teoría parcialmente creada. Ese
pensamiento rondaba en su cabeza desde hace años. Nunca le contó de esto a nadie hasta que comenzó el proceso de colaboración. Tiaku quería lograr lo imposible. No por una cuestión de volverse más popular y reconocido, sino por
llevar al mundo mágico a sitios inimaginables, siempre yendo
hacia adelante, hacia donde hay más claridad. Unos meses más
tarde se arriesgó y dio un paso más allá. Hizo un primer experimento en su oficina, en absoluto silencio, sin que nadie supiera. La oficina de Sauyel estaba justo al lado. De pronto este sintió un temblor proveniente del puesto de trabajo de
Tiaku y se dirigió ahí rápidamente. Cuando abrió la puerta vio a Tiaku siendo casi succionado por un portal creado a partir de llevar a los Los diez destellos Nuóhs al límite.

—¡Tiaku! ¿Qué haces? ¡Espera…!

El portal acabó por tragarse a Tiaku. La voz de Sauyel se sentía
cada vez más lejana. Tiaku comenzó a aturdirse mientras
atravesaba el túnel luminoso. Todo daba vueltas y vueltas en su cabeza, una y otra vez. De pronto se abrió un hoyo donde se proyectaba una imagen un poco borrosa de enfrentamientos armados y personas corriendo con desesperación y miedo en un sitio que no parecía pertenecer a Vrímyol. Todo se veía muy diferente, nada similar a lo que estaba acostumbrado a ver. Todo se tornó gris y se hizo cada vez más oscuro. Esa oscuridad en términos de magia se traducía en algo o alguien
que poseía poca o cero actividad mágica. Los diez destellos Nuóhs podían mostrarle eso. Aquello lo dejó estupefacto, no esperaba algo así. Trató de acercarse más para pasar al otro lado; pero cuando estaba casi a punto de asomar la cabeza los destellos le rodearon el cuello y lo apretujaron. El hueco se cerró y Tiaku comenzó a hiperventilar porque le costaba mucho respirar. Se estaba quedando sin aire. Sus propios poderes le estaban jugando una mala pasada. Estaban teniendo efectos contraproducentes. Ese es el lado oscuro de la magia; puede salvarte o hundirte en dependencia para que la utilices. Esta es libre, sin freno, tiene vida propia. Sauyel logró mantener el portal abierto mientras pronunciaba con fuerza
Sustinar le entruede tanto como pudo y entró. Vio a Tiaku y en
la situación en la que se encontraba e invocó un hechizo para poder traerlo de vuelta. Los destellos lo liberaron; pero esto hizo que perdiera el conocimiento y que casi muriera. Su corazón apenas latía. Sauyel y Tiaku salieron despedidos
abruptamente del interior del portal y ambos chocaron con un estante. Sauyel al reaccionar colocó a Tiaku en el suelo. Vio que apenas respiraba y se preocupó muchísimo, estaba muy asustado. No quería que Tiaku muriera. Invocó un conjuro para revivirlo y este por suerte dio resultado, luego de repetidos intentos. Tiaku abrió los ojos y comenzó a toser
violentamente, como si fuera a escupir sus entrañas. Se incorporó con lentitud y se sentó en el suelo. Miró a Sauyel con expresión de
susto, alivio y tanto agradecimiento que hasta él mismo se sorprendió muchísimo de su reacción.




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