Esos gemelos son míos

Capítulo 2: Ya no eres suya

Liv

Embarazo, esa palabra se repite en mi cabeza mientras voy en el auto camino a casa. Ya tengo el divorcio en mi mano, fue más fácil de lo que pensé conseguirlo y debo admitir que mis padres me ayudaron. Claramente, me convertí en la víctima cuando les dije que había encontrado a mi esposo en la cama con otra mujer y que esta era su gran amiga de la infancia, bufo, amiga los grandes cuernos que me ponían y ni siquiera quiero imaginarme eso. El auto se detiene y me tenso cuando al mirar por la ventanilla veo ahí a Leandro, sentado frente a la puerta en los escalones y mi corazón comienza a golpear con furia en mi pecho. ¡Diablos! ¿Cómo demonios supo que volvía hoy al país?

—Liv —dice al verme bajar poniéndose de pie —amor —se acerca a mí, pero tan rápido como lo hace es mi mano que impacta en su mejilla dejándolo desconcertado.

—No sé cómo tienes cara de venir a verme Leo —mascullo con rabia y él mira mis ojos, veo el dolor en los suyos y dejo de mirarlo sintiendo vergüenza, mi peor error fue haber ido a ese club y pienso morir con ese secreto.

—Te di tiempo Liv y te di el divorcio —intento pasar por su lado, pero él me toma de los brazos.

—Suéltame.

—Pero solo lo hice para que volvieras —sigue suplicando sin soltarme —Liv no sé que pasó esa noche, estaba ebrio sí, pero te juro que colocaron algo en mi bebida y —comienzo a reír negando con la cabeza y logro safarme de su agarre, al mirar sus ojos las lágrimas que veo en estos me dejan sin habla —Yo te amo maldita sea —Leandro cae arrodillado ante mí y sí, dije que no lo perdonaría ni aunque lo viera así, pero la imagen impacta mi cabeza y acelera mis latidos.

—Estás diciendo que no te acostabas con ella antes de

—¿Qué? No —me mira horrorizado —ella solo ha sido mi amiga, te lo juro, toda mi familia puede hablarte sobre eso, hasta mi hermano —la mención de este me tensa y sus palabras de esa noche llegan a mi mente, me dijo que Leandro siempre había sido un infiel, pero ahora Leo dice…

—Pero te acostaste con ella —suelto mirando sus ojos de los cuales salen las lágrimas.

—Ya te dije, bebí, pero también pusieron algo en mi bebida Liv, no recuerdo prácticamente nada, recuerdo besos sí, pero te recuerdo también a ti —doy un paso atrás —pensaba que eras tú —añade y mi garganta se cierra cuando mis ojos se llenan de lágrimas, Leandro habla de una trampa y mi mente trabaja como si esto fuera una maldita novela, una de esas que mi madre ve. Nunca me ha gustado la mirada de Liam hacia mí y más de una vez se lo dije a Leo, ese día fue él quien me dijo en donde Leandro estaba, ese día él estaba ahí, ese día él me siguió hasta el club, ese día…

—Liv —Leandro me llama, pero sintiéndome realmente mareada camino hacia la casa, no puedo perdonar a Leo, no porque quizás se halla acostado con su mejor amiga, sino porque estoy embarazada y no sé si este bebé es de él… justo cuando la puerta de la casa se abre que veo a mi madre caigo al suelo desplomada.

Me muevo inquieta en la cama sintiendo las caricias en mi rostro y un nombre escapa de mis labios en un susurro hasta que siento la cama hundirse a mi lado asegurándome que no estoy soñando.

—¿En serio sueñas con ese imbécil? —la voz me hace abrir los ojos de golpe para toparme con su intensa mirada y trago en seco sin poder moverme.

—¿Qué demonios haces aquí? —intento levantarme, pero él me toma de los hombros dejándome acostada sobre la cama y se inclina más hacia mí.

—Digamos que tus padres no dejaron entrar a tu exesposo a la casa luego de desmayarte y mi hermanito me pidió venir a verte para saber como estabas —él sonríe, el muy cínico sonríe e intento empujarlo.

—Suéltame Liam.

—¿Por qué? —toma mis manos sin delicadeza y las coloca sobre mi cabeza haciéndome apretar los dientes —hace un mes te gustaba estar así debajo de mí —sonríe el maldito.

—Suéltame —pido, pero acerca su boca a mi cuello y siento que pierdo las fuerzas para luchar.

—Te eché de menos preciosa —susurra en mi oído y mi corazón sigue agitado, pero esta vez por cosas distintas, todo mi cuerpo actúa en mi contra y cuando Liam me besa en la boca simplemente me es imposible poner resistencia hasta que lo recuerdo, esto está mal y además recuerdo lo que cargo en mi vientre, el secreto de mi vida y cuando él suelta mis manos lo empujo con fuerza al mismo tiempo que le doy una patada haciendo que caiga a mi lado. Liam maldice y salgo rápido de la cama.

—Lo que pasó hace un mes no volverá a ocurrir —lo señalo, pero este solo ríe —¡soy la esposa de tu hermano! —mis palabras acaban con su risa y me mira sentado en mi cama con el odio bailando en sus ojos.

—Tengo entendido que ya no.

—Eso no significa nada, sigues siendo su hermano, ¿acaso no te importa eso? —él no responde y bufo, claro, siempre ha sido la oveja negra, el chico con problemas de conducta, el irresponsable que no obedece a sus padres y el mujeriego que al parecer deseaba a la esposa de su hermano.

—Liv, Liv —suspira saliendo de la cama y retrocedo —¿ahora me tienes miedo? —se detiene mirando mis ojos y lo veo temblar de rabia —¿Quieres que responda tu pregunta? —me mira serio —estás en mi cabeza desde el primer día en que te vi, éramos niños —medio sonríe —y nada cambió cuando mi hermano te presentó ante todos, bueno, algo cambió —respira hondo —comencé a odiar la suerte de este con todas mis fuerzas —sus palabras solo me causan más miedo.

—Me llevaste al apartamento de Leandro sabiendo que él estaba ahí con ella —murmuro y no dice nada, pero veo la respuesta en su mirada —tu hermano habla de una trampa —me armo de valentía y me acerco a él que está quieto —dime la maldita verdad por una vez Liam, sin juegos —miro directo a sus ojos —Leandro me era infiel o

—Él se acostó con ella —suelta como si nada —¿quieres la verdad Liv? —asiento sin dejar de mirarlo —Sí, luego de la discusión de ustedes vi el momento perfecto —sonríe —yo mismo lo llevé a su apartamento, yo mismo compré todas las botellas y él solo se emborrachó mientras me hablaba sobre ti, sobre nuestra madre y sobre sus peleas, yo mismo llamé a su mejor amiga para que le consolara, pero —ríe —no le obligué a acostarse con ella —abre sus brazos con cinismo y mi mano impacta en su rostro con fuerza, el silencio que sigue es tenso cuando Liam toca su mejilla con rabia y luego mira mis ojos.




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