Esos gemelos son míos

Capítulo 4: Solo te quiero a ti

Liv

Sonrío cuando acabo de hablar por teléfono con la niñera de mis pequeños que ha salido con estos y miro todas las fotos que tengo sobre mi mesa. Luego paso las manos por mi rostro sintiéndome demasiado cansada, pero el trabajo nunca acaba y la verdad, agradezco eso, aun así, no quita que me sienta mal por tener que trabajar demasiado, al menos hacer lo que hago me gusta y cuando la puerta de mi oficina se abre miro hacia esta viendo a mi secretaria que entra y tiene las mejillas rojas y una sonrisa estúpida en su boca.

—Amiga, amiga —habla bajo acercándose a mí —fuera hay un sujeto vestido de negro y parece sacado de una maldita película —ruedo los ojos, ella se enamora demasiado fácil.

—Amelia por dios.

—Te lo juro, es un dios griego, debe ser Zeus o hércules o yo que sé, el dios del infierno porque te tienta a pecar dios mío —se echa aire con su mano y la miro como si estuviera loca y de cierta forma, algún cable le falta.

—¿Y qué quiere? —bufa.

—ah si —vira los ojos con molestia —está sacado de una revista, echo con inteligencia artificial quizás porque es perfecto, pero el extremadamente guapo viene por una boda —sonrío viendo que está molesta.

—Pues sácale una cita Amelia, hoy no puedo atenderle

—Es insistente.

—En media hora veré a una pareja, no puedo atenderle hoy, dile que mañana, sácale un horario cualquiera.

—El que no es cualquiera es él —la miro mal cansada ya —no lo digo por lo guapo, amiga, sino porque dice que necesita verte ahora y que no se irá, dice que necesita la boda perfecta para dentro de pocos días y quiere que seas tú quien prepare esta —alzo una ceja —además, por el reloj, el traje y el maldito auto en el que llegó creo que debe ser alguien importante, se nota que en su casa los árboles en vez de hojas tienen billetes —rio sin poder aguantarlo más.

—Diez minutos, dile que solo eso tendrá para que explique lo que quiere para su boda —ella asiente rápido, va hacia la puerta, pero se detiene y me mira.

—Es una lástima, siempre los mejores están tomados y él parece muy enamorado, ni siquiera me miró los senos y eso que

—Amelia —gruño y rápido sale, yo tomo asiento volviendo la mirada a mi mesa y decido organizarla un poco, pero una de las fotos cae al suelo y me agacho a recogerla, lo primero que veo son los zapatos, negros, brillantes y caros y luego siento el perfume, masculino, delicioso y de esos que te hacen delirar.

—Diez minutos es más que suficiente —la voz me tensa por completo, podría reconocerla incluso estando debajo del mar —para mi boda solo te quiero a ti —mi corazón se acelera, en un segundo comienza a batallar con furia en mi pecho como si quisiera salirse y darle la bienvenida. Lentamente, levanto mi cabeza rogándole a dios que no sea quien creo y que solo sea una voz parecida, pero mis oraciones no llegan lejos porque me topo con su intensa mirada, unos ojos verdes que parecen leer mis pensamientos y una sonrisa que da miedo, una sonrisa sexy, pero que a mí me aterra.

—Liam —el nombre escapa de mi boca en un susurro y los recuerdos me atacan dejando mi garganta seca, me pongo de pie cuando da un paso hacia mí y sigo perdida en su mirada. Hace cinco años prometió encontrarme y pensé que ya no lo haría, que se había olvidado, que como todos había hecho su vida, pero me equivoqué, comencé mi vida aquí pensando que ya no me hallaría y aquí está, el villano de la historia me ha encontrado y ahora solo quiero salir corriendo y huir como en el pasado.

—Cinco años —susurra acercándose y cada paso que da me anima a dar uno a mí, pero hacia atrás —te ves igual que antes —sonríe, esa sonrisa provoca que toda mi piel se erice.

—Podría decir lo mismo —suelto sin querer bajar la cabeza ante él, porque no quiero que note mi miedo.

—Te ganas la vida preparando bodas —asiento.

—¿Entonces es una casualidad que estés aquí? —lanzo una piedra —¿encontraste a la mujer que amas y vas a casarte? —pregunto necesitando que diga que sí, pero él ríe, el infeliz solo se echa a reír como si nada.

—La encontré, sí —sus palabras me hacen tensar mi mandíbula y cuando doy un paso atrás choco contra la maldita ventana de cristal y Liam sigue con sus pasos lentos como un depredador que está a punto de lanzarse hacia su presa, solo que se detiene y entonces mira mi mesa, Liam toma la foto enmarcada que descansaba en esta y me tenso por completo, en la foto solo están mis dos pequeños.

—Los niños son

—Míos —no dejo que acabe de hablar y me mira —son mis hijos Liam —asiente y algo me dice que eso ya lo sabía.

—Eso es claro —sonríe ladeando el rostro —pero el padre

—Vete —no sé de donde saco el valor, pero me acerco —lárgate de aquí —le arrebato la foto con furia —no quiero verte —miro sus ojos —no sé qué demonios haces aquí, pero tú planeaste todo, tú querías que me divorciara de tu hermano y por tu culpa estoy lejos de mi familia —mascullo —esta es mi nueva vida y no te quiero en ella Liam —gruño sintiendo que mi corazón se saldrá en cualquier momento.

—¿Entonces aún te arrepientes por el pasado? —suspira —Leandro

—Lárgate —señalo la puerta —Leandro es mejor que tú da igual lo que haya hecho —mis palabras hacen que se tense y veo como aprieta su mandíbula, sé que he enojado a la bestia e intento retroceder, pero él agarra con fuerza mi brazo.

—¿Sabes qué pasó Liv? —sonríe acercándose más a mí —Que tú te fuiste y Leandro se desmoronó como un idiota, tú te fuiste y yo te busqué por todos lados como un desquiciado —suelta cargado de rabia —tú te fuiste y Leo se casó con su mejor amiga, sí —sonríe viendo mi desconcierto —esa que encontraste en su cama. Tú te fuiste y yo no he podido estar con ninguna otra mujer porque solo he podido pensar en ti maldita sea —me zafo de su agarre.

—Estás loco —me alejo sin creer que sea cierto, pero en sus ojos parece sincero —estás demente.

—Yo te amo —niego rápido aunque sus palabras solo revolucionan mi traicionero cuerpo.




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