Liam
Sentirla nuevamente después de tantos años hace que todo mi cuerpo despierte justo como no lo hacía desde que ella se fue. Y aunque lo niegue, aunque sus palabras duelan y aunque ahora me mire con temor y rabia sé que su cuerpo siente justo lo mismo que yo. El problema, el único problema es que ella solo siente deseo hacia mí mientras que yo la amo, diga lo que diga la amo, la amo de la única forma que sé hacerlo aunque ella no entienda eso y sé que con el tiempo y con mi amor podré lograr que Liv sienta lo mismo que yo.
—Eres un enfermo —suelta sin saber todo el daño que hace a mi corazón —¿crees que te quiero cerca de mis hijos? —ella se aleja y suelto su brazo sin poder seguir tocándola porque sus palabras duelen más que todas las heridas físicas que he tenido —ya te dije, no son tuyos Liam y si quieres confirmación hagamos una prueba de ADN —un nudo se forma en mi garganta mirando sus ojos.
—Liv
—Vete o llamaré a la policía —habla alejándose más de mí y respiro hondo a punto de perder la paciencia, he pasado cinco años buscándola sin descanso y ella solo intenta con sus palabras acabar con mi vida.
—No lo hagas más difícil por favor, llevo cinco años buscándote —sonrío un poco —estoy como loco, no he dormido, no he comido casi y solo he bebido alcohol mientras pensaba en ti, así que estoy mal amor —doy un paso, pero me detengo al verla tensa —y no quiero hacer o decirte algo que luego te dañe o yo mismo acabaría conmigo —niega con la cabeza.
—¿No te escuchas? Estás enfermo.
—Enfermo por ti Liv —gruño incómodo con todo esto —volvamos a nuestro país, ahí prepararás nuestra boda y
—No voy a ir a ningún lado contigo y jamás, escúchame, jamás me casaría contigo —deja claro y solo me enoja aún más porque en estos cinco años he cambiado, ya no tengo la paciencia de antes.
—Puedo llevarte por las malas. —mascullo y me arrepiento en cuanto mis palabras salen aunque ya no puedo retirarlas.
—¿Y así pretendes conseguir algo? —me mira incrédula —Mis hijos te odiarían desde el primer instante si ven que me tratas mal y si me ven llorando y eso haré porque jamás voy a fingir que siento algo por ti.
—Por dios Liv, me lo pones difícil —ella ríe.
—Lárgate, o llamaré a la policía.
—Bien —asiento aunque no por miedo a lo que dice, miedo a lo que puedo hacer —me iré, pero te aseguro que serás tú quien venga a buscarme —miro sus ojos.
—Tu locura hace que delires.
—Me dices enfermo, pero ¿que eres tú entonces cuando te toco y sientes lo mismo que yo? —ella se tensa demostrando que estoy en lo cierto —Estás tan demente como yo y sí, quizás soy el malo, el villano, el monstruo, la bestia y quizás Leandro es el bueno, el príncipe azul, el hombre perfecto, pero él —sonrío triste —él jamás se pasaría cinco años buscándote, pensándote, soñando contigo. Yo te amo desde que éramos chicos —su mirada cambia aunque no logro descifrarla —yo soy capaz de acabar con todos por ti y por los gemelos, soy capaz de destruir el mundo, pero jamás te haría daño, jamás te tocaría si te niegas a ello así que me iré Liv, para que pienses bien y tienes —respiro hondo —tienes una hora para decidir si vienes conmigo por las buenas o por las malas.
—¿Por las malas? Acabas de decir que
—Jamás te haré daño y jamás te tocaré si no quieres —repito seguro de eso porque antes me corto ambas manos —tienes una hora, tengo otras formas de hacer que vengas a mi Liv.
—En tus sueños quizás lo hago. —Sonrío con sus palabras perdido en sus hermosos ojos negros, unos que adoro.
—Ve pensando como quieres la boda de tus sueños —su mandíbula se tensa —porque vas a tener una, una de verdad, no como la que tuviste antes, una donde te cases con alguien que si te ama y que jamás te sería infiel —ella niega.
—Yo no te amo Liam, así que vete, encuentra a alguien que te ame —levanta su rostro un poco más desafiándome —yo solo te desprecio, odio todo lo que eres, y te odio aún más cuando pienso en el pasado donde planeaste todo contra tu hermano —sus palabras no son nada comparadas al dolor en mi pecho porque con ellas literalmente siento que mi corazón se rompe. Sin decir nada solo me doy la vuelta y voy hacia la puerta. No he pasado cinco años buscándola en vano, yo no puedo vivir sin ella y menos sabiendo que tiene dos pequeños que son míos, míos aunque ella lo niegue. Eso puedo sentirlo.
Entro al auto y sin poder controlar mi mal genio lanzo con rabia la puerta. Santiago me mira a través del espejo y debo contar hasta mil para no volver a ese local, echarla sobre mis hombros y sacarla para llevarla conmigo.
—Déjame adivinar —miro a mi amigo —te echó a patadas. ¿Qué harás ahora? —respiro hondo, él al igual que ella al parecer no entienden que no me rindo.
—Le di una hora —miro el reloj —pero olvidemos eso, le he dado cinco años y nunca regresó así que llevaremos a cabo el plan b —suelto mirando por la ventanilla dando un suspiro.
—¿Hay plan b? —mi amigo, socio y mano derecha me mira con una ceja alzada y solo sonrío.
—Los niños —menciono con simpleza —no la tocaré, no la dañaré, ella vendrá hacia mí y se casará conmigo.
—Liam
—Ese es el plan así que arranca —ordeno sin mirarlo.
—Solo quería decirte que han estado llamando, el abogado de tu padre
—Arranca —pido sin querer escucharlo —ahora Liv es lo más importante —él obedece y respiro hondo, sé de sobra lo que mi padre quiere, él piensa que me he vuelto loco y busca formas de presionarme, quizás ahora enviará a su abogado a decirme que me ha desheredado, pero su dinero poco me importa, si es por mí, Leandro puede quedarse con este, eso siempre ha querido.
El auto se detiene y Santiago baja de este, yo sonrío al hacerlo y mi mirada va enseguida al lugar en donde ellos están, ya el parque está rodeado por mis hombres y mis manos tiemblan mientras me acerco con la mirada fija en los dos pequeños que están sentados en un banco cada uno con un helado en sus manos, mi sonrisa se pega en mi rostro y mis ojos se humedecen sintiendo el ritmo de mi corazón acelerado al máximo. Son pequeños, están vestidos iguales aunque uno es algo más delgado que el otro, tienen el cabello negro y este cae en sus frentes, no sé sus nombres y me encantaría saberlos. Cuando Santiago que está al lado de la niñera asiente entones me acerco más a ellos.