Liam
Tomo asiento en el gran sofá mirando directamente hacia la puerta y observo el reloj, sé que faltan pocos minutos para que ella entre por esa puerta, le dije que sería ella quien vendría hacia mí y no me creyó. Suspiro odiando lo que estoy haciendo, pero es la única forma de tenerla conmigo, sí, es cruel, pero ella no me dejó otro remedio, pudo aceptar desde un principio lo que siente en vez de negarse a ello, pudo quedarse y afrontar su error, pero decidió marcharse sola a criar dos niños sin padre cuando podía contar conmigo. Levanto la mirada cuando la puerta se abre de golpe y cuando su mirada se encuentra con la mía me pongo de pie, veo las lágrimas en sus ojos y eso me mata, doy un paso hacia ella, pero se acerca y lo primero que hace es darme una bofetada.
—¿Dónde están Liam? —su voz sale quebrada —dime donde están maldita sea, maldito enfermo —golpea mi pecho —eres un infeliz —sujeto sus muñecas impidiendo que me siga golpeando, ver sus lágrimas es peor que todas sus palabras juntas y duele.
—Tranquila —murmuro acercándola más a mí —están durmiendo, tranquila —Liv se echa a llorar soltándose de mí con brusquedad.
—Por dios estás demente —observa la casa —quiero verlos ahora, quiero ver a mis hijos ahora y
—Jamás les haría daño, son mis hijos.
—No, no lo son —masculla mirando mis ojos —hagamos una prueba de ADN y me dejarás en paz —un nudo se forma en mi garganta.
—¿Prefieres que sean hijos de un infiel?
—Prefiero que no sean hijos de un enfermo como tú —aprieto los dientes —quiero ver a mis hijos ahora.
—Los verás cuando firmes ese papel, nuestro matrimonio —señalo el papel sobre la mesa y ella mira hacia ahí —lo lamento mucho Liv, pero tú serás mi esposa, luego haremos la boda como quieras, pero ahora no te dejaré ir —la veo apretar sus puños.
—Puedo ir a la policía y
—¿Y qué crees que harán Liv? —sonrío —tengo el poder, el dinero, todo, nadie vendrá a esta casa y tú no saldrás más de ella —se tensa —firma y verás a los gemelos, pero cuando los veas hablaremos con ellos, les dirás que a partir de ahora viviremos aquí, y que soy
—¿Que eres su padre? —ella ríe —No voy a decirlo hasta no tener constancia de ello —tenso mi mandíbula.
—Entonces haremos la maldita prueba de ADN —suelto aunque eso es lo que menos deseo hacer.
—Si —ella asiente y mira el papel —¿quieres que firme? —va hacia este y toma el bolígrafo, sus manos tiemblan y es rápida —Ya está, firmé —mira mis ojos —ahora ¿dónde están mis hijos?
—No leíste, deberías leer antes lo que firmas.
—Firmaría mi maldita sentencia de muerte por mis hijos Liam —masculla dando un paso hacia mí —pero tú no entiendes de eso.
—Los amo como tú lo haces —Liv suelta una carcajada que me enfurece y ella lo sabe.
—Ni siquiera los conoces.
—Eso es gracias a ti Liv —gruño acercándome.
—Eso es gracias a que tuve que huir por tu culpa —mira mis ojos y me congelo en mi sitio —me acosté contigo estando casada con tu hermano, iba a ser la vergüenza de la familia —sus lágrimas salen y duele —habría arruinado la vida de mis padres por mi error, Leandro se lo merecía —asiente —pero ellos no —deja claro con sus palabras que solo se arrepiente de haber estado conmigo por sus padres y no por Leo.
—No te obligué a acostarte conmigo —ella sonríe débilmente.
—No, no lo hiciste.
—Lo quisiste.
—¿Quieres la verdad Liam? —se acerca más —Si, lo quise, lo deseaba —mira mis ojos —odiaba que vivieras bajo el mismo techo porque odiaba tu mirada, la odiaba porque me hacía sentir deseada y me gustaba —habla y parece sincera, incluso logra que mi corazón se acelere al máximo —soy una infiel, soy horrible porque dormía con Leandro y más de una vez pensaba en ti antes de dormir.
—Eso no te hace horrible —llevo mis manos a su rostro sin poder aguantarlo —eres humana.
—Pero no te amo —dice mirando mis ojos queriendo que me quede claro pero eso lo sé.
—Aún no —sonrío.
—¿Pretendes ahora qué? —pregunta mientras paso mis dedos con cuidado por sus mejillas limpiando sus lágrimas —¿Que volvamos a Estados Unidos para restregar en la cara de Leandro que ahora estoy casada contigo? —respiro hondo, ella aún no entiende nada.
—¿Crees que todo esto lo hago por Leo? —asiente —¿De verdad piensas que nos iremos a Estados Unidos y me arriesgaré a que él te vea? —sus ojos se muestran confundidos —¿Piensas que me hará feliz arruinar tu reputación frente a tu familia? ¿Crees que elegí amarte? —se estremece y puedo sentirlo —Yo te amé desde el principio y me aguanté cuando te hiciste novia de él por respeto Liv —acerco más mi rostro al suyo —luego si, según Leo le tendí una trampa, pero él ya te era infiel y solo quería que lo vieras —me acerco a sus labios queriendo besarla —Leandro no es como piensas —rozo su boca y siento que moriré aquí mismo, pero el beso ni siquiera comienza porque Liv baja un poco la cabeza.
—Quiero ver a mis hijos —pide y respiro hondo antes de quitar mis manos de su rostro.
—A la derecha luego de subir las escaleras, segunda puerta —ella no espera más y sale corriendo de forma rápida, yo paso las manos por mi rostro con frustración, soy un monstruo, así me siento al hacerla llorar y voy hasta mi sillón pensando en ella, sus labios, sus ojos. Mi teléfono suena, pero lo ignoro y me pongo de pie, camino hacia esa habitación en donde están los gemelos y al llegar la escucho decirles lo mucho que los ama y veo como se abrazan, aunque los niños están un poco dormidos, estaban cansados y ni siquiera quisieron jugar, sonrío un poco, Liv besa sus cabezas diciéndoles que duerman luego de haber visto que estaban bien y entonces se acerca a mí.
—Quiero que hagas la prueba —muestra la palma de su mano en donde hay dos cabellos de los gemelos y me tenso —dijiste que la harías —agrega y asiento, a ella no podría mentirle —y la harás ahora Liam, sabremos el resultado y luego veremos que hacemos —tomo los cabellos, mis manos tiemblan y sigo mirando sus ojos, haré la prueba, la maldita prueba a la que le tengo miedo.