Espada de Naciones

Capitulo 3

Fuimos caminando el capitán junto a su caballo y yo por la ciudad, destruida en llamas. Ya estaba destruida y vienen a dejarla peor de como estaba; es increíble.

—Dime, chico, ¿tienes rencor por esto? —pregunta el capitán. —Más que rencor, siento nostalgia. —Dije con calma. —Oh, qué bueno. Estaba seguro de que me odiarías por quemar tu hogar. —Dijo el capitán. —¿Hogar? Ahora ya no es mi hogar. —Respondí con voz melancolica.

El capitán no dijo una sola palabra y siguió caminando junto conmigo. Creándose un ambiente muy incómodo. En el camino nos encontramos con un soldado de Berlín.

—Capitán. —Dijo soldado sofocado por correr. —Sí, dígame, soldado. —Las tropas están siendo aniquiladas. —Dijo el soldado. —¿Cómo dices? —dijo el capitán con asombro. —Los soldados de Orphen son muy fuertes. —Dijo el soldado. —El capitán se sube a su caballo. —Iré a ayudarlos ahora mismo. Mientras, pon a salvo a este niño. —Dice el capitán mientras se dirige al campo de batalla. —Pero ¿quién es este niño? —gritó el soldado. —Solo obedece. —Gritó el capitán. —Como diga, capitán. —Dijo el soldado mientras se ponía en posición firme. —El soldado me miró. —Bueno, chico, sígueme por aquí. —Dijo el soldado con suma amabilidad.

El capitán siguió galopando, viendo a varios de sus compañeros muertos en el camino. Con cortes en el pecho, cara, brazos y demás partes del cuerpo. Algunos ardiendo en llamas.

—¿Qué fue lo que pasó? Se suponía que estábamos ganando. —Dijo el capitán preocupado. —Oiga, capitán. —Grito un soldado llevando a un herido. —El capitán se dirigió a donde estaba el soldado. —¿Cuál es la situación, soldado? —preguntó el capitán. —2000 muertos, 500 heridos y solo 20 soldados en batalla. —Esto es grave. —Dijo el capitán bajándose del caballo. —Toma mi caballo y salgan los dos de aquí. —Dijo el capitán mientras le daba las riendas al soldado. —¿Y usted qué se hará, capitán? —dijo el soldado. —¿Qué más puedo hacer? Iré al campo de batalla. —Capitán, regresa a salvo. —Dijo el soldado. —Claro que sí, después de esto beberemos una buena cerveza. —Grito el capitan entusiasmado.

El capitán siguió corriendo a pie. Saltando por el techo de las casas, para poder visualizar bien el palacio. Toda la nación estaba en llamas, incluso la que tanta prosperidad tenía. El palacio, la construcción más grande de todo Orphen, estaba siendo destruido. Incluso así, varios de los soldados de Berlín estaban muriendo uno tras otro. Todo era un caos.

—Arquero, apunta al capitán en una torre cerca del palacio. —El capitán se percata, con una reacción impecable, desenvaina la espada y corta la flecha. —Qué molestos son estos tipos. —El capitán da un gran salto a la torre donde apuntaba el arquero. —El arquero está sacando otra flecha. —Le lanza un cuchillo dándole directo en la mano del arquero. —Y en esa distracción el capitán apuñala su cabeza en el aire. —Agita la espada tratando de quitarle algo de sangre. —Me diste un mal rato, desgraciado.

Mientras tanto, me protegían dos soldados en las afueras de la nación. Al ver el exterior, puede que me haya emocionado un poco. Tantos árboles, arbustos, todo tan verde.

—¿Oye, qué hace un niño aquí? —dijo un soldado confundido. —No lo sé, el capitán dijo que lo protegiéramos. —Oh, ya entiendo. —¿Qué pasó, Bob? —Un soldado llega con un herido en caballo. —Es un soldado que me encontré en el camino. —Vamos, Merlin, tú eres médico, ayúdanos. —Dijo el soldado Bob. —Sí, ahora voy.

El capitán seguía saltando los techos hasta que llegó al palacio. Un caballero, equipado con una armadura de oro y acero, estaba arrasando con los soldados de Berlín. Solo quedaban 2 soldados en combate.

—Así que este es el problema. —Oigan, soldados. —grito. —¿Capitán? —gritaron los soldados. —Retirada, váyanse rápido. —Sí, capitán. —Dijeron los soldados. —El capitán saltó hasta la calle. Los soldados se retiraron lo más rápido que pudieron. —Miro alrededor cómo la mayoría de su gente estaba muerta. —Dime una cosa, “caballero” ¿tanto te enorgulleces de matar a unos simples soldados? —dijo el capitán. —Ja, ja, ja, ja. —El caballero se echó a reír. —Apreto el puño en señal de enojo. —Así que te ríes, ¿eh? —El capitán acomoda su postura sujetando la espada con las dos manos y espalda recta. —Vamos, atácame. O es verdad, se me olvidaba, tu cerebro solo está lleno de mierda, ¿no es así? —El caballero se posicionó igual que el capitán. —El capitán reacciona y chocan espadas. —Oye, eso es trampa —dijo el caballero. —¿Así que sabes hablar? Qué bien, ¿por qué no me dices las vocales? —dijo el capitán en tono de burla. —Patea al caballero. —Venga, quítate ese casco de una vez. ¿O es que eres feo? —Ya, cállate de una maldita vez. —El caballero da un espadazo. —¿No te enseñaron a callarte cuando eras pequeño? —¿Y a ti no te enseñaron a no burlarte de los caídos? —El capitán saca un cuchillo. Trata de apuñalarlo. —La armadura es demasiado dura.

—El caballero da una patada. —El capitán cae al suelo. —Aprovecha la oportunidad y apunta con la espada al capitán.

Un fuerte viento pasó, mientras la tensión en el ambiente seguía. En medio de todo el fuego, varios soldados caídos por un solo caballero. Y el capitán a punto de reunirse con ellos.

—Mírate, parecías tan engreído. Agitando tu espada. Y ahora estás a punto de morir. —Le hace un corte en la mejilla. —¿Cómo te sientes en estos momentos? ¿Emocionado, triste? Dímelo. —Dijo con el caballero con emoción y arrogancia. —El capitán sonrió mientras sacaba algo de su bolsillo. —Ja, ja, ja, llegó el momento. —¿De qué hablas? Sí, ya te gané. —Dijo el caballero. —Tira una bomba al suelo. Llenándose de humo toda el área. —¿Una bomba de humo? —Cuando se percató, el capitán ya no estaba ahí. —Vaya, me la has jugado, pero no creas que así me podrás vencer.

El capitán hacía sonidos empuñando la espada contra el suelo. Confundiendo al caballero, que no sabía dónde se escondía.



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En el texto hay: pobreza y dolor, guerra y muerte, naciones

Editado: 16.04.2026

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