Espada de Naciones

Capitulo 4

El caballo galopaba, el ambiente está bien animado. Pájaros cantando, ardillas en los árboles y muchos animales más. Los soldados con una gran sonrisa en su rostro.

—Oye, capitán, ¿cómo es Berlín? —pregunté. —Vaya, el muchacho tiene curiosidad. —Dijo el soldado Bob. —Berlín está constituida por 3 ciudades principales. Guriana, Uriose y Eredia.

Guriana es la ciudad para los nobles de bajo rango, personas con algo de autoridad en Berlín. Uriose pertenece a los campesinos, gente que no tiene nada que ver con la nobleza. Y Eredia es el lugar para los nobles de mayor rango, que manejan grandes cantidades de dinero o han recibido algún reconocimiento para poder vivir en esa ciudad. Son los que tienen el control de toda la nación.

—¿Y ustedes a cuál pertenecen? —Nosotros somos de Guriana. Aunque sea difícil de creer, somos nobles. —Dijo el capitán.

Nobles, ¿eh? Nunca he entendido por qué un noble tiene más autoridad que un campesino. Se supone que los dos son humanos, comunes y corrientes. Mejor ni intento comprenderlo; podría ser un tremendo embrollo.

—Mira, capitán, ya se ven los muros. —Dijo el soldado Merlin. —Sí, por fin llegamos. —dijo el capitán.

La entrada es muy grande. Una puerta gigante de madera bien trabajada.

—Oigan, abran la puerta. —Gritó el capitán. —Identifíquese. —Gritó un guardia en el otro lado. —Déjese de juegos, soy yo el capitán Ulises Rissolt.

Así que se llama Ulises.

—Abran la puerta. —Abrieron la puerta poco a poco. —¿Estás emocionado? —me preguntó el capitán. —Sí, un poco. —Dije mientras me quedaba boquiabierto frente a la ciudad.

Había una bandera ondeando cerca. Ahora que veo el símbolo, creo que lo trabajaron mucho. O tal vez los de mi nación no sabían dibujar. Bueno, la verdad, no lo sé. Un guardia bajó de una torre y se acercó al capitán.

—La cuota, ¿verdad? —preguntó el capitán. —El guardia alzó la mano. —Ya lo dijo el capitán. —Los soldados Bob, Merlin y el capitán sacaron 2 monedas de plata y se las dieron al guardia. —¿Por qué le dieron dinero? —pregunté. —O, verdad, no te lo había dicho. Para entrar a cada ciudad tienes que pagar dependiendo de en cuál vivas. —dijo el capitán. —El capitán y nosotros dos pagamos 2 monedas de plata porque vivimos en la zona media. —Dijo Merlin.

La calle estaba llena de gente, vendiendo sus verduras y frutas. Las casas y establecimientos están intactos. Tal vez si Tomás siguiera vivo podría ver esto. Si siguiera vivo...

—Mire hacia abajo con una cara desanimada. —¿Te pasa algo, Lion? —dijo Merlin. —Es solo que estoy un poco cansado. —Merlin me miró con preocupacion.

Pasamos la próxima gran puerta para entrar a Guriana. Los soldados se despidieron del capitán y se fueron a casa. Mientras el capitán me lleva a su casa.

—Oye, si tienes sueño, puedes dormirte. —Dice el capitán mientras sigue avanzando con el caballo. —Tranquilo, capitán, no tengo sueño. —Merlin me dijo que te vio desanimado, ¿seguro que no te pasa nada? —Respiré hondo. —No se preocupe, capitán, solo fue el momento. —¿El momento? —preguntó el capitán. —Es solo que me recordó a aquella ciudad que ustedes quemaron y arrasaron. —El capitán se quedó callado, sin que se le ocurriera nada que decir. —Me percaté de ello. —Capitán, no es que le tenga rencor a ustedes. Es que olvidar dónde nací es difícil para mí. —dije tratando de aclararlo todo. —Nunca se debe olvidar donde naciste. Esos lugares son sagrados. —Dijo el capitán con mucha seriedad.

Se creó un ambiente muy incómodo. Nadie decía nada, solo se escuchaban las pisadas del caballo. Con un atardecer hermoso, de un tono anaranjado que me hacía admirarlo. Guriana es una ciudad algo más lujosa; incluso hay joyerías y tesoros aún más valiosos que en Uriose. Y las casas son construidas con materiales que no conocía, además de la madera. Eran granito, basalto, cuarcita y roca caliza. Seguimos a caballo hasta que llegamos a la mansión del capitán. Sí, una mansión.

—Lion, ven, sígueme. —Seguí al capitán, su casa con candelabros alumbrando toda la sala del comedor y cirios de cera alumbrando casi toda la casa. —Esta será tu habitación. —Dijo el capitán enseñándome una habitación grande, arreglada y con algunos accesorios. —Eres de verdad un noble. —Dije con sarcasmo. —Claro que lo soy, ya te lo había dicho. —respondió el capitán. —Deberías dormir, mañana te enseñaré toda la casa. —Dijo el capitán mientras veía la luz de la luna desde la ventana. —Me tiré en la cama. —Qué suave. —Bueno, ya me voy, que tengas un buen sueño. —Dijo mientras se iba de la habitación. —Me acomodé en la cama.

Toda la habitación llena de cosas que un simple campesino no podría tener. ¿En serio me merezco esto? Cerré los ojos y la noche pasó. Al día siguiente, un rayo de sol me despertó.

—*Bostezo*. —Me froté los ojos. —Mire a todos los lados. —El capitán aparece en la puerta. —Buenos días, Lion. —dijo el capitán. —Buenos días. —Respondí. —Lion, ven para acá un momento. —Fui hasta donde estaba el capitán. —Saco un espejo de su bolsillo. —Mira tu aspecto.

El cabello largo y desarreglado cubriéndome los ojos. Ropa rasgada, manchas de suciedad en todo el cuerpo.



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En el texto hay: pobreza y dolor, guerra y muerte, naciones

Editado: 16.04.2026

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