Espada de Naciones

Capítulo 7

El único lugar donde césped había se encontraba un pozo. También era el único lugar para poder acceder al agua, por lo que siempre se formaba una fila gigantesca.

La gente se aprovechaba de mí al ser todavía un niño , robándome el agua que apenas podía conseguir. Me empujaban, golpeaban, me decían muchas barbaridades, y todo para que simplemente me dieran un pedazo de pan. Así era mi día a día.

—Lanza un pedazo de pan. —Aquí tienes , niñato, la próxima vez al menos grita.

—Eres muy aburrido —dijo el vagabundo.

Lleno de moretones, miraba al piso con una mirada sin alma.

—Está bien —respondí y di media vuelta.

Mi hogar era un simple callejón sombrío, lleno de basura y ratones. Un lugar donde no pasa casi nadie, por alguna razón que no conozco.

La gente vivía en las calles. Tener una casa parecía ser un sueño imposible al ver cómo todo a mi alrededor se derrumbaba.

Al dar un mordisco, una lágrima se me salió. No pensaba en nada, solo pensaba en sobrevivir, como la mayoría de los demás.

Oía unos pasos , como si alguien se estuviera acercando a mí. No le di mucha importancia, dejé que mi cuerpo se relajara, preparado para ser golpeado.

Cogí el pedazo de pan que me quedaba, me lo tragué de una vez.

Una figura de un chico, ojos verdes, pelo negro, mucho más alto que yo, llevaba una bolsa en su hombro. Se agachó y me preguntó:

—¿Tienes hambre?

Sorprendido por la pregunta, voltee a verle la cara.

Me mostró cómo en su bolsa llevaba muchos panes y otras cosas que no conocía. Mis ojos se iluminaron al ver todo.

—Coge todo lo que quieras —dijo con una sonrisa.

A una velocidad tremenda, agarré 4 panes de ahí.

—Qué rapidez, en verdad tenías hambre —dijo, sentado a mi lado.

Él agarró algo de la bolsa, una cosa roja y redonda. Quedé perplejo al ver eso ; según su cara, parecía estar disfrutándolo .

Observo mi cara , se percató de que miraba con confusión lo que llevaba en la mano.

—Esto es una manzana, está buena —me lanzó una. —Anda , pruébala .

Al probarla, sonreí y seguí comiendo.

—Vaya , qué bueno que te gustó. —Por cierto, ¿ cómo te llamas?

Dí un suspiro, después llevé la manzana hacia el fondo de mi estómago.

—Lion —respondí.

La cara de sorpresa que tenía era algo digno de risas, haciendo que se arrugara de una forma igual a la de un anciano. Mantuvo un silencio seguramente no muy duradero.

—¿SABES HABLAR? —gritó. —Porque gritas, eres muy ruidoso —dije , tapándome los oídos . —Perdón, pensaba que eras mudo. —Pues ya ves , no lo soy. —Ya veo, je, je —respondió junto a una risa incómoda.

—¿ Y tú, cómo te llamas? —pregunté, señalándolo con el dedo.

—Tomás, solo Tomás.

Ese día fue cuando lo conocí; desde ahí, todo ha sido felicidad. Todo lo malo que he mencionado desapareció después de que él apareciera.

Es como si te dijera la típica frase:

"Todo lo que sube tiene que bajar"

En mi caso , lo que bajó fue la posibilidad de acabar muerto.

Le contaba esto al capitán mientras estábamos dentro de la mansión. Sentados en sillones que para mí son un lujo. Le dije todo hasta el punto donde Tomás murió, o sea, absolutamente todo lo que tenía para contar.

Ulises se quedaba mudo frente a lo escuchado. No parecía querer decir nada, o así fue durante un rato.

—Entonces, ¿ quieres vengarte de ese guardia, verdad? —dijo Ulises. —*Suspiro* No pienso hacerlo; además, no creo que ese gordo esté vivo —respondí, rascándome la cabeza.

—¿Cómo puedes estar tan seguro? —preguntó.

Escuché esas palabras sin creer lo que estaba diciendo el capitán. De algún modo, mi sangre empezó a hervir.

—¿De qué está hablando, capitán? —dije junto a mi expresión de hostilidad.

—Cuando soldados de otra nación invaden a otra, una persona avisa al pueblo, con el objetivo de que se refugien todos en sus casas; seguro sabes de qué estoy hablando.

—Sí , lo recuerdo bien.

—Pues, algunas personas, cuando escuchan el aviso, no se resguardan en sus casas. Si no que huyen y abandonan su hogar para siempre.

Si no que huyen y abandonan su hogar para siempre.

Ese bastardo, ¿todavía puede estar vivo?

—Antes de que te alteres, lo estoy diciendo como una posibilidad. Para asegurarnos, tendríamos que verlo con nuestros propios ojos.

—Sí , entiendo. —Respondí observando el suelo.

Sólo con pensar que sigue vivo, mi expresión cambia drásticamente. Unas ganas de matar me recorren el cuerpo.

—¿Lion?

Una sonrisa de oreja a oreja, espeluznante a la vista de cualquiera. El capitán sintió un escalofrío, algo que no había vuelto a sentir desde hace tiempo.

Ulises recordó algo. Su espada destrozada, cortes y golpes por todo el cuerpo. Un aire frío que complementaba bien el momento de tensión. Varios soldados rodeándolo, era una batalla a muerte donde no pensaba que iba a salir vivo.

—¡ATAQUEN! —Dijo el que comandaba a los soldados.

Los soldados se lanzaron sobre el capitán. Es un recuerdo que no tenía intención de recordar. Por culpa de esa batalla, perdió algo más importante que su sangre.

—*Suspiro* —¿Capitán? —Lograste que recordara semejante tragedia. Supongo que fue lo suficientemente espeluznante. —Susurró Ulises, observando el techo.

"La venganza no es buena . "

Aunque dije eso, cada quien tiene su voluntad. No tengo el derecho de involucrarme en sus planes. Los problemas pueden ayudarte a crecer. Eso lo sé, esa es la razón por la cual lo dejaré crecer por el camino que más le parezca.

El capitán alzó su espada de acero.

—Lion, prepárate, se viene un intenso entrenamiento. Llegarás al punto de sudar sangre si es necesario, te convertiré en un guerrero. —Agarré la espada. —Claro que sí . —Respondí con emoción.

La mesa, llena de comida desconocida. Sentado en la mesa junto a todos.
Confundido al ver algo encima que no fuera eso.



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En el texto hay: pobreza y dolor, guerra y muerte, naciones

Editado: 29.07.2026

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