La declaración de Jin quedó flotando en el aire cargado de perfume a pino artificial. Seis pares de ojos lo observaron con una mezcla de escepticismo y un tenue destello de esperanza.
— ¿Cocinar? — repitió Suga, alzándo lentamente una ceja desde su rincón.
— Jin-hyung, la última vez que ‘cocinaste’ intentaste hacer unas tostadas y activaste la alarma contra incendios del dormitorio de entrenamiento.
— ¡Eso fue hace diez años! — protestó Jin, llevándose una mano al pecho con dramática ofensa.
— He evolucionado. He madurado. He… visto todos los episodios de ‘Chef en su Salsa’.
— Ver no es hacer — murmuró RM, recordando con pesar una experiencia pasada con un wok y un intento de jjajangmyeon que terminó pareciendo cemento fresco.
Pero la determinación en el rostro de Jin era de granito. Recorrió la cocina reluciente, abriendo alacenas que solo contenían vajilla intacta y electrodomésticos de última generación con manuales en alemán.
— ¡Ajá! — exclamó, sacando triunfalmente un paquete solitario de fideos instantáneos ramyeon de lo más profundo de un armario. Era el único vestigio de comida real en todo el departamento.
— ¡La base de cualquier festín! Pero esto es solo el espíritu. Necesitamos… el cuerpo —
Fue entonces cuando se giró y clavó su mirada en ellos. Esa mirada que habían visto en incontables reuniones de planeación estratégica, pero nunca dirigida a una misión culinaria.
— Escuchen bien. Esta no será una cena cualquiera. Será nuestra cena. Y para ello, necesitamos ingredientes. De los de verdad — Hizo una pausa, dejando que la tensión se acumulara.
— Vamos a ir al supermercado —
Un coro de gemidos y protestas ahogadas llenó la sala.
— ¿Ahora? ¡Es Nochebuena! ¡Estará hasta la bandera! — gimió Jungkook, imaginándose las multitudes y los selfies no solicitados.
— Además, hyung, si nos ven juntos… será un caos — añadió J-Hope, cuya sonrisa había sido reemplazada por una mueca de pánico.
— Precisamente — dijo Jin, con la chispa de un genio maligno en los ojos.
— Por eso no iremos juntos. Iremos… de incógnito —
La palabra “incógnito” resonó con un peligroso atractivo. Era un concepto tan familiar como arriesgado para ellos. Jimin se irguió un poco en el sofá, la manta cayéndole de los hombros.
— ¿Incógnito cómo? ¿Gorras y mascarillas? Eso nunca funciona —
— No —dijo V, de repente animándose, una sonrisa lenta y traviesa apareciendo en su rostro.
— Incógnito de verdad. ¿Tenemos… disfraces? —
RM sintió un dolor de cabeza premonitorio. Pero antes de que pudiera razonar sobre los cientos de formas en que esto podía salir mal, Jin ya había tomado el mando.
— ¡Exacto! ¡Disfraces! Este departamento es de la empresa. Tienen de todo para… eventos promocionales. ¡Siganme! —
Lo que siguió fue una escena de caos contenido. Jin los guió a un cuarto de almacén que parecía el guardarropa de una compañía de teatro excéntrica. Había ropa de todas las épocas y estilos. En cuestión de minutos, el grupo más reconocido del planeta se transformó en una colección de personajes dudosos.
Jungkook terminó con una peluca rubia rizada enorme y un overol de fontanero que le quedaba corto. V se enfundó en un traje de tweed demasiado grande y se puso unos anteojos de sol con forma de estrella, pareciendo un profesor de arte excéntrico y ciego. Jimin encontró un abrigo largo y un sombrero de fieltro, adoptando un aire de detective de los años 50. J-Hope, con un jersey navideño de renos brillante y un gorro con pompón, era el menos disfrazado y el más visible, pero argumentó que “nadie esperaría a J-Hope vestido así a propósito”. Suga, resignado, se envolvió en una bufanda gigante que le cubría media cara y se puso una gorra de béisbol del equipo de los LG Twins, bajando la visera hasta la nariz. RM, con un suéter de cuello alto beige y una gabardina, intentaba parecer un joven ejecutivo, pero su altura y su postura lo delataban.
Jin, el arquitecto de este desastre, se coronó con una peluca negra lisa y un bigote postizo que se despegaba de un lado. Parecía un mago de fiestas infantiles en horas bajas.
— Perfecto — dijo, admirando su obra en el espejo del recibidor.
— Indetectables. Ahora, escuchen la misión. Objetivo: el supermercado Mega Mart de Itaewon. Es grande, caótico y a esta hora, lleno de extranjeros despistados y locales con prisa. Nos dividimos. Cada uno tiene una lista —
Repartió trozos de papel que había garabateado frenéticamente.
— Yo me encargo del pollo y los fideos. RM, tú de los vegetales. No te distraigas con libros de filosofía de cocina. J-Hope, especias y cosas dulces. Jimin, lácteos. V, frutas. Jungkook, carne. Y Suga… — lo miró — Tú ve a la caja y compra bolsas grandes. Y mantén la calma.
— ¿Por qué yo tengo que comprar solo bolsas? — refunfuñó Suga desde detrás de su bufanda.
— Porque tu energía de “por favor, no me hablen” es tan potente que harás que la fila se acelere por pura incomodidad. Es un don.
Editado: 30.12.2025