Especial De Navidad Con Bts (2025)

CAPITULO 3 EL DILEMA CARNIVORO Y LA FRUTA FILOSOFICA

Mientras el eco metálico de las latas de leche condensada aún resonaba en los pasillos, Jungkook avanzaba con determinación hacia la sección de carnes. Su overol de fontanero crujía con cada paso, y la peluca rubia le producía un picor insoportable en la frente. La lista de Jin, escrita con letra apresurada, decía simplemente: "Carne para estofado. Nada extravagante."

El problema empezó cuando llegó al mostrador de carnes refrigeradas. Se encontró no con una, sino con quince variedades diferentes de "carne para estofado". Había chuck, redondo, falda, costilla. Piezas etiquetadas como hanjeongsal, yangji, cheonyeop. Cortes americanos, australianos, coreanos. Cada uno con un precio y un grado de marmoleo distinto que parecía requerir un doctorado en ganadería para comprender.

Jungkook se acercó al vidrio, su aliento empañando la superficie. Su expresión era de concentración absoluta, la misma que ponía al aprender una coreografía difícil. Extendió un dedo, señalando dubitativamente un paquete de chuck roll.

— ¿Ese? —murmuró para sí.

Luego vio otro, con un veteado más pronunciado.

— ¿O ese? —

Un hombre mayor, con un gorro de lana y aspecto de saber lo que hacía, se plantó a su lado y cogió sin dudar un paquete de yangji.

— Este nunca falla — le dijo con un gruñido aprobatorio antes de irse.

Jungkook asintió, agradecido. Ese era. Alargó la mano para tomar el mismo corte cuando una mujer joven, leyendo algo en su teléfono, comentó en voz alta para su acompañante:

— Dicen que el cheonyeop es más jugoso si se cocina lento. Tiene más colágeno —

La mano de Jungkook se detuvo en el aire. El cheonyeop ahora parecía brillar con una promesa de suavidad superior. Miró al paquete de yangji, luego al de cheonyeop. Su misión, que parecía tan sencilla, se transformó en una encrucijada existencial. ¿Lealtad al consejo del experto práctico, o a la sabiduría digital contemporánea?

Pasaron los minutos. Jungkook entró en un bucle de indecisión, pasando de un lado a otro frente al mostrador, comparando pesos, precios y el ángulo de las vetas de grasa. Su ceño estaba tan fruncido que la peluca se le ladeó. Un empleado del mostrador, un chico joven con cara de cansancio navideño, lo observaba con creciente desconcierto.

— ¿Señor… fontanero? ¿Necesita ayuda? — preguntó al final, haciendo un visible esfuerzo por no mirar la peluca.

— ¡Es muy importante! — exclamó Jungkook, con una vehemencia que hizo retroceder al empleado.

— Tiene que ser perfecto. Es para… una reparación de emergencia. Navideña —

El empleado parpadeó.

— ¿Una reparación… con carne? —

— ¡Sí! — afirmó Jungkook, completamente serio.

— Una reparación… del espíritu —

*****

Mientras tanto, en el vibrante y colorido reino de las frutas, V navegaba por un mar de opciones con una filosofía completamente distinta. Para él, cada fruta no era un simple ingrediente, sino un personaje con potencial dramático.

Acarició suavemente la piel áspera de una piña.

— Tienes un carácter fuerte, ¿verdad? — susurró. Observó una bandeja de fresas brillantes como joyas.

— Ustedes son el coro, dulces y armoniosas —

Su lista pedía "manzanas y plátanos, por si acaso". Pero sus ojos, detrás de los lentes de sol con forma de estrella, vieron más allá. Vio los cítricos amarillos y anaranjados, que le recordaron a globos navideños. Vio las uvas verdes, perfectas como orbes de cristal. Vio un durián solitario y amenazador en una esquina, que decidió respetuosamente ignorar.

— No podemos tener un banquete sin una paleta cromática — murmuró para sí, como un director de arte poseso. Comenzó a llenar su cesta no según la utilidad culinaria, sino según el valor estético y emocional de cada pieza. Una granada, por su explosión interior dramática. Unos kiwis, por su contraste de textura. Un melón amarillo, por su luminosidad.

Fue entonces cuando, al alcanzar un racimo de plátanos en lo alto, su traje de tweed, varias tallas más grande, se enganchó en el borde de una estantería de frutas exóticas. Al intentar liberarse con un suave tirón, todo el montaje tembló. Los mangostán rodaron como canicas púrpuras. Un par de chirimoyas hicieron un salto al vacío. Y un coco, redondo e imparable, se desprendió y comenzó a rodar por el suelo del supermercado con la determinación de una bala de cañón.

V lo observó, fascinado, mientras el coco atravesaba el pasillo de los encurtidos, esquivó por milímetros los pies de una madre con un carrito, y tomó velocidad en el declive hacia la sección de panadería.

— ¡Un nómada! — exclamó, admirando su trayectoria.

El coco, sin embargo, tenía un destino. Un destino llamado Suga.

Suga, aburrido y congelado, cumplía con su deber de guardián de las bolsas en la zona de cajas. Observaba con desdén las interminables filas de gente estresada, preguntándose por qué había accedido a esto. De repente, un objeto redondo y marrón cruzó su campo de visión. Instintivamente, y con los reflejos de quien ha esquivado cámaras y fans por años, extendió el pie y atajó el coco con una parada seca y precisa, evitando que se estrellara contra un expositor de galletas navideñas.



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En el texto hay: navidad, bts, humor bts

Editado: 30.12.2025

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