Especial De Navidad Con Bts (2025)

CAPÍTULO 4 LA BATALLA DE LAS ESPECIAS Y EL PEREGRINAJE DEL LIDER

Mientras Jungkook libraba su batalla interna en la sección de carnes y V dirigía su sinfonía frutal, J-Hope había logrado, milagrosamente, desviar la atención del desastre lácteo. Con una combinación de sonrisas deslumbrantes, excusas inverosímiles sobre "ensayos para una obra de Navidad" y la promesa de comprar doce latas de la leche condensada desparramada, logró que el empleado del Mega Mart se alejara, más confundido que enojado.

Respirando aliviado, J-Hope se refugió en el laberinto de los pasillos de especias y condimentos. Aquí, el aire olía a tierra, a calor y a lugares lejanos. Estantes repletos de frascos, bolsitas y botellones se alzaban hasta el techo. Su lista, escrita por Jin, era enigmática: "Cosas que hagan saber". Era tan vaga que podía significar desde sal marina en escamas hasta salsa de soja artesanal.

J-Hope, sin embargo, abordó la tarea con el vigor de un explorador. "¡Navidad es alegría! ¡Y la alegría tiene sabor!", se dijo, cogiendo un frasco de pimentón ahumado. "¡Y color!" Añadió uno de cúrcuma brillante. "¡Y algo de picante para mantener el calor!" Una botella de gochujang con un picante nivel "fuego dragon" fue a parar a su cesta.

Pero fue al llegar al estante de las sales gourmet donde perdió por completo el norte. Había sal del Himalaya (rosada), sal negra de Hawaii, sal ahumada, sal con algas, sal con trufa... Cada una prometía una experiencia transcendental. J-Hope, embargado por el espíritu festivo y la obligación de hacer de esta cena algo memorable, comenzó a tomar una muestra de cada una. "¡Esta le dará un toque selvático! ¡Esta un aire misterioso! ¡Esta sabe a campana de Navidad... salada!"

Su cesta, que ya contenía tres tipos de pimienta, dos de chili en polvo y un tarro de hierbas provenzales (por el "toque francés navideño"), comenzó a pesar tanto que el asa de plástico crujió en protesta. J-Hope no lo notó. Estaba demasiado ocupado decidiendo entre la sal con pétalos de rosa ("¿No es romántico?") y la sal con carbón activado ("¡Tan moderno!").

*****

Muy lejos de allí, en el reino de los vegetales, RM había trascendido la mera compra y había entrado en un estado de meditación profunda. Sostenía una patata en cada mano, como si fueran los platillos de una balanza cósmica.

— La roja — murmuraba — es más firme, mantiene la forma. Ideal para un estofado que requiere estructura. Pero la russet... — cambió su mirada a la otra — se deshace más, espesa el caldo, aporta una textura cremosa. ¿Buscamos integridad o cohesión? ¿Forma o fondo?

Un hombre que elegía cebollas a su lado se alejó lentamente, lanzándole una mirada de cautela.

RM no lo registró. Su mente volaba por senderos filosófico-gastronómicos. ¿No era la cocina, al fin y al cabo, una metáfora de la vida? Los ingredientes crudos, las experiencias puras. El fuego, las pruebas. La mezcla lenta, el tiempo y la paciencia. El estofado resultante, la sabiduría integrada. Esta no era una simple misión de aprovisionamiento; era un peregrinaje existencial con zanahorias y puerros.

Dejó caer ambas patatas en su cesta (había decidido que la dualidad era necesaria) y se dirigió hacia las cebollas. Aquí, otro dilema: las amarillas, clásicas, dulces al caramelizar. Las blancas, más picantes, con carácter. Las rojas, crudas para ensalada, pero ¿y si al final decidían hacer una ensalada? "Hay que estar preparado para todos los escenarios posibles", pensó, cogiendo un ejemplar de cada tipo.

Su peregrinaje lo llevó luego a los ajos. Un solo diente, según la lista. Pero el ajo venía en cabezas enteras, hermosas, como pequeños planetas morados y blancos. ¿Era ético separar a una familia de ajos en Nochebuena? Con un suspiro de responsabilidad, RM colocó una cabeza completa en su cesta. Luego, miró los puerros, largos y majestuosos. "Son como espadas verdes", pensó. "Defensores del sabor" Cogió dos.

Para cuando recordó que necesitaba zanahorias, su cesta era un arca de Noé vegetal: colinabos que no sabía para qué servían, un nabo blanco que le recordó a una escultura moderna, y un jengibre nudoso que parecía un dragón en miniatura. Lo había cogido por pura admiración estética.

Fue al doblar la esquina hacia las zanahorias que su gabardina, con su movimiento amplio y distraído, barrió un pequeño expositor de bolsitas de hierbas aromáticas secas. Tomillo, romero, laurel. Las bolsitas, ligeras como plumas, volaron por los aires y llovieron sobre un carrito lleno de compras de una anciana que pasaba en ese preciso instante.

— ¡Oh, cielos! ¡Una bendición de hierbas! — exclamó la anciana, más sorprendida que molesta, mientras el romero se le enredaba en el pelo.

— ¡Perdón! — tartamudeó RM, agachándose de inmediato para recogerlas, su cara encendida de vergüenza. En su prisa, su cesta se inclinó y una de las patatas russet salió rodando, tomando el mismo camino que horas antes había tomado el coco de V.

La patata, menos espectacular pero igual de decidida, rodó por el pasillo y fue a parar directamente contra el pie de Jin, quien en ese momento estaba librando su propia guerra en el pasillo de los fideos y las salsas, tratando de decidir entre cinco variedades de ramyeon y tres de gochujang. Jin miró la patata, luego al extremo del pasillo donde vio a un RM acorralado por hierbas y disculpas, y comprendió que su equipo se estaba desintegrando en una anarquía de decisiones y accidentes.



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En el texto hay: navidad, bts, humor bts

Editado: 30.12.2025

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