Especial De Navidad Con Bts (2025)

CAPÍTULO 5 EL GRAN REAGRUPAMIENTO EN LA CAJA RAPIDA

El ambiente en la caja rápida del Mega Mart era un microcosmos de la tensión navideña. Luces fluorescentes parpadeantes, el insistente beep de los lectores de código de barras, el murmullo de conversaciones apresuradas y el crujido del plástico de las bolsas formaban una sinfonía estridente. Y en el centro de este caos ordenado, Suga había erigido un perímetro de estoicismo.

Había cumplido su misión con eficacia espartana: un paquete de diez bolsas grandes de papel reciclado yacía en su carrito, junto al coco inesperado que ahora consideraba una especie de mascota tétrica. Se apoyaba contra una columna, los brazos cruzados, la visera de la gorra baja y la bufanda aún cubriéndole media cara. Su sola presencia emitía una energía tan densa y disuasoria que la gente, de forma inconsciente, dejaba un pequeño círculo de espacio a su alrededor, como si fuera un monumento a la misantropía festiva.

Fue el primero en presenciar el regreso de las tropas dispersas.

Jimin llegó primero, tropezando casi. Llevaba el abrigo abultado y desordenado, y en lugar de una cesta, abrazaba contra su pecho una torre inestable de doce latas de leche condensada. Su sombrero de fieltro estaba ladeado, y tenía una mancha de queso crema salmón en la mejilla.

— Suga-hyung — jadeó, depositando las latas con un tremendo golpe metálico en el carrito de las bolsas, al lado del coco.

— Tenemos… mucho postre —

Suga solo inclinó la cabeza una fracción, un gesto que podía significar “lo veo” o “mi desprecio por la empresa humana ha alcanzado nuevos niveles”.

Luego apareció V. Avanzaba como un duque excéntrico, su traje de tweed aún más desarreglado. En sus brazos llevaba una cesta que era un cuadro impresionista de frutas: la granada junto al kiwi, el melón amarillo acariciando las uvas verdes, las manzanas y plátanos casi perdidos en el espectáculo. Al ver el coco en el carrito, sonrió con satisfacción.

— ¡Ah! Mi nómada ha encontrado su tribu — anunció, colocando la cesta con cuidado. Un racimo de uvas se desprendió y rodó por el suelo. Suga, sin cambiar de expresión, lo atrapó con el pie y lo devolvió a la cesta con un gesto preciso.

Jungkook llegó con paso marcial, su overol ahora manchado de un leve tono rojizo cerca del bolsillo (jugo de la carne). Llevaba dos enormes paquetes de carne que depositó con un golpe sordo que hizo temblar el carrito.

— Decisión tomada — declaró, con la seriedad de un estratega.

— Tenemos contingencia —

A continuación, J-Hope emergió del pasillo como un sol en llamas. Su jersey de renos parecía brillar con más intensidad bajo las luces del techo. La cesta que arrastraba chirriaba bajo el peso de frascos y botellas. Al ver a los demás, su sonrisa, que había menguado durante su épica batalla con las sales, se reavivó.

— ¡Chicos! ¡Les traigo los sabores del mundo! ¡Y colores! ¡Y un poco de peligro! — agitó la botella de gochujang“fuego dragón”.

Finalmente, desde el fondo del pasillo, aparecieron Jin y RM. Era una visión contrastante. Jin, con su peluca ladeada y el bigote colgando de una sola esquina, llevaba los brazos llenos de paquetes de fideos, salsa de soja, aceite de sésamo y una botella de algo que decía “vinagre de arroz negro premium”. A su lado, RM parecía un profeta bíblico caído en desgracia. Su gabardina estaba manchada de tierra, llevaba hierbas secas de romero enganchadas en el cuello de su suéter, y su cesta era un jardín botánico en estado de shock. La cabeza de ajo completa asomaba entre las hojas de un puerro como un timón desquiciado.

Los siete se miraron allí, bajo la fría luz, rodeados por el ajetreo navideño de desconocidos. Por un momento, el absurdo de la situación los golpeó con toda su fuerza: disfraces ridículos, compras excesivas y caóticas, y la evidencia de múltiples pequeños desastres escritos en sus ropas y sus cestas.

Jin, respirando hondo, intentó recuperar el mando.

— Bien. Todos vivos. ¿Listos para…? —

— HYUNG — lo interrumpió Jungkook, con ojos como platos y señalando algo detrás de él.

Todos giraron la mirada. Al otro lado de la caja, pegado a una columna, había un póster grande y brillante. Era una publicidad navideña de una conocida marca de refrescos. Y en ella, sonriendo con sus mejores trajes y peinados impecables, estaban ellos siete. La imagen era reciente, glamurosa, perfecta. Un recordatorio brutal de la brecha abismal entre quienes eran y lo que parecían en ese momento: un grupo de fugitivos de un manicomio festivo cargados con provisiones de apocalipsis culinario.

Un silencio helado cayó sobre ellos. Hasta Suga se enderezó un poco, mirando alternativamente el póster y su reflejo distorsionado en el carrito.

Fue Jimin quien rompió el hechizo con un sollozo ahogado que se convirtió en risa. Una risa nerviosa, liberadora, que le sacudía los hombros y hacía temblar las latas de leche condensada.

— Somos… — jadeó entre risas.

— ¡Un descarte de Photoshop! —

Y entonces, como un dique que se rompe, la tensión se quebró. Una sonrisa lenta se extendió en el rostro de V. J-Hope soltó una carcajada clara y estridente. RM sacudió la cabeza, una sonrisa cansada pero genuina en sus labios. Jungkook se rió, aliviado. Jin, dejando caer los fideos en el carrito con un suspiro exagerado, se arrancó el bigote falso de un tirón.



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En el texto hay: navidad, bts, humor bts

Editado: 30.12.2025

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