Especial De Navidad Con Bts (2025)

CAPÍTULO 6 EL VIAJE DE REGRESO Y LA LLAVE FANTASMA

La cajera, una mujer joven con gafas y una expresión de haber visto demasiadas compras navideñas de última hora, pasó los artículos con una monotonía robótica. Su mirada se deslizó sobre la montaña de productos sin pestañear: las doce latas de leche condensada, el coco solitario, la cabeza de ajo entera, los dos cortes de carne, los frascos de especias exóticas, la paleta cromática de frutas, el bosque de vegetales y la torre de fideos instantáneos. Luego, sus ojos recorrieron a los clientes: el fontanero de peluca rubia, el profesor ciego con lentes de estrella, el detective con mancha de queso, el entusiasta de los renos, el ejecutivo con hierbas en el pelo, el tipo con bufanda que emanaba odio al mundo, y el hombre de peluca lisa que intentaba parecer al mando.

Parpadeó una vez, lentamente. No dijo una palabra. El beep, beep, beep del escáner fue la única narrativa de ese momento surrealista. Cuando la cifra final apareció en la pantalla, Jin, con un movimiento que pretendía ser despreocupado, deslizó la tarjeta corporativa negra. El silencio que siguió al pitido de aprobación fue casi decepcionante.

— Gracias. Feliz Navidad — dijo la cajera con una voz plana, entregando el tiket de medio metro de largo.

Cargados como mulas con bolsas de papel que crujían y se deformaban bajo el peso y volumen de sus compras disparatadas, los siete salieron a la noche. El frío les azotó de nuevo, pero ahora iban acalorados por el esfuerzo y la absurda realidad de sus adquisiciones.

— Dios, esto pesa más que un equipo de sonido — jadeó Jungkook, ajustando la peluca que ahora le picaba con ferocidad. Una de las bolsas que llevaba emanaba un frío gélido de la carne.

— Mi tribu frutal es delicada, ¡cuidado! — advirtió V, llevando su bolsa como si fuera el Santo Grial, esquivando los adoquines con cuidado exquisito.

El regreso no fue una marcha, fue una procesión de penitentes. Las bolsas se rompían. El puerro de RM asomó como una lanza verde por el fondo de una de ellas. Una lata de leche condensada se escapó del paquete de Jimin y rodó calle abajo, teniendo que ser perseguida por Hoseok, cuyo jersey brillante parecía un faro en la oscuridad.

— ¡Es como si el universo se opusiera a que tengamos una cena normal! — gritó Jin, tratando de mantener unida su propia bolsa que cedía bajo el peso de los fideos y las salsas.

Finalmente, jadeantes y victoriosos, llegaron a la puerta del lujoso edificio. El aire opresivamente perfumado del vestíbulo, con su decoración minimalista y su silencio de tumba, les dio la bienvenida como un reproche. El conserje, impecable en su uniforme, les dirigió una mirada glacial que recorrió sus disfraces sudorosos y las bolsas destrozadas. No dijo nada, pero su ceño elevado habló volúmenes sobre la caída en desgracia de los inquilinos del ático.

Al llegar a la puerta del departamento, hubo un momento de pausa triunfal. Habían sobrevivido al Mega Mart. Habían conseguido los ingredientes. Ahora, solo faltaba lo más importante: cocinar.

Jin, con un último resto de energía, se irguió.

— Bien, equipo. Dentro, despliegue táctico en la cocina y… —

Metió la mano en el bolsillo de su chaqueta para sacar la llave. Su sonrisa se congeló. Revolvió en el otro bolsillo. Luego en los bolsillos delanteros del pantalón. Su expresión fue pasando de la confianza a la perplejidad, y de la perplejidad a un pánico silencioso.

— ¿Hyung? — preguntó Jimin, viendo cómo el color desaparecía del rostro de Jin.

— La llave — dijo Jin, con una voz que sonó extrañamente pequeña

— No está —

Un silencio sepulcral cayó sobre el grupo, solo roto por el crujido de una bolsa que finalmente se rendía, dejando caer la cabeza de ajo y tres patatas que rodaron por el suelo pulido del pasillo.

— ¿Qué quieres decir con que no está? — preguntó Suga, cuya bufanda ahora parecía apretarle más que nunca.

— ¡Que no la tengo! — explotó Jin, vaciando todos sus bolsillos frente a ellos. Solo salieron un pañuelo usado, el bigote falso arrugado y un ticket del supermercado.

— ¡Debí dejarla dentro cuando salimos, por la emoción de los disfraces! —

La realidad los golpeó con la fuerza de un coco rodante. Estaban en el pasillo de un edificio de lujo, disfrazados de manera ridícula, rodeados de provisiones de comida perecedera que comenzaba a sudar dentro de las bolsas de papel, frente a una puerta cerrada herméticamente. La Navidad, su cena, su refugio… todo estaba a unos centímetros de distancia, tras una puerta de madera maciza con cerradura electrónica.

— Podemos… llamar al conserje —sugirió RM, siempre práctico.

— ¿Y decirle qué? — lo miró Jin, desesperado.

— “Hola, somos BTS disfrazados de elenco de comedia de baja calidad y hemos encerrado nuestras llaves. ¿Podría abrirnos, por favor?” ¡La empresa se enteraría en segundos! ¡Nos mandarían de retiro espiritual a una montaña en Siberia! —

— ¿Y la llave de repuesto? — preguntó Jungkook.

— ¡En el interior! —gimió Jin, apoyando la frente contra la fría madera de la puerta.

V, sin perder su curiosidad antropológica, dejó suavemente su bolsa de frutas y se acercó a la puerta. La examinó como si fuera un artefacto antiguo.



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En el texto hay: navidad, bts, humor bts

Editado: 30.12.2025

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