El silencio que siguió a la declaración de RM era denso, cargado con el olor a desastre gastronómico y el peso de la derrota inminente. Jin, con la cuchara aún en la mano y el sabor a "dragón azucarado" quemándole las papilas, miró el caldo multicolor con una expresión de profunda traición.
— ¿Replantear? — preguntó, su voz ronca por el picante.
— ¿Después de todo lo que hemos pasado? ¿El supermercado, los disfraces, la llave, el… esto? — Hizo un gesto vago que abarcaba la cocina convertida en campo de batalla.
— Precisamente por todo lo que hemos pasado — dijo RM, quitándose de los hombros las últimas hojas de romero.
— Hemos estado operando desde el caos, no desde la colaboración. Cada uno ha estado cocinando su propia idea de Navidad — Señaló la instalación frutal de V, la pirámide de especias de J-Hope, la montaña de carne de Jungkook.
— Son ideas hermosas, pero… no conversan entre sí —
Suga, que había logrado salvar una olla con fideos perfectamente al dente y otra con arroz blanco impecable, asintió desde su rincón, su único territorio inmaculado.
— El arroz y los fideos no piden disculpas. Son lo que son. Simple. Confiable —
— ¡Pero la Navidad no es simple! — protestó J-Hope, aunque su voz carecía de su habitual convicción.
— ¡Es brillante, y compleja, y…! —
— Y a veces, lo más brillante es una sola vela en la oscuridad, no un árbol de luces fundidas — completó suavemente Jimin, mirando sus latas de leche condensada. Había estado pensando en eso. En la sencillez de los sabores de su infancia.
Jungkook, acariciando un trozo de carne yangji como si fuera un animalito lastimado, murmuró:
— Yo solo quería que no faltara… —
— Y no faltará — dijo V, sorprendentemente sereno. Había dejado de jugar con la granada y observaba a sus hermanos, su mirada artística captando algo más que el desorden.
— Pero tal vez, en lugar de un gran estofado que lo contenga todo, necesitamos… una colección. Como las canciones de un álbum. Cada una tiene su propia identidad, pero juntas crean algo completo —
La metáfora resonó en el aire. Era algo que entendían en lo más profundo de sus huesos.
Jin dejó caer la cuchara con un clink metálico. Se pasó una mano por el pelo, deshaciendo el último resto de su peinado. Miró alrededor. Vio la fatiga en los rostros, la frustración, pero también el tenaz destello de cariño que los había reunido allí en primer lugar.
— Está bien — susurró, y luego, con más fuerza.
— Está bien. Operación “Reset Navideño”. —
Se acercó a la olla del caldo monstruoso y, con decisión, apagó el fuego.
— A esto le daremos un funeral digno más tarde. Ahora, escuchen. Dividamos las fuerzas, pero esta vez… en equipo. Y con un menú que podamos manejar —
Con una nueva energía, esta vez más coordinada, se reagruparon.
— Suga-hyung, tú eres el rey de lo básico. El arroz y los fideos son tu dominio. Nada los toca — ordenó Jin.
Suga asintió, una sombra de satisfacción cruzando su rostro. Un territorio seguro.
— RM, tú y yo nos encargamos de lo salvable. Escogeremos las mejores verduras, las lavaremos y las cortaremos para un namul sencillo. Algo que sepa a verdura, solo a verdura.
RM sonrió, aliviado. La filosofía de lo esencial. Podía trabajar con eso.
— Jungkook, tú tienes la carne. Pero olvida el estofado. Hagamos bulgogi rápido. Es simple, es sabroso, y tienes un tutorial en el teléfono. Yo te ayudo con la salsa, pero una normal, por favor. Nada de fuego dragón —
Jungkook, liberado de la presión de la “contingencia”, asintió con entusiasmo renovado. ¡Bulgogi! Eso sí que sabía hacer, o al menos, entender.
— J-Hope, Jimin — Jin los miró.
— Vosotros sois el equipo del “toque especial”. Pero medido. J-Hope, elige UNA especia, la que mejor huela con la carne. Jimin, de tu tesoro de leche condensada… ¿podemos hacer algo? ¿Un postre simple? —
Jimin se iluminó.
— ¡Latte! ¡Podemos hacer lattes dulces con leche condensada! Y… ¡fruta con yogur! —Señaló las frutas de V.
— Perfecto. V, — Jin se volvió hacia él.
— Tú eres el director de presentación. Cuando todo esté listo, tú decides cómo se ve en la mesa. Haz que se vea… como nosotros. No perfecto. Pero especial —
V hizo un gesto de aprobación con el pulgar, su sonrisa amplia y genuina. Por fin, su arte tendría un lienzo coherente.
Y así, como si un director hubiera afinado por fin una orquesta desafinada, la cocina cobró un nuevo ritmo. Ya no era el estruendo del caos, sino el murmullo concentrado de la colaboración. El sonido del cuchillo de RM cortando espinacas con cuidado, el susurro aceitoso de la carne de Jungkook en la sartén, el suave batido de Jimin mezclando yogur y leche condensada, el ordenado despliegue de Suga. J-Hope, tras oler todos sus frascos, eligió solo unas semillas de sésamo tostadas y un poco de aceite de oliva suave. “Para acentuar, no para dominar”, dijo, y era una revelación.
Editado: 30.12.2025