Especial de San Valentin: La voz de tu corazón

Capítulo 1

La cocina estaba bañada por la luz del mediodía. Naomi mientras revolvía distraída una olla, hablaba con su mejor amiga, con el celular apoyado contra un frasco de azúcar.

—No puedo creer que estés cocinando tranquila faltando tan poco para San Valentín —dijo Amelie desde la pantalla, con una sonrisa cargada de picardía—. Decime la verdad… ¿ya pensaste qué le vas a regalar a Elian?

Naomi hizo una mueca, como si la pregunta la hubiera tomado desprevenida… aunque llevaba toda la mañana rondándole la cabeza.

—No —admitió—. O sea… lo pensé, pero no sé qué se hace. Nunca celebré San Valentín así.

—¿Así cómo?

—Con alguien —dijo Naomi, encogiéndose de hombros.
Amelie abrió los ojos, exageradamente.

—Perdón, ¿acabas de decir el primer San Valentín con Elian Ivanov y estás improvisando?

Naomi rió, apoyándose contra la mesada.

—No te rías. En serio no tengo idea. Y él no espera nada, eso es lo peor. Me dijo que no hacía falta, que con estar juntos alcanzaba.

—Naomi, los regalos no se preguntan. ¡Son sorpresas!
—Bueno, no me retes... todo eso nuevo para mí —se defendió.

—Te perdono porque sos mi mejor amiga.
Naomi suspiró pensativa.

Amelie hizo una pausa y al rato sonrió de golpe, como si acabara de recordar algo importante que pudiera ayudar a su amiga.

—¿Te acordás del club de fans en el Circo Clown?
Naomi levantó la vista.

—¿Cómo olvidarlo?

—Las reuniones secretas, las cartulinas, los dibujos horribles, las cartas que nunca le dimos…

—Y vos organizando todo como si fuera una misión de vida o muerte —se rió Naomi.

—Exacto —dijo Amelie—. Tal vez todo eso que amábamos hacer te puede dar una idea para aprovechar. Ahora ya no se puede hacer por parte del club. Elian está en Italia… y además…—Hizo una pausa dramática bien teatral— ya no está disponible.
Naomi negó con la cabeza, divertida.

—No exageres. Si mañana apareciera un regalo del club de fans, no me pondría celosa.

—¿Seguro?

—Seguro —respondió—. No deja de ser cariño. Además… él siempre despertó eso en la gente.

Amelie la observó un segundo, con una sonrisa distinta, más tranquila, pero antes de que pudiera tirarle una idea más, el sonido de una llave girando en la cerradura anunció la llegada antes de Elian.

Naomi apenas tuvo tiempo de apoyar mejor el celular, para disimular la llamada y que no se descubriera la conversación sobre el regalo.

—¿Huele bien o es que llegué con hambre? —preguntó, asomándose por encima de su hombro.
Naomi sonrió sin darse vuelta.

—Todavía no está listo.

Elian dejó su abrigo sobre la silla y mientras se acomodaba el pelo revuelto por el viento, reparó en la pantalla encendida.

—¿Amelie? —dijo, acercándose—. ¡Pero mirá quién está ahí!

—¡Hola Elian! —exclamó—. Pensé que eras un espejismo.

Elian rió y levantó la mano en un saludo informal.

—¿Cómo estás?

—Bien, mejor ahora que te veo —respondió—. Decime… ¿seguís entrenando o ya abandonaste todo para dedicarte a ser manager elegante en Italia?
Naomi apretó los labios para no reírse.

—Entreno —se defendió él—. Menos de lo que quisiera, más de lo que Naomi cree.

—Ajá —dijo Amelie, ladeando la cabeza—. ¿Y eso incluye algo de circo o ahora todo es llamadas, agendas y caras serias?

—Ey —protestó Elian—. Puedo ser serio y divertido al mismo tiempo.

—Confirmo lo de divertido —intervino Naomi—. Lo de serio… depende del día y con quien.

—¡Eso si debe dar miedo! Elian serio debe parecer mas tu guardaespaldas que tu novio.

—Casi —rió con gracia Naomi.

—Tengo que poner límites sino los periodistas y los empresarios quieren hacer lo que quieren.

—¿Y seguro que también con alguien llamado Gianluca, no?

Antes de que Elian pudiera responder —porque, en el fondo, sabía que Amelie no se equivocaba del todo—, Naomi carraspeó, un poco más fuerte de lo necesario.

—El ambiente artístico es así —dijo finalmente—. Todo el mundo se cruza con todo el mundo.

Amelie alzó una ceja.
—Eso no fue una respuesta.

Elian esbozó una sonrisa mínima, apenas una sombra.

—No me molesta que se crucen por trabajo —aclaró—. Lo que me molesta es cuando alguien no sabe medir el impacto que tiene en los demás.

Elian bajó la mirada apenas un segundo. No era enojo lo que sentía cuando pensaba en Gianluca, pero tampoco indiferencia. Era una mezcla incómoda: la certeza de que ese nombre siempre estaría ligado a Naomi, a una etapa confusa de su vida, a decisiones tomadas desde el dolor y no desde el amor.

Gianluca no era el villano de la historia, lo sabía. Había sido torpe, intenso, demasiado orgulloso… y había lastimado sin medir consecuencias. Eso, para Elian, era suficiente motivo para mantener cierta distancia.

Además, no podía ignorar lo evidente: el trabajo los obligaba a cruzarse. Los escenarios compartidos, los ensayos, las miradas del público, incluso el apellido Manna flotando como una sombra persistente. Todo eso hacía que Gianluca siguiera estando ahí, incluso cuando Naomi ya había seguido adelante.

—Amelie —dijo Naomi—. ¿No tenías algo que hacer?

—Siempre —respondió ella—. Pero me gusta molestar un rato.

Elian apoyó el codo en la mesada, relajado.

—¿Cuándo venís a visitarnos? —preguntó.

—Cuando el Jefe nos dé vacaciones —respondió rodando los ojos—. La nueva obra del circo está siendo un suceso, tanto que extendimos la fecha de cierre. Y a la vez se rumorea lo próximo que quieren poner en escena —continuó Amelie—. Y espero, de verdad, que sea con ustedes arriba del escenario.

—Yo estaría dispuesto a volver al escenario -respondió Elian.

—Es una buena idea volver —admitió Naomi —. Para darle un cierre. Aunque no quiero dejar de ser parte del circo. Nunca del todo.

Amelie sonrió desde la pantalla, con esa mezcla de ternura y picardía que la caracterizaba.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.