La tarde le regaló a Naomi un tiempo sin entrevistas, ni compromisos urgentes. Con ese tiempo libre, aprovechó a hacer una caminata tranquila por las calles de Roma, con el bolso colgado del hombro y con una idea que podía ser un lindo regalo de San Valentín.
A los pocos minutos entró a una tienda con la decisión clara de que prepararía con sus propias manos el desayuno.
Recorrió los estantes con calma, eligiendo harinas finas, azúcar, chocolate amargo, huevos frescos. Mientras colocaba cada cosa en la canasta, pensaba en una torta casera, en un pan hecho por ella, en el aroma tibio que invadiría la cocina por la mañana. También agregó un frasco de mermelada artesanal, convencida de que los pequeños detalles siempre encontraban su lugar cuando se hacían con amor.
Más tarde llegó a otro negocio, para elegir un lindo juego de tazas. No tardó mucho en pararse frente a unas que parecían pensadas para estar juntas. No eran idénticas, pero combinaban con un estampado suave y líneas delicadas. Naomi sonrió. Las imaginó sobre la bandeja, lado a lado, y supo que eran perfectas para compartir un desayuno de San Valentín.
Cuando regresó a casa, el cielo empezaba a teñirse de tonos cálidos. Guardó todo con cuidado, como quien esconde una sorpresa antes de tiempo. Elian seguía en la habitación, concentrado entre agendas, llamadas y correos, ajeno —por ahora— a los pequeños planes que Naomi iba tejiendo para ellos.
El sonido del celular vibró sobre la mesada. Naomi giró apenas la cabeza. El teléfono había quedado entre las bolsas del supermercado todavía sin guardar. Lo agarró enseguida, con la idea de que fuera su mamá, Elisa. Hablaban casi todos los días, y hasta ese momento todavía no lo habían hecho.
Sin embargo, no era ella.
El nombre que apareció en la pantalla era Gianluca.
Lo abrió sin apuro, apoyando la cadera contra la mesada.
Gianluca:
Acabo de salir del canal. Reunión eterna… Pero valió la pena 😉
Naomi:
Eso suena a primicia
Gianluca:
Tal vez 😏
Naomi:
No te hagas el misterioso y contame
Gianluca:
El 13 de febrero voy a estar en el programa de Isabella. Un programa especial previo a San Valentín.
Naomi:
¿En serio? Va a ser una linda propuesta para dar a conocer tus canciones
Gianluca:
Sí. Canciones románticas entre charlas distendidas. Todo muy “amor en el aire”
Naomi:
Jajaja diría que es muy Isabella.
Gianluca:
Y… dato no menor: Según la lista, vos también estás invitada.
Naomi alzó las cejas, sorprendida. Desde que habían dejado los estudios del Show de las Estrellas, no se habían vuelto a cruzar en una entrevista.
Naomi:
Mirá vos…Entonces esta vez nos veremos en cámara.
Gianluca:
Como en los viejos tiempos.
Naomi:
Será divertido, no lo dudo.
Gianluca:
Yo tampoco😉Buen descanso, Na😘
Naomi:
Que descanses 😊
El celular volvió a quedar sobre la mesada justo cuando escuchó la puerta abrirse.
Elian apareció en la cocina con la cara cansada, luego de una reunión larga a travez de la computadora. Se aflojó el cuello de la camisa mientras avanzaba unos pasos y, al verla, su expresión se suavizó.
—¿Llegaste hace mucho?
—Recién —respondió Naomi—. Estaba guardando unas cosas… y justo me escribió Gianluca.
El nombre quedó suspendido en el aire. Elian bajó la mirada un instante antes de continuar.
—¿Ah, sí?
—En los próximos días va a estar en el programa de Isabella. En un especial de San Valentín. Y, al parecer, yo también.
Elian levantó la vista, sorprendido de no ser él quien daba la noticia.
—Eso ya lo sabía. Te lo iba a decir ahora —su comentario sonó igual a un nene quejándose—. Lo que no sabía era que él también iba.
Naomi sostuvo su mirada. Elian no parecía enojado, pero tampoco indiferente a la noticia; y un leve cosquilleo incómodo recorrió su pecho.
Elian descruzó los brazos y volvió a cruzarlos, como si todavía estuviera acomodando algo que no terminaba de encajar.
—Tal vez fue algo de último momento —agregó ella, con naturalidad—. Salió del canal y puede que del mismo entusiasmo lo haya contado... no por otra cosa.
Elian asintió.
—Claro.
El silencio volvió a instalarse.
Naomi sabía reconocer ese gesto en él: esa quietud que aparecía cada vez que el nombre de Gianluca volvía a entrar en escena.
Naomi lo miró un segundo más de lo habitual. Elian ya no tenía los brazos cruzados. Observaba distraídamente una de las bolsas que ella había dejado sin guardar.
—Además de lo de Isabella… —continuó Naomi, con tono ligero— ¿se confirmó algo más para las próximas semanas?
Elian levantó la vista.
—¿A qué te referís?
—No sé… —se encogió apenas de hombros—. La productora. Alguna devolución. Está todo demasiado tranquilo.
La pregunta cambió el eje. Él lo notó y se acomodó mejor contra la mesada, esta vez sin esa rigidez que habia sentido.
—Sí, hubo respuestas —dijo—. Cerramos dos entrevistas para portales. Una es bastante grande. Y quieren una sesión acústica para la semana que viene.
Naomi sonrió, genuinamente.
Mientras él empezaba a explicarle detalles —fechas, horarios, contactos— su voz recuperó naturalidad. El tono profesional, seguro.
La tensión se diluyó apenas. Naomi asentía, hacía preguntas, se acercó un poco más para mirar la pantalla cuando él le mostró el mail.
—No sabés el hambre que me dio trabajar —dijo de pronto, soltando el aire—. Entre llamadas y reuniones me olvidé de comer.
Naomi sonrió.
—Menos mal que compré unos panini.
—Eso es literalmente una salvación. Si no, no llego a la cena.
—¡Exagerado!
Elian alzó una ceja, pero la sonrisa ya era más auténtica.
Mientras ella los calentaba, el sonido suave del horno ocupó el silencio que quedó flotando entre los dos.
Naomi no necesitó mirarlo para saber que algo volvía a cruzarle la cabeza. Lo conocía en esos pequeños cambios como mirada fija en un punto que no estaba realmente allí.