Especial de San Valentin: La voz de tu corazón

Capitulo 3

En la penumbra de la habitación, Naomi seguía despierta.

Elian respiraba con regularidad a su lado, pero ella no lograba encontrar el mismo ritmo. Tenía los ojos abiertos, fijos en el techo, repasando el día como si algo se le hubiera escapado entre las manos.

Dos veces había aparecido el nombre de Gianluca. Dos veces Elian había quedado en silencio.

No fue lo que dijo. Fue lo que no dijo.

Naomi sintió esa incomodidad conocida, una presión suave en el pecho que no sabía nombrar del todo. Sin embargo, se parecía a la duda.

¿Y si estaba haciendo algo mal?

Elian nunca dudaba de ella. Lo sabía.

Pero cada vez que ese nombre surgía, algo en él se tensaba. Y esa tensión la atravesaba.

Desde chica había aprendido algo peligroso: cuando las cosas se rompen, es porque ella no supo hacerlo mejor.

Cerró los ojos y giró apenas sobre la almohada, cuidando de no despertarlo. Pensó en lo simple que había sido para ella perdonar. En lo natural que le salía no romper los vínculos. En cómo, a veces, esa misma forma de ser parecía volverse un problema.

Tal vez en la entrevista tendría que mantenerse más distante. No reír tanto. No dar lugar a confusiones. Si podía evitar que él se sintiera incómodo, lo haría.Aunque eso implicara correrse un poco de los afectos.

La idea la dejó más intranquila que cualquier rumor.

A la mañana siguiente, el aire estaba frío.

El auto se detuvo frente al edificio del canal unos minutos antes de la hora pactada. Naomi respiró hondo antes de bajar. Se acomodó el abrigo, observando el movimiento constante de personas entrando y saliendo. Todo parecía demasiaso acelerado.

Elian descendió primero y le abrió la puerta, como siempre.

—Todo va a salir bien —dijo con esa seguridad tranquila que tantas veces la había sostenido—. Es solo una entrevista.

Naomi sonrió.

—Decís eso porque no sos vos el que va a sentarse frente a las cámaras.

Él rió, relajado.

—Para eso estoy yo. Manager, apoyo emocional y guardaespaldas improvisado si hace falta.

Ella asintió. Pero por dentro ya había activado el modo cuidado. No importaba que en esa entrevista no estuviera Gianluca. Igual se portaría con cierta distancia para medir gestos y palabras.

Entraron juntos al canal.

La espera fue breve. Apenas Naomi fue llamada por una asistente para ultimar detalles de maquillaje y sonido, Elian aprovechó el movimiento para mirar el reloj y luego su celular. Dudó un segundo… y tomó una decisión.

—Voy a hacer una llamada rápida —dijo, como si fuera algo sin importancia—. Ahora vuelvo.

Naomi asintió sin pensar demasiado. Estaba muy concentrada en lo que se venía.

Elian salió del edificio y, apenas cruzó la puerta, marcó un número que conocía de memoria.

—Gioia —saludó cuando atendieron—. Perdón que lo moleste… necesito un consejo.

Del otro lado, la voz serena de Gioia sonó divertida.

—Cuando alguien me llama así, siempre es por algo importante.

—San Valentín —confesó con una sonrisa—. Y no tengo idea de chocolates. Necesito que sea especial.

Hubo un breve silencio.

—Entonces no vayas a cualquier lugar —respondió Gioia—. Hay una chocolatería cerca de Campo de’ Fiori. Tradicional. Nada ostentoso. Pero imposible de olvidar.

—Sabía que podía contar con usted.

—Y Elian… —agregó Gioia antes de cortar—. A veces el mejor regalo no es lo que se compra, sino lo que se recuerda.

Elian se quedó mirando la pantalla unos segundos después de colgar. Esa frase se le quedó dando vueltas mientras caminaba por las calles de Roma, dejándose llevar hasta la pequeña chocolatería que Gioia le había indicado.

El local era cálido, con vitrinas de madera y aromas intensos a cacao. Eligió una caja sencilla, elegante. Cuando la empleada le extendió la bolsa, apoyó encima un sobre pequeño con una tarjeta en blanco.

—Por si quiere escribir unas palabras —le dijo.

Elian sostuvo la tarjeta entre los dedos… y entonces la idea apareció muy clara e inevitable.

Pidió una lapicera y se sentó unos minutos en una de las mesas del fondo. Las palabras no salieron de inmediato. Respiró hondo hasta que dejó que su corazón hablara.

Cuando terminó de escribir, dobló la tarjeta con cuidado y la guardó en el sobre.

Tenía pensado otros regalos, pero no podía tardar en llegar al canal o su sorpresa podía ser descubierta.

Cuando terminó la entrevista, Naomi salió del estudio con una sensación extraña. No había sido difícil. Las preguntas fueron correctas, profesionales e incluso se sintió cómoda. Sin embargo, Elian no estaba.

Miró alrededor del pasillo y luego sacó el celular. Tampoco tenía mensajes.

Intentó convencerse de que no era nada. Él había dicho que haría una llamada. Nada más.

Se sentó a esperar. No quería pensar así. Menos convertir todo en un problema. Pero la sensación de estar haciendo algo mal volvía una y otra vez.

Cuando lo vio acercarse por el pasillo, se puso de pie de inmediato.

—¿Todo bien? —preguntó con suavidad.

—Sí, claro. —Elian asintió, relajado—. ¿Terminaste?

—Sí… —respondió, observándolo con cuidado—. Pensé que… bueno, que tal vez te habías ido porque…

Se quedó a mitad de frase y Elian frunció apenas el ceño.

—¿Porque qué?

Naomi dudó. No quería sonar acusatoria. Ni demandante.

—Es que… siempre estás —dijo finalmente—. Y me pareció raro no verte ahí —agregó con timidez.

—Tenía que resolver unas cosas. A veces se me juntan varias al mismo tiempo.

Su tono fue tranquilo, entonces Naomi asintió de inmediato.

Claro. Era lógico. Él tenía sus tiempos, sus responsabilidades. Sus ganas de hacer lo que quisiera. No era justo esperar que estuviera pendiente de cada movimiento suyo.

Naomi sintió el calor subirle al rostro. Tal vez había sonado como si le estuviera reclamando algo que él hacía porque quería, no porque debía.




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