Después de lavarse la cara y atarse el cabello, Naomi fue directo a la cocina. Abrió la alacena y sacó los ingredientes que había comprado la tarde anterior: harina, azúcar, cacao amargo, levadura, huevos. Los acomodó sobre la mesa con cuidado, como si ordenar todo la ayudara a ordenar también lo que tenía en la cabeza.
Antes de empezar, tomó el celular.
Naomi:
¿Estás despierta, mamá?
Hoy necesito ayuda de una italiana experta 🤍
La respuesta llegó casi de inmediato.
Elisa:
Siempre despierta para vos.
¿Qué estás tramando?
Naomi sonrió mientras se ataba el delantal.
Naomi:
Pan casero… y una torta simple.
Quiero que salga bien. Desde cero.
Elisa:
Entonces prepará todo sin apuro.
La cocina también escucha el corazón y los tiempos de quien cocina.
Naomi se quedó mirando la pantalla unos segundos. Su corazón venía latiendo acelerado desde hacía días, y por un instante deseó que eso no influyera en nada de lo que estaba por hacer.
Suspiró y dejó el teléfono a un lado. Se puso manos a la obra.
Amasó despacio, sintiendo cómo la masa cambiaba bajo sus dedos. La cocina empezó a llenarse de un aroma tibio que le recordó a la casa de su madre. Elian había salido a correr apenas ella comenzó a preparar todo. Le dio un beso rápido en la sien y prometió no tardar. Naomi lo vio alejarse desde la ventana, con esa energía tranquila que tenía cuando necesitaba despejarse.
Ahora la casa estaba en silencio.
El movimiento constante de amasar la ayudaba a no pensar en la entrevista de la tarde.
Se obligaba a enfocarse en lo concreto, como al aroma de la levadura del pan que descansaba cubierta con un repasador limpio.
Estaba en eso cuando el teléfono vibró sobre la mesada. El sonido fue breve, pero suficiente para tensarle los hombros.
No quería mirar. Sabía que podía ser cualquier persona. Pero desde hacía días, cada notificación le provocaba el mismo sobresalto.
Continúa...Se secó las manos en el delantal y giró el teléfono.
Gianluca:
“Ya falta poco para vernos. ¿Cómo te preparás?”
Leyó el mensaje dos veces. No había nada fuera de lugar. Era lógico. La entrevista era importante para ambos y había llegado el día.
Aun así, el pulso se le aceleró más.
No por lo que decía el mensaje, sino por lo que podía generar.
Sintió un peso en el pecho al darse cuenta que el recuerdo de la última incomodidad seguía fresco.
Dejó el celular boca a bajo y volvió al bol para retomar el batido, esta vez con más fuerza de la necesaria. El movimiento le ayudaba a no pensar. A no imaginar escenarios que todavía no existían.
No iba a responder. No ahora.
No quería agregar tensión a un día que estaba intentando mantener en calma.
La mezcla de la torta empezó a tomar consistencia. Añadió la manteca derretida y siguió batiendo hasta que el brazo le dolió.
Entonces, el teléfono volvió a vibrar.
Esta vez no miró de inmediato. Respiró hondo. Se dijo que no importaba. Que no tenía por qué alterarse.
Cerró los ojos un segundo antes de girarlo y se preparó para volver a ver el mismo nombre.
Pero no.
Era Amelie.
Atendió casi de inmediato.
—¡Hola!
—Bueno —dijo su amiga sin saludo previo—. Necesito saber en qué estado está ese regalo. No acepto respuestas vagas.
—Está encaminado.
—Eso no significa nada.
Naomi dejó escapar una pequeña risa.
—Estoy haciendo pan y una torta para empezar el desayuno. Mi mamá me pasó la receta.
—Eso suena mejor. ¿Y el resto?
—Tengo algunas ideas… pero sí, dejé cosas para último momento.
Amelie guardó silencio unos segundos.
—Nao… ¿qué pasa?
Naomi frunció el ceño.
—Nada.
—Te conozco. Cuando estás bien hablás rápido. Ahora estás midiendo cada palabra.
Naomi miró la ventana. El cielo gris de febrero cubría las fachadas de las casas.
—Estoy un poco nerviosa...
—Eso es normal.
—No lo creo...
La frase salió sin que lo planeara.
Continúa...Del otro lado, Amelie no interrumpió.
Naomi tragó saliva.
—A veces siento que tengo que estar revisando todo lo que hago. Lo que digo. Con quién hablo. No porque Elian me lo pida… sino porque no quiero incomodarlo.
—¿Pasó algo?
Naomi dudó.
—Gianluca escribió recién. Nada importante. Una pregunta sobre la entrevista que tendremos hoy. Pero me quedé pensando… que debo tomar distancia con él.
—Ey, que Elian y a mi no nos agrade mucho, no quiere decir que debas dejar de relacionarte con él.
—Pero... —a Naomi las palabras se le atoraban.
—¿Y entonces?
Naomi apoyó la palma sobre la mesada, como si necesitara sostenerse.
—Me cansé de anticipar conflictos que todavía no existen. Me pongo nerviosa y me agustio.
—¿Elian se enojó?
—No.
—Entonces estás discutiendo sola en tu cabeza.
Naomi guardó silencio.
—No quiero que él sienta que tiene que competir con Gianluca —dijo finalmente—. Y tampoco quiero vivir explicando cada conversación.
—Escuchame bien. No estás haciendo nada incorrecto —Amelie exhaló despacio.
—Lo sé...
—No, Naomi. Lo sabés en la cabeza. Pero en el cuerpo estás actuando como si hubieras cometido una falta.
Naomi cerró los ojos un segundo.
—Solo quiero que estemos bien.
—Eso no se logra escondiendo lo que piensas ni caminando sobre puntas de pie.
Naomi dejó salir el aire lentamente.
—Tengo miedo de que algo tan pequeño termine creciendo.
—Entonces hablalo cuando haga falta. No antes. No te adelantes a una discusión imaginaria.
Hubo un silencio breve.
—¿Estás feliz con él? —preguntó Amelie.
Naomi no dudó.
—Sí.
—¿Te ama?
—Sí.
—Entonces lo que tienen es más grande que un mal entendido.
—A veces siento que si me equivoco una vez más, se va a romper todo.