Cuando el pan entró al horno, el departamento comenzó a llenarse de ese aroma tibio e irresistible que no se puede ignorar. Y como si el olor lo hubiera invocado, Elian regresó.
Naomi lo escuchó entrar, dejar las zapatillas junto a la puerta, suspirar cansado. Un segundo después apareció en la cocina, con el pelo aún húmedo y esa sonrisa que siempre se le dibujaba cuando algo lo sorprendía.
—¿Pan recién hecho? —preguntó, maravillado—. Eso debería ser ilegal.
—No es para vos —dijo Naomi sin mirarlo, demasiado rápido.
Elian se quedó quieto.
—¿Cómo que no es para mí?
—No —repitió ella, intentando sonar natural—. Es… para Giuseppe.
Elian frunció el ceño, desconfiado.
—¿Giuseppe?
—Sí —asintió—. Siempre nos trae cosas dulces, pastas… es una forma de devolverle el gesto.
Elian dudó. Miró el horno. Miró a Naomi.
—Mmm… —murmuró—. Puede ser.
No parecía del todo convencido, pero no insistió y Naomi respiró aliviada.
Después de almorzar, el departamento quedó envuelto en esa calma que llega cuando el día ya hizo lo suyo. Naomi fue a ducharse mientras que Elian se quedó en la cocina ordenando.
Bajo el agua caliente, Naomi pensaba en el mensaje que todavía no había respondido. Por eso apenas terminó de bañarse, entró al cuarto con el teléfono en la mano. Se sentó en la cama, apoyó los codos en las rodillas y respiró hondo. Sabía que dejar el mensaje sin respuesta podía interpretarse mal. Y también sabía que responder abría una puerta que prefería mantener controlada.
Volvió a respirar hondo y escribió despacio:
“Lista para salir al trabajo. Nos vemos en pocos minutos.”
Lo leyó. Era correcto. Sin espacio para dobles sentidos. Justo lo que necesitaba, y lo envió antes de darle más vueltas.
Elian entró a la habitación y se acercó para sentarse al lado de ella.
—¿Cómo te sentís para la entrevista? —preguntó, mirándola con atención.
Naomi dudó apenas.
—Bien… ya conozco a Isabella, conozco el canal. Eso me da tranquilidad.
—Te va a ir increíble —sonrió—. Las canciones que elegiste van a ser un lindo regalo de San Valentín para el público.
Naomi le sostuvo la mirada. Le hubiera gustado quedarse en ese momento, en esa certeza sencilla.
—Gracias.
ContinúaEl camino al canal fue tranquilo, pero al llegar, el movimiento los envolvió enseguida. Técnicos, luces, voces que iban y venían.
Entre la multitud Gianluca caminaba con esa soltura que siempre llamaba la atención.
Se acercó con una sonrisa como si el dia fuera radiante. Saludó primero a Elian, con un apretón de mano firme.
Después miró a Naomi, y su sonrisa cambió apenas, para volverse más cercana.
—¿Cómo estás, Naomi? Me alegra que otra vez nos toque estar juntos compartiendo un estudio de televisión.
—Trae muchos recuerdos, así que vamos a ver que sale.
—Con Isabella nos sentiremos como si ffuera una charla con amigos —dijo él.
Llevaba una pequeña bolsita de papel en la mano y sin anunciarlo, se la ofreció.
—Después abrilo.
Naomi lo miró sorprendida.
—Gianluca… no hacía falta.
—No es nada importante —respondió con naturalidad—. Solo un detalle. Me alegra que podamos volver a compartir esto. Extrañaba trabajar con vos.
La frase salió simple, casi liviana. Pero tuvo su peso.
Naomi sintió cómo algo se tensaba en el ambiente. No hizo falta mirar para saber que Elian había escuchado cada palabra.
Tomó la bolsita.
—Gracias —dijo, sincera, aunque por dentro la incomodidad ya empezaba a crecer.
Continúa...Elian observó la escena en silencio. No estaba enojado, pero tampoco estaba indiferente.
Un asistente anunció que faltaban quince minutos para salir al aire.
Elian respiró hondo y acomodó su campera.
—Bueno… los dejo para que se preparen tranquilos —dijo, mirando a Naomi—. Yo voy a salir un momento.
—¿Vas a volver para cuando sea mi turno?—Naomi preguntó enseguida para asegurarse de que no iba a estar ausente de nuevo.
—Sí, claro —respondió él—. Solo quiero hacer una cosa rápido.
Se acercó un poco más a ella, lo suficiente para que el gesto fuera íntimo en medio del ruido.
—Que te vaya increíble —murmuró.
Naomi asintió.
—Gracias por venir conmigo.
—Siempre voy a venir.
La frase fue cálida, pero tenía una profundidad distinta esa noche.
Elian saludó a Gianluca con una leve inclinación de cabeza y se fue.
Cuando se quedó sola con él, Naomi sintió el peso de la bolsita en la mano.
Gianluca la observó con atención.
—¿Dije algo que no debía?
—No… solo que a veces las palabras pueden sonar un poco diferente de lo que uno piensa.
Él frunció el ceño, reflexivo.
—No quise incomodar a nadie. Solo… fue lindo volver a verte acá.
Naomi suavizó el gesto.
—Lo sé. Y te agradezco el detalle. De verdad.
Pero mientras guardaba el regalo en su cartera, pordentro sabía que nada era tan simple como sonaba.