Especial de San Valentin: La voz de tu corazón

Capítulo 11

La claridad comenzó a deslizarse por detrás de las cortinas y fue llenando el living con una luz suave, Naomi abrió los ojos despacio y permaneció quieta, sintiendo el peso cálido del brazo de Elian rodeándole la cintura y el ritmo acompañado de su respiración contra su espalda, mientras el silencio de la mañana envolvía la casa con una calma que parecía recién nacida.

San Valentín.

Había imaginado ese día con una ligereza distinta, con planos ordenados en su cabeza y una emoción casi infantil por cada detalle preparado, y sin embargo lo que sentía ahora era más profundo, porque la conversación de la madrugada todavía vibraba en su interior y le dejaba la certeza de que habían dado un paso que no siempre es fácil dar: mirarse con honestidad, hablar desde el miedo y aun así quedarse.

Giró apenas el rostro para observarlo. La luz del amanecer dibujaba una línea dorada sobre su perfil y suavizaba sus rasgos. Apoyó la palma sobre su pecho y percibió el latido firme bajo la tela de la camiseta, y esa sensación simple la llena de una serenidad nueva.

—Está amaneciendo —susurró,

Elian abrió los ojos lentamente y la miró con una expresión descansada, como si la noche hubiera ordenado lo que antes estaba revuelto.

—Hola —murmuró, acercándose un poco más.

Naomi insistió y sostuvo su mirada.

—Feliz San Valentín.

—Feliz San Valentín —respondió él, entrelazando los dedos con los suyos.

Naomi respiró hondo y dejó salir lo que llevaba pensando desde que despertó.

—Es diferente a lo que había imaginado, pero me gusta más así, porque siento que anoche pudimos enfrentar lo que nos incomodaba y eso me hace sentir más cerca tuyo.

Elian acarició el dorso de su mano con el pulgar y mantuvo esa cercanía con una sonrisa tranquila.

—Yo también lo siento así.

La luz se volvió más intensa y comenzó a teñir el ambiente de un dorado tenue que parecía abrazarlos, y Naomi se incorporó con cuidado, apoyando los pies descalzos en el piso fresco mientras una energía suave y decidida le recorría el cuerpo.

—Quedate aquí —dijo, mirándolo con una chispa cómplice—. Quiero que el día empiece como lo soñé, aunque haya tomado otro camino para llegar.

Fue hacia la cocina y dejó que el sonido del café preparándose llenara el silencio, mientras el aroma cálido se expandía por la casa y se mezclaba con la claridad creciente de la mañana.

Preparó las tostadas con el pan casero que había hecho el día anterior, cortó una porción de torta de chocolate que había reservado con anticipación y acomodó las dos tazas nuevas que había comprado pensando en este instante, disfrutando la sensación de estar construyendo algo con sus propias manos.

Por último tomó el sobre blanco y pasó los dedos por la letra que había escrito con dedicatoria la noche anterior: Feliz San Valentín.

Dentro estaba lo que más le costaba expresar en voz alta y que, sin embargo, necesitaba decir.

Volvió al vivir con la bandeja entre las manos y encontró a Elian observándola con una mezcla de ternura y expectativa que le calentó el pecho. Dejó todo sobre la mesa baja y se sentó junto a él, buscando su cercanía de forma natural.

—Esta era mi sorpresa —dijo, entregándole el sobre.

Elián miró la bandeja, luego la torta y entrecerró los ojos.

—Un momento… —dijo con una sonrisa ladeada—. ¿Esta no es la torta que “era para Giuseppe”?

Naomi se quedó congelada un segundo… y después soltó una risa nerviosa.

—Bueno… sí.

—Ya me parecía —rió él—. Sabía que Giuseppe no tenía tanta prioridad.

Ella le dio un pequeño golpe en el brazo.

—No podía arruinar la sorpresa.

Elián tomó un pedazo con el tenedor, lo probó y cerró los ojos exageradamente.

—Igual… Giuseppe también se merece probar esta delicia.

Naomi rio divertida.

—Sin dudas que le voy a hacer una.

Y ahí, entre risas suaves y miradas cómplices, Elian observó qué en la bandeja descansaba un sobre. Lo tomó con cuidado y la miró como si en ese gesto hubiera más que un simple papel.

Naomi apoyó la cabeza en su hombro mientras el sol terminaba de iluminar la habitación y Elian pasaba a leer la carta:

Feliz primer San Valentín.

Si te soy sincera, desde la primera vez que te conocí soñé con escribirte lo que significás para mí, pero ya sabés… soy un poco tímida.

Muchas veces pensé en hacerlo cuando todavía eras ese amor secreto que guardaba en silencio. Cuando vi que recibías cartas de tu club de fans y yo, en el fondo, también quería ser parte. Sin embargo, nunca lo hice. Creo que era porque quería que fuera más especial.

Y aunque durante mucho tiempo fuiste mi amor secreto… jamás imaginé que llegaría este día. Que estaría escribiéndote como la persona que camina a tu lado. Como la mujer que tiene la suerte de llamarte “mi amor”.

Desde que decidió acompañarme en este viaje por Italia, todo cambió. No fue solo un cambio de ciudad. Fue un cambio de vida. Y vos lo hiciste sin garantías, sin promesas perfectas… solo por elegirnos. Ahí entendí algo que no voy a olvidar nunca: pasaste a ser mi pilar. Mi hogar lejos de casa, porque a tu lado todo se siente más firme.

Con este desayuno casero quise regalarte un pedacito de lo que vos me das todos los días: calidez. Esa sensación de abrigo cuando el mundo se vuelve incierto. Ese silencio compartido que me ordena por dentro.

Sos el refugio que me abraza cuando me siento perdida. Sos la calma en esos momentos donde empiezo a dudar de mí misma. Y, sobre todo, sos la persona que me elige incluso cuando las cosas no son fáciles.

Hoy celebro un amor real. Uno que crece día a día.

Gracias por mirarme como si supieras exactamente quién soy, incluso cuando yo todavía estoy descubriéndolo.




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