Después de desayunar, cuando las tazas ya estaban vacías y el aroma del café apenas persistía en el aire, Elian se levantó con una sonrisa que ocultaba una sorpresa.
—Esperá un segundo —dijo, y desapareció por la escalera.
Naomi lo observó con curiosidad divertida, abrazando sus rodillas sobre el sillón mientras lo escuchaba moverse en la habitación. Regresó con una caja mediana entre las manos y una sonrisa que intentaba parecer casual.
—Yo también tengo algo para vos. ¡Feliz San Valentin!
Naomi abrió la tapa despacio. La caja contenía los chocolates que Gioia le había recomendado días atrás, envueltos con un lazo delicado, y un pequeño peluche que parecía elegido con una ternura casi adolescente. Sobre ambos regalos descansaba una pequeña tarjeta, pero antes de que pudiera tomarla, Elian apoyó suavemente la mano sobre la suya.
—Esa no la podés abrir todavía —aclaró él, anticipándose—. Tenés que esperar hasta esta noche, después de la cena.
Naomi arqueó una ceja, fingiendo indignación.
—¿Encima con condiciones?
—Es parte del plan. No son condiciones —respondió, intentando parecer serio—. Es… el orden correcto.
Ella entrecerró los ojos.
—¿Orden correcto?
Elian dudó apenas un segundo y luego sonrió.
—Esto es la primera parte.
La expresión de Naomi cambió. Ya no era solo curiosidad; era intriga.
—¿Primera parte de qué?
—De todo el regalo —respondió él con naturalidad—. No quería que fuera algo que se abre y se termina. Quería que dure un poco más.
Naomi bajó la mirada hacia la caja otra vez. Acarició el peluche con ternura y luego tomó los chocolates, abrazándolos contra el pecho con gesto exageradamente protector.
Ella sostuvo los chocolates contra el pecho.
—Estos no los pienso compartir. Me hiciste llorar, así que ahora son míos.
Lo dijo con un tono serio, aunque la sonrisa la traicionaba. Elian soltó una risa y la atrajo hacia él, besándole la frente con suavidad.
—Podés quedártelos todos —susurró—. Yo ya tengo lo que quería.
—¿Y qué es eso?
Naomi sostuvo su mirada un segundo más, que le erizada la piel.
—Que estés conmigo.
-Siempre lo estaré -Naomi apoyó la cabeza contra su pecho, escuchando el ritmo estable de su corazón.