Espíritu y Armas ( leya y Ethan)

Capítulo 9: El regreso de la diva y el robo del siglo

Ethan

Tenía a Leya instalada en los alojamientos de oficiales VIP de la base mientras le ayudaba a gestionar sus papeles civiles y a buscar un lugar seguro donde vivir. Verla caminar por los pasillos militares con sus vestidos sencillos, contrastando con la artillería pesada y el ambiente rústico de la base, era un deleite sumamente sexi. Su timidez verídica seguía intacta, pero cada vez que nuestras miradas se cruzaban a pocos centímetros de distancia, sus ojos delataban que las famosas cosquillas en la barriga ya no eran por miedo, sino por el fuego que empezaba a crecer entre nosotros.

Estaba en la oficina de operaciones revisando unos mapas tácticos cuando la puerta se abrió de golpe con un estallido rústico de prepotencia. No necesité mirar para saber quién era. El aroma a perfume caro y la actitud de suficiencia absoluta la delataban.

La capitana Kiara Grayson, mi melliza, entró derrochando gracia, ajustándose la gorra militar con sus uñas perfectas color rosa pastel. Venía acompañada de Min-jae, quien caminaba a su lado con su habitual pulcritud, aunque me dedicó una mirada de sutil complicidad.

—Vaya, vaya, pero miren a quién tenemos aquí —soltó Kiara con una carcajada limpia y ruidosa, cruzándose de brazos mientras se apoyaba en mi escritorio—. El soldado ejemplar, el orgullo de papá, el comandante implacable de las operaciones especiales... resultó ser un auténtico saqueador de conventos.

—No sé de qué hablas, Kiara. Estoy ocupado con informes de balística —respondí con mi voz ronca y fría, intentando mantener mi fachada ruda de Grayson, aunque sentí que el cuello se me ponía caliente sobre los tatuajes.

—¡Ay, por favor, Ethan! Toda la base está hablando de la hermosa civil que tienes escondida en el pabellón norte —Kiara se inclinó hacia mí, arqueando una ceja con una burla sumamente sexi y despiadada—. Me criticaste hasta el cansancio, moviste el cielo y la tierra diciéndome que yo era una ridícula por cruzar el océano persiguiendo a mi dulce asistente coreano a Seúl... ¿y tú? ¡Te robaste una monja, hermanito! Literalmente fuiste al santuario la hiciste dudar de su vocación y te trajiste a una novicia que estaba entregada al Señor.

Min-jae soltó una risa ronca y baja por la timidez, intentando disimular detrás de Kiara, mientras mi melliza disfrutaba su victoria absoluta.

—Ya sabes quién no va a entrar al cielo por pecador —remató Kiara con una sonrisa de diva arrogante, dándome un sutil golpe juguetón en el hombro—. Te vas a ir directo al infierno por tentar a los ángeles, mayor Grayson. Pero tengo que admitir que tienes buen gusto. Min-jae y yo ya la vimos en el comedor y es una preciosidad. Más vale que la cuides de la prensa y de los chismes, porque si papá se entera de los detalles de cómo la sacaste de la iglesia, el sermón va a ser bíblico.

Leya

Caminaba por el patio de la base cargando unos libros que Ethan me había prestado para que me distrajera de mi crónico aburrimiento. Vestía un vestido sencillo color lila y trataba de mantener la frente en alto, aunque la tremenda imponente presencia de los tanques y varios soldados me hacía sentir en un mundo verídicamente ajeno.

De pronto, vi a Ethan salir de la oficina principal luciendo un poco abochornado, algo rarísimo en un hombre con su nivel de prepotencia y rigidez militar. Detrás de él venía una mujer militar espectacular. Tenía unos profundos ojos verdes idénticos a los de Ethan, un cuerpazo de diva que lucía impecable en su uniforme de faena y una sonrisa llena de picardía. Supe de inmediato que era su hermana melliza, la famosa capitana Kiara de la que tanto hablaban los portales de internet.

—¡Leya! —llamó Kiara, rompiendo varios metros de distancia con un paso firme y elegante, dejando a Ethan parado atrás con los brazos cruzados y cara de pocos amigos—. Qué placer conocerte, preciosa. Soy Kiara.

—El placer es mío, capitana —mancillé con timidez, haciendo una sutil reverencia por puro instinto de sumisión ante su rango.

—Nada de formalidades conmigo, olvídalo —Kiara soltó una carcajada limpia y me tomó de las manos con una calidez rústica pero sincera—. Solo quería darte la bienvenida al mundo real. Y felicitarte, porque se necesita un valor verídico y celestial para aguantar el carácter infernal y rústico de mi hermano. Si este demonio tatuado te molesta con su prepotencia, solo dímelo y le ordeno al comando de artillería pesada que le pase un tanque por encima.

Ethan soltó un bufido ronco, dando un paso al frente para anular la distancia, colocándose justo a mi lado. Pude sentir el calor de su cuerpo fornido protegiéndome de las burlas de su hermana. Sus dedos rozaron mi brazo, enviando una descarga de cosquillas calientes directo a mi barriga.

—Busca tu propio pelotón, Kiara, y deja en paz a mi invitada —le siseó Ethan con voz ronca y una sonrisa de suficiencia que intentaba recuperar el control de su territorio.

Kiara se dio la vuelta con un contorneo digno de una Grayson, guiñándome un ojo con gracia. —Disfruta el paseo, Leya. Pero recuerda lo que te dije: este chico ya tiene su pase VIP al infierno asegurado.

Cuando se alejaron junto a Min-jae, miré a Ethan de reojo, sintiendo que el corazón me daba vuelcos salvajes. Él me miró de vuelta con sus ojos oscuros llenos de una intensidad indomable, y supe que, aunque Kiara tuviera razón y esto fuera un pecado a los ojos de mi antigua vida, no había ningún otro lugar en la Tierra donde deseara estar más que al lado de mi comandante rudo.




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