Esposa de mi jefe

Capítulo 5

¿Ah?

¿Qué se supone que debo contestar?

¿A qué se refiere?

¿Que si lo miro como una persona para ser mi esposo?

La verdad no, es muy demandante y sé que tendría que soportarlo, pero no le puedo decir eso, me despediría... O... Tal vez está practicando para decírselo a alguien, pero ¿quién? ¿Quién aceptaría casarse con Hitler Anderson?

—¿Por qué la pregunta? ¿Se refiere a que cómo sería como esposo? —pregunto, ojalá sea eso Señor Jesús, esos demandantes ojos azul oscuro me escudriñan y ya como que me estoy poniendo nerviosa.

—No, quiero que te cases conmigo —dice, mientras apoya sus codos sobre el enorme escritorio de vidrio y mármol, sus suaves y delicados dedos se entrelazan y ahora me mira más fijamente.

Suelto una carcajada, esto debe ser alguna broma. ¿Yo casarme con Oliver Anderson? ¡Claro! Y de paso tengamos 10 hijos y cuando muramos que nos entierren juntos y que nuestra lápida diga «AQUÍ YACE UNA FELIZ PAREJA».

—Y así nada más... ¿Sin un café? ¿Sin una cena romántica? ¿Sin la música del Titanic de fondo? —me mofo entre risas, me relajo un poco sobre el espaldar del sillón blanco en el que estoy sentada—. Buena broma, señor Anderson —digo, abriendo mi libreta y comenzando a hacer garabatos sobre los apuntes antiguos.

—No es broma —habla luego de unos segundos, con voz apacible, levanto la mirada y su rostro muestra una extrema seriedad, me mira más intensamente, con su vista clavada en la mía—. Escucha, le dije a mi padre que me había casado.

Frunzo mi entrecejo. ¿Y qué tengo que ver yo con sus mentiras? ¡No! ¡Que no haya dicho que conmigo, por favor, Ser Supremo de las alturas!

—¿Y no es cierto? —intento sonar calmada, cuando mi mente está dando mil vueltas y quiero tirarme por ese ventanal.

—¡Por supuesto que no! —ríe—. Yo, ¿casado?

¡Claro! ¡Pero prefiere pedírselo a una desconocida!

—En fin, ese es el punto, necesito una esposa —continúa—, no se me ocurrió nada mejor que eso, todo el tiempo está hablando de mi hermano y que contrajo matrimonio el año pasado y bla, bla, bla. Mañana estará con mi madre y mi hermano en la ciudad y quiere que cenemos todos juntos. Y tú serías la esposa perfecta.

¿Yo? ¿La esposa perfecta? ¡Claro! ¡Yo y todo el tiradero en mi cuarto! ¡Caras vemos, cuartos no sabemos!

—Bien, quiero aclarar esto de una vez señor Anderson —aclaro mi garganta para sonar interesante—. ¿Me está pidiendo pretender ser su esposa para cenar con su familia?

—No exactamente —se levanta de su lugar y comienza a caminar con lentitud rodeando el escritorio—. Te estoy pidiendo que te cases conmigo, ya que mi padre no creyó mucho y quiere ver el acta matrimonial.

¿¡Ah!? ¿Sabe qué, señor Anderson? Mejor mándeme a vender drogas.

Se para enfrente de mí con su porte erguido y varonil, se acerca a mi rostro mientras se recarga con sus manos en ambos lados del sillón en el que estoy sentada.

—Alexandra —puedo sentir cómo su aliento a menta fresca invade lentamente mis fosas nasales—, solo es para la cena de mis padres, luego nuestras vidas continúan, duplicaré tu salario.

Abro mis ojos como platos. ¿Qué es lo que me está pidiendo? No me vería casada con él ni en sueños, pero igual sería como un favor o un trabajo, recibí clases de actuación en la secundaria, puedo hacer esto y... lo de «duplicaré tu salario» resuena en mi cabeza y suena mejor que vender drogas.

—Yo no lo sé, es que... —balbuceo—. ¿Qué tal si ellos me ven en esta empresa algún día?

—Eso no es problema, mis padres trabajaron juntos en esta empresa, mi hermano trabaja junto a su esposa en la imprenta, tú trabajas aquí conmigo —dice todo esto mientras se separa de mí y comienza a caminar hacia su enorme silla llevando sus manos a los bolsillos de su pantalón gris que se le ve más que bien, no puedo evitar ver ese prominente trasero, quiero apretarlo. ¿Dónde firmo?—. Es perfecto —agrega y voltea hacia mí, espero que no se haya percatado de donde mis ojos estaban puestos. Iré a la iglesia a confesar mis pecados.

Padrecito..., he pecado..., miré el trasero de mi jefe y me dieron ganas de apretarlo.

¡Dios mío! Hasta suenan como rimas.

Salgo de mis pensamientos antes de que suelte una carcajada.

—¿Pero por qué no la pelirroja? ¿O cualquier otra chica de acá? —interrogo, intentando sonar indiferente y continúo con los garabatos en mi libreta.

Se sienta en su enorme silla giratoria y levanto la mirada nuevamente.

—¿Quién? ¿Andi? —ríe—. Mi madre odiaría a Andi con solo verla y no puedo arriesgarme a pedirle esto a cualquiera porque pueden vender la noticia a los medios. Además, conozco a mi madre y tú le agradarías.

¿Eso fue un cumplido?

—No lo sé... —miro hacia algún punto de la oficina pensando mi respuesta.

—Está bien, triplicaré tu salario —menciona, sin quitarme esa mirada de encima.

¡GUAU! Si sigo en negación llegaré al «quintuplicaré tu salario» o a que me despidan.

—¿Por cuánto tiempo se supone que estaríamos casados? —pregunto, y continúo como si lo que me está pidiendo es algo muy normal, aunque... salario triplicado y esposo con buen trasero no es muy normal.

—Seis meses mínimo, luego diré que nos separaremos por agendas apretadas o algo más, no lo sé, pero ya se me ocurrirá algo sin que alguno de los dos salga perjudicado.

—¿Y qué más cosas debo saber? ¿Tendré que vivir con usted? ¿Qué más requisitos habría que cumplir como su esposa? —enarco una ceja, tengo que saber. ¿Qué tal si se quiere aprovechar de la situación? O si yo algún día llego a aprovecharme de la situación y pongo mi mano donde no debo mientras él duerme.

Me mira a los ojos y sonríe, una amplia sonrisa, bueno, yo no estoy dispuesta a hacer más cosas con él, aunque esté buenote, es mi jefe, ¡por Dios!

—Solo la cena con mis padres —contesta—, luego cada quien continúa su vida normal hasta que se cumpla el tiempo, y sin vivir juntos. Míralo así como un negocio ganar-ganar. Yo me quedo con la presidencia y tú con un trabajo bien pagado.




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