El comercial terminó abruptamente, dando paso a otro. El personaje había sido extrañamente tierno para tratarse de un servicio relacionado con el matrimonio.
Con el número ya marcado, dejó que el tono sonara.
—Buenos días, se ha comunicado con la agencia. ¿En qué puedo ayudarle? —respondió una voz femenina, animada.
—Quiero agendar sesiones para una esposa de práctica.
—Perfecto. ¿Le gustaría realizar un recorrido previo por nuestras instalaciones?
—No. Me gustaría comenzar lo antes posible.
—De acuerdo. ¿Le parece mañana a las 10:00?
—Sí.
—Necesito algunos datos para su registro.
—Mi nombre es Ethan...
—
Lidiar con el mundo adulto era agotador para Lydia.
Encontrar un trabajo que ayudara con los gastos del hogar ya era difícil por sí solo. Había días en los que deseaba volver a su juventud, aunque sabía que eso implicaría algo tan imposible como construir una máquina del tiempo.
Las oportunidades se le cerraban una tras otra. Sus padres, ya mayores, tenían pocas posibilidades de trabajar, y las cuentas —especialmente las médicas— no podían seguir esperando.
Como hija, sentía la obligación de ayudar.
Fue entonces cuando su mejor amiga, Celeste, le habló de aquel trabajo.
Al principio, Lydia pensó que se trataba de algo turbio.
—No es lo que estás imaginando —dijo Celeste, algo molesta—. Es completamente profesional.
Le explicó todo desde el principio: sería una actriz. Interpretaría el papel de esposa dentro de simulaciones diseñadas para ayudar a parejas. No habría nada inapropiado. Todo sería legal, bajo normas estrictas, supervisión constante y con un guion definido.
El salario era bueno.
Demasiado bueno.
Eso la inquietaba.
—Ve tú misma mañana —insistió su amiga antes de colgar.
Lydia, asustada y preocupada por sus padres, decidió ir.
—¿Estás segura, hija? —preguntó su madre.
—¿Es un trabajo legal? —añadió su padre.
—Lo averiguaré mañana —respondió ella.
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Al día siguiente, llegó a la dirección indicada.
Esperaba encontrar un lugar descuidado o sospechoso, pero fue todo lo contrario.
El edificio estaba ubicado en una zona comercial normal: gente transitando, locales de comida rápida y un parque cercano. Todo parecía demasiado... común.
Al entrar, se encontró con una recepción amplia y elegante. Sillones de cuero, una mesa de centro, floreros en cada esquina, revistas y folletos de la empresa. Algunos carteles indicaban mantener silencio y prohibían grabar durante las prácticas. La luz natural entraba a través de grandes ventanales.
—Buenos días, ¿en qué puedo ayudarle?
—Buenos días... vengo por el trabajo de esposa de práctica. Mi amiga, Celeste Flores, me indicó que viniera.
Jugaba nerviosamente con sus dedos bajo el mesón.
—Claro. ¿Su nombre?
—Lydia Castellán.
—La estábamos esperando.
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Ethan tampoco tenía muchas expectativas.
En el correo le indicaron asistir como si regresara a casa después del trabajo: con bolso, vestido formal, como un esposo.
—Buenos días, tengo una cita para práctica.
—Nombre, por favor.
—Ethan Priego.
—Adelante, señor Priego. En unos minutos vendrá su orientador a buscarlo.
No tardó mucho en aparecer un hombre de aspecto formal, con un gafete que lo identificaba como orientador. Lo saludó y le indicó que lo siguiera.
Mientras caminaban, le hizo preguntas sencillas: cuándo sería la boda, dónde se realizaría, si deseaba practicar algún escenario específico.
Llegaron a una sala de conferencias. Una vez sentados, el orientador comenzó la explicación.
—Esta agencia fue implementada para reducir los divorcios y la baja natalidad. Muchas parejas no están preparadas para la vida matrimonial. Tras la fase inicial, comienzan los conflictos, las diferencias... y eventualmente, la separación.
Ethan escuchaba en silencio.
—Para evitar ese choque con la realidad, se creó este sistema.
Aquella sinceridad lo sorprendió.
Había esperado algo más idealizado, más "perfecto".
—Antes de comenzar, debo explicarle las reglas.
Puede detener la simulación utilizando una palabra clave.Deberá asistir según el escenario a practicar.No está permitido el contacto físico.No puede solicitar información personal de la esposa de práctica.Todas las sesiones serán monitoreadas y grabadas.
El orientador hizo una pausa antes de continuar.
—La grabación podrá ser mostrada el día de su boda a su futura pareja. Está estrictamente prohibido grabar o difundir ese material. El incumplimiento implicará una multa de cien millones y la prohibición permanente de acceso a nuestras agencias.
Ethan frunció el ceño.
—¿Y si alguien más graba?
—Usted es responsable.
Dudó, pero terminó firmando.
—¿Cómo debo dirigirme a ella?
—Solo como "esposa". No se permiten apelativos afectivos. Recuerde que no es su esposa real.
El pasillo era largo y elegante, con candelabros de cristal, cuadros y estatuas familiares.
A Ethan le pareció inquietante.
Se detuvieron frente a la puerta número 42.
—Esta será su habitación de práctica.
El orientador tocó.
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Era su primer día, y Lydia estaba nerviosa.
Revisó nuevamente el expediente:
Mujer rica.
29 años.
Futura CEO de una empresa tecnológica.
Hogareña, elegante, voluntaria en causas sociales.
"Parece perfecta", pensó.
Se miró al espejo.
Todo debía ser impecable: el peinado, el maquillaje, el vestido, el delantal.
Escuchó el golpe en la puerta.