𝐄𝐥𝐢𝐳𝐚𝐛𝐞𝐭𝐡
El uniforme de camarera me pica en el cuello, pero es lo último en lo que debería pensar mientras esquivo a los guardias de seguridad en los pasillos dorados del hotel.
Londres ruge bajo la lluvia afuera, pero aquí dentro, el silencio es tan denso que puedo escuchar los latidos desbocados de mi propio corazón.
Tengo una misión, una sola y no pienso desperdiciar la oportunidad.
Si logro entrar en la suite de ese hombre y copiar los archivos del servidor privado, la custodia de mi hermana dejará de ser un sueño imposible. El dinero de la exclusiva me servirá para comprar la libertad que nos han robado.
Deslizo la tarjeta magnética que me costó una fortuna conseguir en el mercado negro, la luz verde parpadea, burlona. Empujo la puerta hasta que me recibe el aroma a cuero y un whisky tan caro que podría pagar mi alquiler de un año. La suite está en penumbras, iluminada solo por el resplandor de los rascacielos que se filtran por los ventanales del suelo al techo.
—No eres la que suele traer el servicio de habitaciones —una voz profunda, como un trueno distante, corta el aire.
¡Demonios!
Me quedo helada, mi mano, aún sobre el pomo de la puerta, tiembla.
En la esquina, sentado en un sillón de terciopelo oscuro, Alexander Sterling me observa. No lleva la chaqueta del traje, tiene las mangas de la camisa blanca remangadas hasta los codos y un vaso de cristal en la mano.
Sus ojos son dos dagas que parecen leer cada uno de mis pecados más oscuros.
—Señor Sterling... yo... solo venía a retirar las bandejas —miento, tratando de mantener la barbilla alta, el rasgo de los Holloway que ni la pobreza me ha podido quitar.
Él deja el vaso sobre la mesa y se pone de pie. Es más alto de lo que parece en las noticias, y mucho más imponente. Se mueve con una gracia depredadora mientras camina hacia mí, obligándome a retroceder hasta que mi espalda choca contra la puerta cerrada.
—Mentir se te da fatal, Elizabeth —dice, y mi nombre en sus labios suena como una sentencia de muerte.
—¿Cómo sabes quién soy? —susurro, el aire escapándose de mis pulmones.
El rubio se inclina, apoyando una mano en la madera de la puerta, justo al lado de mi cabeza. Su cercanía es abrumadora, huele a poder absoluto.
—Sé que eres la periodista que ha estado husmeando en mis cuentas. Sé que tu padre dejó una estela de deudas antes de desaparecer. Y sé —hace una pausa deliberada, bajando la voz hasta que es un roce en mi oído— que mañana a las diez de la mañana, los servicios sociales llamarán a tu puerta para llevarse a tu hermana a un hogar de acogida porque no tienes cómo mantenerla.
El mundo parece detenerse, siento un vacío gigante en el estómago, como si estuviese a punto de desmayarme.
Él lo sabe todo y mi desesperación es su entretenimiento.
—¿Vas a llamar a la policía? —le pregunto, desafiante a pesar del nudo en mi garganta.
Él esboza una sonrisa lenta, carente de cualquier rastro de calidez.
—No, no te voy a entregar a la policía. De hecho, voy a darte exactamente lo que viniste a buscar: las pruebas para limpiar mi nombre y el dinero suficiente para que nadie vuelva a cuestionar tu capacidad de cuidar de esa niña.
Lo miro, confundida, buscando el truco. Los hombres como el nunca dan nada gratis.
—¿A cambio de qué?
Él se aparta un poco, sin embargo, su mirada sigue anclada en la mía, atrapándome en una red invisible.
—Necesito una esposa. Una que el mundo respete, que tenga un apellido que aún suene a vieja aristocracia y que me odie lo suficiente como para no enamorarse de mí. Tú cumples todos los requisitos.
Se aleja hacia el ventanal, dándome la espalda, pero sé que tiene el control total de la situación.
—¿Estás hablando en serio? —inquiero y él asiente.
—Firma un contrato por un año, Elizabeth Holloway. Conviértete en mi esposa ante el mundo, te daré la vida que siempre debiste tener. Si no... bueno, puedes irte ahora mismo y despedirte de tu hermana por la mañana.
La lluvia golpea con fuerza el cristal, miro hacia la puerta, hacia la libertad y la ruina, luego hacia su espalda ancha e inquebrantable. El diablo me está ofreciendo un trono y lo peor de todo es que no tengo más opción que sentarme en él.
Hola, aquí estamos en esta nueva aventura, no olviden de dar me gusta, comentar y agregar a biblioteca, actualizaciones diarias 🩷