Capítulo 1
El ruido metálico de los utensilios de cocina y el zumbido constante de la freidora industrial llenaban el espacio. Jossie permanecía en su sitio de trabajo, ignorando el cansancio acumulado tras recibir su segundo turno consecutivo.
Su rostro no reflejaba emoción alguna; se limitaba a cumplir con sus tareas de manera rápida y precisa, a pesar del calor sofocante del lugar.
—El cliente de la mesa cuatro insiste en que sus papas están frías —dijo el supervisor, acercándose con el plato en la mano y un gesto de fastidio.
Jossie dejó las pinzas sobre la mesa y miró el plato con total seriedad.
—El temporizador de la máquina indica que esas papas salieron del aceite hace dos minutos. La temperatura es la correcta. Si el cliente no está satisfecho, devuélvale el dinero, pero no voy a cocinar de nuevo algo que ya está bien hecho —respondió ella. Su voz fue plana, directa y carente de cortesía.
Jossie no buscaba ser ofensiva, su autismo le hacía exponer los hechos tal y como eran, sin adornos ni filtros.
El supervisor llevó una mano a su frente y antes de que pudiera replicar, el celular de Jossie comenzó a vibrar en su bolsillo. Al ver en la pantalla el nombre de la clínica donde estaba internada su abuela, interrumpió la conversación de inmediato.
—Debo atender. Es del hospital —dijo, caminando hacia el pasillo lateral sin esperar autorización.
—Buenas tardes. Dígame.
—Señorita, le habla el doctor Silva —respondió, con un tono pausado y sombrío—. Es sobre el estado de salud de la señora Carmen Herrera.
—Vaya al grano, doctor. No necesito introducciones. Dígame qué sucede.
—La insuficiencia renal de su abuela empeoró de forma crítica. Sus riñones colapsaron por completo. Si no recibe un trasplante urgente, los medicamentos no serán suficientes para mantenerla con vida más allá de una semana. La lista de espera es muy larga, y el tiempo juega en nuestra contra.
—Yo seré la donante —dijo sin dudar—. Iré ahora mismo a hacerme los exámenes de compatibilidad.
—Pero señorita Joss...
Cuarenta minutos después, Jossie se encontraba en el consultorio del doctor Silva. Su mirada inexpresiva se mantenía fija en su dedo índice que rasgaba su pulgar de forma constante.
—Ya tenemos los resultados, Jossie —mencionó el doctor—. Existe un 97% de compatibilidad entre ustedes. Es un margen sumamente alto y aceptable para el trasplante. Sin embargo, un procedimiento de esta magnitud requiere una preparación muy...
—Si el margen es el adecuado no hay motivo para demorar el proceso —lo cortó Jossie—. No hay que perder tiempo en trámites mientras la salud de mi abuela empeora. Preparen el quirófano. Háganlo ahora.
Mientras tanto, en el piso superior de la clínica, en el ala VIP, la situación se desarrollaba bajo un ambiente completamente diferente, dominado por la exigencia o la soberbia... quizás.
Jorge Luis Reverón golpeó el escritorio del doctor Olivares con su puño cerrado. Mirando con desprecio al personal que lo rodeaba.
Su actitud era la de un hombre arrogante, acostumbrado a que el mundo se rigiera bajo sus propios términos.
—Espero que esta sea la última vez que tenga que venir a este hospital a perder mi tiempo —sentenció, con su voz áspera y autoritaria—. Llevo tres años pagando sumas ridículas de dinero en tratamientos de fertilidad y lo único que he recibido hasta ahora son excusas inútiles de su parte.
—Señor Reverón, comprendo su frustración, pero le pido que tenga paciencia —suplicó el director, intentando mantener la calma ante la grosería del magnate—. El laboratorio confirmó que esta es su última muestra viable después de todos los procedimientos a los que se ha sometido. El conteo de esperma es escaso, pero nuestro equipo está listo para realizar la inseminación a la paciente.
—No me interesan sus explicaciones ni sus dificultades —lo interrumpió Jorge de manera tajante—. Yo no pago para recibir disculpas, pago para obtener resultados. Necesito un heredero antes de fin de año. Si este intento vuelve a fracasar por su incompetencia, me encargaré de que los despidan a todos. Asegúrese de que hagan bien su trabajo.
Sin decir una palabra más, salió del consultorio dando un portazo.
Mientras tanto, Jossie había sido trasladada a la sala de preparación previa al quirófano.
Llevaba puesta la bata quirúrgica y permanecía acostada en la camilla. A pesar de la rigidez de su entorno, su rostro se mantuvo inexpresivo. Solo el monitor cardíaco delataba la agitación real de su cuerpo.
El anestesiólogo se acercó al costado de la camilla con una jeringa para colocarle vía intravenosa.
—Voy a aplicarle el sedante. Sentirá un ligero frío en el brazo y se quedará dormida en pocos minutos —explicó con un tono suave.
—No es necesario que me explique el procedimiento —respondió Jossie, con su habitual honestidad directa—. Solo asegúrese de que el cirujano cumpla con su parte y salve a mi abuela. Eso es lo único que importa.
Jossie cerró los ojos. Sintiendo cómo la anestesia comenzaba a nublar sus sentidos y los sonidos a su alrededor se transformaban en un eco lejano.
En su mente se repetía una misma frase.
"Hice lo que debía. Ahora es tu turno de resistir, abuela."
En ese instante, las puertas del quirófano se abrieron de golpe. El cirujano jefe ingresó a toda prisa, visiblemente alterado y bajo una enorme presión debido a la advertencia que la dirección general le había hecho tras las amenazas de Jorge Luis Reverón.
El médico colocó el expediente sobre el historial de Jossie en la mesa auxiliar.
Con el pensamiento abrumado por el estrés y el temor a cometer un error que le costara el puesto.
Sin verificar los nombres, tomó el expediente equivocado de la mesa y se lo entregó a la enfermera.
—No perdamos más tiempo. Procedamos de inmediato con la inseminación de la paciente.
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Saluditos, mis amores.Gracias por acompañarme en esta nueva aventura. Espero les guste muchísimo.
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Editado: 11.07.2026