Esposa y Madre por Error

CAPÍTULO 12.

Capítulo 12

Jorge entró a su despacho a pasos furiosos, sintiendo la sangre arderle en las venas. Cerró la puerta de un golpe seco, tomó la lámpara de bronce que decoraba su escritorio y la tiró contra la pared con un estruendo que hizo retumbar la habitación.

—¡Maldita sea! —gruñó entre dientes, pasándose la mano por su rostro acalorado—. Esa mujer está completamente loca. ¿Cómo carajos puede soltar una bomba como esa sin siquiera inmutarse? ¿Acaso cree que yo soy de piedra o que diablos?

El impacto de la propuesta de Jossie todavía le retumbaba en los oídos, haciéndole perder el control por completo. Sentía el pulso acelerado en la garganta. Necesitaba recuperar la compostura antes de perder el control.

Se acercó al escritorio y presionó el botón del intercomunicador.

—Marcos, a mi oficina. Ahora —ordenó con voz profunda, ronca y tajante.

Segundos después, su jefe de seguridad cruzó la puerta en absoluto silencio. Jorge lo miró con los ojos encendidos, manteniendo los puños apretados y cruzándose de brazos.

—Quiero vigilancia estricta sobre Jossie las veinticuatro horas del día —sentenció Jorge, directo y sin rodeos—. Si sale a la calle y habla con alguien, con quien carajos sea, quiero que me lo notifiques de inmediato. Y otra cosa: cambia a su escolta personal hoy mismo. Necesito una mujer apta y competente para su cuidado. Una mujer hétero.

Marcos parpadeó, confundido por la extraña y específica petición de su jefe.

—¿Heterosexual, señor? No entiendo...

—¡No tienes que entender un carajo, solo obedece! —le gritó Jorge, perdiendo la paciencia por completo—. Haz lo que te digo y no me hagas perder el tiempo con preguntas estúpidas.

A la mañana siguiente Jorge bajó las escaleras luciendo un traje de diseñador impecable. Encontró a Jossie en el vestíbulo, con la espalda recta y la mirada tranquila, como si la noche anterior no le hubiera soltado semejante confesión en el comedor.

—Prepárate —le anunció Jorge con frialdad, intentando mantener su tono de superioridad—. Es hora de que te lleve a conocer a mis padres y empezar a actuar el maldito papel del futuro matrimonio perfecto.

Un rato más tarde, el vehículo se detuvo frente a la imponente mansión de Armando Reverón, el padre de Jorge.

Al cruzar las puertas del salón principal, Armando salió a recibirlos.

Al ver a la prometida de su hijo, los ojos de Armando se iluminaron de inmediato.

—Bienvenida a casa, jovencita —dijo Armando con voz cálida, extendiéndole la mano con afecto—. Es un verdadero placer conocerte al fin.

—Gracias. Su mansión tiene un exceso de columnas innecesarias que entorpecen la estructura visual, pero la ventilación es adecuada, me gusta —respondió Jossie mirando a su alrededor.

Armando soltó una carcajada que resonó en todo el vestíbulo. Lejos de ofenderse por su tono, quedó fascinado por la autenticidad de la chica.

Sin embargo, la atmósfera se volvió densa cuando apareció Laura, la madre de Jorge y exesposa de Armando.

Luciendo joyas costosas y una expresión de superioridad. Observó a Jossie de arriba abajo con evidente desprecio, juzgando su vestimenta sencilla y su postura distante.

—Así que esta es la chica... —comentó Laura con tono frío y prejuicioso—. No sabía que tus estándares habían caído a un nivel tan bajo, Jorge.

Pasaron a la sala de estar para tomar el té. Durante la reunión, Jossie se mantuvo en silencio, aunque por un momento se vio tentada a organizar los objetos sobre la pequeña mesa de centro.

Acomodó las tazas, los platos y la cuchara con una precisión milimétrica, asegurándose de que guardaran exactamente la misma distancia entre sí. Buscando en el orden preciso.

Laura no le quitó la mirada de encima, analizando cada gesto con malicia.

Al notar su fijación excesiva con la alineación de los objetos y su nula interacción social, Laura dejó caer su taza de porcelana sobre el plato con más fuerza de la necesaria.

—Es evidente que esta chica tiene ciertos... defectos de comportamiento bastante notables —lanzó Laura con un veneno sutil—. Jorge, ¿estás seguro de lo que haces? No me gustaría que mi nieto termine heredando una tara genética por culpa de una elección tan mal hecha.

Jorge apretó los puños con tanta fuerza que las venas del cuello se le marcaron.

La sangre le hirvió en un segundo.

—¡No digas estupideces, Laura! —rugió Jorge, furioso.

Pero antes de que él pudiera decir algo más, Jossie se le adelantó.

Se giró despacio hacia Laura y la miró fijamente a los ojos.

—Señora Laura, usted está errada al confundir precisión y orden con defecto —respondió Jossie, sin elevar la voz pero con una firmeza que le congeló la sangre—. Lo que su ignorancia califica como tara genética es una condición del espectro autista que, así le explique de la forma más sencilla, usted no entendería. Su conducta revela una profunda falta de modales y una maldad disfrazada de clase social. La única tara evidente en esta habitación es su necesidad de ocultar su veneno debajo de su costoso traje de diseñador.




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