Esposa y Madre por Error

CAPÍTULO 14.

Capítulo 14

Aún dentro del vehículo, Jossie mantuvo la mirada fija en Jorge, sin inmutarse por su tono autoritario.

—Usted no está en posición de darme órdenes, señor Reverón —soltó ella con una firmeza cortante—. Si esa mujer me trata con respeto, le responderé de la misma manera. Si decide atacarme, la pondré en su lugar de inmediato. Yo defiendo mi integridad en cualquier escenario, no lo hago por miedo ni para sobrevivir a la gente, sino porque nadie tiene derecho a pasar sobre mí.

Jorge apretó la mandíbula con fuerza y maldijo para sus adentros. La terquedad de Jossie le sacaba de quicio, pero antes de poder siquiera responder, el vehículo ya se detenía frente a las puertas de la mansión.

Al día siguiente, la propiedad se convirtió en un auténtico caos. Estilistas, diseñadores y asesores de imagen llenaron la habitación desde muy temprano. Sentaron a Jossie frente a un espejo enorme mientras una multitud de personas se movía a su alrededor sin parar.

El ambiente pronto se volvió una pesadilla para ella. El fuerte olor de la laca, el ruido constante de los secadores y el parloteo incesante chocaban de frente en su cabeza.

Pero lo peor era el contacto físico continuo. Manos que ajustaban su peinado, brochas que rozaban sus mejillas y dedos que acomodaban el vestido sobre su cintura y hombros.

Jossie empezó a respirar de forma agitada. Su cuerpo se puso rígido como una piedra y se clavó las uñas en las palmas de las manos para mantener el control.

Estaba al borde de una sobrecarga sensorial por estrés.

En ese momento, la puerta se abrió de golpe. Jorge entró luciendo un traje hecho a medida, impecable. Le bastó una sola mirada al espejo para notar la pálida rigidez de Jossie y la angustia reprimida en sus ojos.

—¡Suficiente, carajo! Salgan —rugió Jorge en voz alta, haciendo que todos dieran un salto—. ¡Suéltenla y lárguense todos de esta habitación ahora mismo! ¡Fuera!

Los estilistas recogieron sus herramientas a toda prisa y salieron casi corriendo.

El silencio regresó al salón. Jossie cerró los ojos y soltó un largo suspiro, aflojando lentamente los puños.

Jorge caminó hacia ella sin hacer ruido, sacando del bolsillo de su chaqueta una caja de terciopelo negro.

—Levanta la cara —le dijo con tono seco.

Jossie obedeció. Jorge se colocó detrás de ella y abrió el estuche, revelando un impresionante collar de diamantes de un rojo brillante e intenso.

El corazón de fuego, así le llamaban a la joya más costosa y codiciada de la élite.

Con una delicadeza que no encajaba con su tosquedad habitual, le rodeó el cuello y abrochó la pieza. Sus nudillos rozaron la piel tibia de Jossie, enviando una descarga eléctrica por la espalda de los dos.

—Mi futura esposa merece estar en boca de todos, pero de la mejor manera posible —murmuró Jorge, mirándola a través del espejo.

Jossie se giró despacio y lo miró a los ojos. La proximidad entre sus cuerpos volvió el aire pesado. La atracción física estalló en un segundo; se miraron los labios con un deseo urgente e incontrolable.

Jorge se inclinó un poco hacia ella, atrapado por la intensidad del momento, pero Jossie recordó las cláusulas del contrato y se apartó de golpe.

—Ya podemos salir —dijo ella con voz fría, rompiendo la tensión.

Salieron al jardín trasero, donde los flashes de las cámaras de la revista más importante del país comenzaron a parpadear sin descanso.

Jorge la tomó por la cintura con firmeza, pegándola a su cuerpo, Jossie empezó su actuación.

Recordando el trato, levantó el rostro hacia Jorge y le dedicó una mirada tan profunda, brillante y deslumbrante que parecía la de una mujer perdidamente enamorada.

El gesto dejó a los fotógrafos encantados y a Jorge con el corazón desbocado en el pecho. La respiración se le atoró en la garganta ante la intensidad de esa mirada que se sentía demasiado real.

Aprovechando que los fotógrafos ajustaban sus ángulos, Jossie se inclinó levemente hacia él y le susurró al oído con firmeza.

—Haga bien su trabajo y béseme de una vez, señor Reverón. No queremos que sospechen que estamos juntos por un contrato.

Jorge parpadeó, completamente descolocado por su petición.

—Yo... yo... ¡Joder, no me hagas esto ahora! —tartamudeó, perdiendo por completo su postura arrogante.

Jossie lo miró fijamente a los labios.

—Usted parece demasiado tímido como para tomar la iniciativa, si gusta puedo intentarlo yo primero. No tengo problema en dar el primer paso.

Sin esperar respuesta, Jossie se inclinó hacia él, buscando su boca para cerrar la sesión de fotos con el beso que todos esperaban.

Jorge, aturdido pero llevado por el deseo incontrolable de besarla, bajó la cabeza dispuesto a reclamar sus labios.

Pero antes de que sus labios se rozaran, una voz chillona y cargada de burla resonó desde la entrada.

—¡Vaya, Jorge! no sabía que tus gustos habían caído tan bajo.

A pocos metros, escoltada por Laura, la madre de Jorge, caminaba Sandra con una sonrisa llena de veneno, arruinando por completo el momento del beso.




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