Esposa y Madre por Error

CAPÍTULO 16.

Capítulo 16

El día de la boda llegó. La ceremonia se organizó en la catedral más antigua de la ciudad, un despliegue de opulencia que dejó a toda la prensa internacional en shock. Miles de arreglos de lirios blancos y orquídeas llenaban el lugar, soltando un perfume denso que inundaba el aire.

Cientos de invitados de la élite ocupaban los bancos de madera. Aunque lucían sus mejores trajes y joyas, el murmullo de indignación era evidente. Ninguno podía perdonarle a Jorge Luis Reverón quese casara sin haber presentado a su prometida en una gala formal, rompiendo todas las reglas de la alta sociedad.

Al fondo del templo, la puerta principal se abrió.

Jossie apareció impecable, luciendo un vestido blanco de corte recto y detalles elegantes que resaltaba su figura sin necesidad de demasiados adornos.

Caminaba con la frente en alto, apoyando con firmeza su brazo en el de Armando Reverón. Aquel hombre orgulloso que la guiaba a paso lento hacia el altar.

—Mantén esa frente en alto, muchacha —le susurró Armando en voz baja, con una sonrisa de satisfacción—. Deja que las víboras se ahoguen en su propio veneno. Hoy es tu día y eso es lo que importa.

—No me importa lo que piensen los demás, señor Armando —respondió Jossie sin cambiar el gesto—. Solo quiero terminar con el protocolo ya.

En el altar, Jorge vestía un esmoquin negro impecable. Al verla avanzar por el pasillo, se le cortó la respiración. La arrogancia habitual de su rostro se borró por completo, sustituida por una mirada fija y desarmada.

Cuando Armando se la entregó, Jorge le tomó la mano. Sus dedos estaban fríos, pero el agarre de él fue firme y cálido.

El sacerdote comenzó la ceremonia, pero para ambos el resto del mundo quedó en un segundo plano.

Cuando llegó el momento de los votos, Jossie miró a Jorge directo a los ojos, sin parpadear.

—Jorge, no voy a prometerte frases bonitas que no siento, ni voy a fingir ser una mujer dócil —soltó Jossie con su voz entrecortada—. Pero te juro que me mantendré firme a tu lado, defenderé nuestro hogar y te amaré con cada fibra de mi ser, aunque el tiempo o las circunstancias decidan separarnos.

Jorge sintió un vuelco en el pecho. La verdad en los ojos de Jossie lo desarmó por completo. Apretó su mano y tragó grueso antes de hablar.

—Joder, Jossie... Eres la mujer más terca, difícil e insoportable que he conocido en mi puta vida —dijo Jorge con la voz ronca, sin importarle la presencia del sacerdote—. Pero te juro por mi vida que voy a cuidarte siempre. Daría mi vida entera con tal de no perderte.

—Los declaro marido y mujer —anunció el Padre—. Puede besar a la novia.

Jorge la tomó con delicadeza por el cuello y la atrajo hacia él, sellando la unión con un beso profundo.

Horas más tarde, la recepción en el gran salón de eventos de la familia se convirtió en un auténtico infierno para Jossie.

El lugar era un asalto agresivo a todos sus sentidos. Luces estroboscópicas de colores parpadeaban en el techo, la música retumbaba en las paredes con un bajo que le hacía vibrar las costillas, y el olor combinado de cientos de perfumes caros se volvía insoportable.

Algunos invitados se amontonaban a su alrededor y le tomaban las manos para felicitarla.

Jossie empezó a hiperventilar. Sentía que las manos de la gente le quemaban la piel. La sobreestimulación la golpeó con una fuerza descomunal. El aire dejó de llegar a sus pulmones, los sonidos se transformaron en un zumbido ensordecedor y los ojos se le llenaron de lágrimas de pura desesperación.

—No me toquen... por favor, no me toquen más —susurró Jossie, pero nadie la escuchaba por el volumen de la música.

Buscó a Jorge con la mirada, pero él había sido rodeado por tres empresarios que lo retenían a pocos metros hablándole de negocios.

Al borde de un colapso total, Jossie empujó a dos personas que intentaban saludarla y echó a correr. Cruzó el salón a toda prisa, esquivando meseros e invitados importantes, hasta cruzar las puertas de cristal hacia la salida.

Salió a la oscuridad de noche, desesperada por escapar del ruido y la luz. Corrió hasta salir a la avenida principal frente al gran salón, donde la oscuridad era más densa.

Iba aturdida, llevándose las manos a las orejas para acallar el eco de la fiesta. La vista se le nubló por las lágrimas y el estrés.

Sin mirar a los lados y buscando alejarse lo más rápido posible del bullicio de la fiesta, dio un paso hacia el pavimento y comenzó a cruzar la calle.

Un par de faros incandescentes iluminaron su rostro de golpe. Un vehículo negro venía a toda velocidad por el carril central, haciendo sonar el claxon con un estruendo violento mientras derrapaba las llantas sobre el asfalto.

Jossie se congeló en medio de la vía, incapaz de reaccionar ante las luces cegadoras del vehículo.

No se dio cuenta cuando dos brazos fuertes le rodearon la cintura con una fuerza brutal, jalándola hacia atrás con violencia, envolviéndola con cuidado contra su pecho para proteger su vientre justo cuando el vehículo pasaba.




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