Capítulo 17
El ruido del motor se perdió en la distancia mientras Jorge apretaba a Jossie contra su pecho con una fuerza brutal. Le temblaba el cuerpo por el miedo a perderl.
—¡Maldita sea, Jossie! —susurró Jorge con la voz quebrada por el susto, pegando su frente a la de ella—. ¡Casi te matas, carajo! ¿Es que te volviste loca o qué mierda te pasa por la cabeza?
Jossie no respondió. Ocultó el rostro en el pecho de Jorge, respirando el olor de su perfume que le resultaba familiar.
Las lágrimas le rodaban en silencio por las mejillas, no por miedo a morir, sino porque su cerebro intentaba regularse tras la tortura de luces y ruidos del salón.
—El volumen de la música estaba muy alto —logró decir ella en un susurro entrecortado, apretando la tela de su chaqueta.
Jorge cerró los ojos con fuerza, sintiendo su pulso acelerado.
Tomó a Jossie de la mano con firmeza y subió con ella al asiento trasero de su vehículo.
—Nos vamos de aquí ya mismo —ordenó Jorge con voz autoritaria a su chofer—. Al hotel King. Y no quiero a nadie jodiendo por teléfono.
El trayecto fue rápido y silencioso. Jorge no dejó de sostener la mano de Jossie, acariciándole los nudillos para intentar calmar el temblor de su cuerpo.
Al llegar al hotel más exclusivo de la ciudad, Jorge evitó el vestíbulo principal. Subieron por el ascensor privado directamente a la suite más alta.
Cuando la puerta de madera se cerró tras ellos, el silencio absoluto del lugar los envolvió. Sin música, sin luces molestas y sin gente intentando tocarla.
Jorge la llevó con cuidado hasta la cama. Se hincó frente a ella y, con delicadeza, le desabrochó las tiras de los tacones para quitárselos.
—Ya puedes estar tranquila, no volveremos a la fiesta —dijo Jorge en voz baja, levantándose para buscar un vaso de agua.
Jossie bebió a grandes tragos, sintiendo cómo el agua le devolvía el aliento. Se limpió las lágrimas con el dorso de la mano y lo miró fijo.
—El ruido excesivo, las luces y la multitud de gente tocándome me alteró, no soporto que nadie me toque sin mi permiso y saludar con beso en la mejilla es antihigiénico y asqueroso, debería estar prohibido. Son miles de que se quedan en tu piel —dijo ella, con su habitual falta de filtros—. Necesitaba salir de ese lugar.
Jorge la escuchó en silencio, cruzándose de brazos con una ligera sonrisa en sus labios. La tosquedad de Jossie y su manera tan transparente de decir las cosas siempre lo tomaban desprevenido.
Su arrogancia habitual se quedó sin argumentos ante la honestidad de la chica.
—Pudiste haberme buscado a mí primero antes de salir a la calle, carajo —masculló él, soltando un bufido de frustración—. Me pegaste tremendo susto al verte a mitad de esa maldita calle. Pensé que... te perdía a ti y al bebé.
—Usted estaba rodeado de empresarios —respondió Jossie—. Y yo... yo podía irme sola.
—Pues ahora estás casada conmigo, te guste o no —le recordó Jorge, dando un paso más hacia ella—. Y mi trabajo es cuidarte... y es justo lo que voy a hacer.
El ambiente en la habitación comenzó a transformarse. El miedo y el silencio del lugar se convirtieron en una tensión eléctrica, espesa y abrumadora que se instaló entre los dos.
Jossie y Jorge se miraron a los ojos durante varios segundos, escuchando únicamente el sonido de sus propias respiraciones.
Ella se levantó de la cama, observando todo a su alrededor.
La firmeza altiva regresó a su rostro.
—Este lugar es muy básico, esperaba al menos una decoración en la cama con pétalos de rosa y velas, como en las películas. Es nuestra noche de bodas, Jorge —soltó Jossie con absoluta seriedad—. Debes hacerme el amor. Eso es lo que hacen los recién casados, ¿No?
Jorge se congeló en su sitio, con la boca abierta por la sorpresa.
—¿Qué carajos estás diciendo, Jossie? —preguntó él con su voz ronca.
—No estoy jugando Jorge. Ya estamos casados y no podemos huir de esto. La atracción física entre nosotros es insoportable desde el primer día y los dos lo sabemos perfectamente. Quiero que me hagas el amor ahora mismo.
Sin esperar respuesta, Jossie llevó sus manos hacia atrás y comenzó a bajar el cierre de su vestido de novia.
La tela fue cayendo despacio, dejando al descubierto su piel blanca y la curva suave e incipiente de su vientre.
Jorge se quedó sin aliento, contemplando cada centímetro de su cuerpo.
Jossie no tenía los atributos exagerados ni las cirugías de las mujeres con las que él acostumbraba a salir, pero ante sus ojos era la perfección absoluta.
El deseo aplastó por completo su orgullo. Jorge caminó hacia ella a paso lento, recordando cada cláusula del contrato y cada regla que se había impuesto a sí mismo.
Se sentía miserable por desearla tanto. Sabía que no la merecía, sentía culpa por haberla hecho firmar ese documento de separación de bienes sin que ella lo supiera y si ella se enteraba luego de hacerla suya, nunca se lo perdonaría.
Maldijo para sus adentros sintiendo la sangre arderle en las venas, llevado por el impulso salvaje de poseerla caminó hacia ella.
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matrimonio por contrato, enemigos a amantes, hijos adorables
Editado: 21.08.2026