Esposos por obligación

CAPÍTULO 36

Layrelin
Recuerdos pesados, que desgarraban el alma, irrumpieron en la conciencia de la dragona junto con un dolor punzante. ¿Cómo pudo haberlo olvidado? ¿Cómo pudieron estos eventos desaparecer de su memoria? El momento en que todo comenzó...

Gwendolyn. Su imagen apareció ante sus ojos. Cabello pelirrojo, una sonrisa suave en labios carnosos y ojos inmensos. Joven, hermosa, confiada, bondadosa y... enamorada. Su corazón ardiente rebosaba de ese sentimiento puro y luminoso.

— ¡Rick! ¡Rick, la he sentido! ¡He sentido a la dragona! —la melodiosa voz de la chica resonó en sus oídos tan clara como si fuera ayer.

Se encontraban, como siempre, a las afueras de la ciudad, en un viejo y espacioso parque, lejos de las miradas y oídos juiciosos de los demás. Los padres de Gwendolyn no aprobaban la elección de su hija, condenaban su comportamiento, pero ¿acaso eso importaba para el amor verdadero?

— Me... me alegro mucho por ti, Gweni —la misma voz que la dragona conocía tan bien, solo que más joven, respondió con cierta vacilación. Acto seguido, la joven dragona estrechó a su amado en sus brazos y lo hizo girar en un baile.

— ¡Este sentimiento... no se compara con nada! —su susurro feliz atravesó los recuerdos—. ¡Es como si... como si hubiera nacido de nuevo, ¿te imaginas?! ¡Como si hubiera encontrado lo que busqué toda mi vida! ¡No puedo esperar a verla!

— Yo tampoco —el joven respondió casi a regañadientes—. Te amo, mi Gweni...

La tomó en brazos y selló sus labios con un beso, envolviéndola en un aroma a pino y hierba recién cortada. Ella le respondió con toda su ternura, con todo su amor. La joven dragona estaba rebosante de felicidad, una dicha absoluta y abrumadora. Una felicidad que quería compartir solo con él.

— Rick... —susurró ella con indecisión, apartándose un poco—. Muy pronto podremos volar ala con ala, compartir el cielo entre los dos, convertirnos... convertirnos en una pareja de verdad.

— Espero que así sea —dijo él apenas audible, con un toque de amargura.

Gwen sabía que su amado aún no sentía a su dragón. También sabía que su madre... no era de aquí. Pero por sus venas corría la sangre de un linaje de dragones antiguo y poderoso. Gwendolyn esperaba con todo su corazón que Rick echara a volar, que él fuera su pareja destinada.

El tiempo pasó y el destino los separó durante sus estudios en la academia. Pero el amor no desapareció. En cada oportunidad que tenían, estaban juntos. Gwen y Rick. Layrelin se fortalecía, ganaba poder, empezó a hablar. Pero Rick... no se apresuraba a darle la noticia de su despertar. Sin embargo, en el corazón de Gwen vivía la misma esperanza.

El día que Layrelin desplegó las alas por primera vez, Rick estaba allí. Observó el primer vuelo y, en cuanto Gwendolyn recuperó su forma humana, él se arrodilló. En sus manos brillaban los brazaletes de compromiso.

— Quiero que seas mi esposa —su voz temblaba de emoción.

— Rick... —lágrimas rodaban por las mejillas de Gwen; se sentó en el suelo junto a su amado y apoyó la cabeza en su hombro—. Ya sabes que... por ahora es imposible.

— Es posible. Nos iremos del imperio. Viviremos como queramos, me darás un hijo...

— No lo entiendes... —Gwen negó con la cabeza—. Rick, no es tan sencillo.

— ¡No podría ser más sencillo! ¡Te amo!

— Y yo a ti, pero... —la chica vaciló.

— ¡¿Pero estás esperando la Llamada?! —el hombre se levantó bruscamente—. ¿Y si nunca la oyes? ¡Como mi padre!

— Rick —ella saltó y se lanzó hacia él—. ¡No puedo oponerme a la dragona! Tu dragón despertará. Estoy segura. Lo siento. Rick, tenemos que esperar un poco más...

Los recuerdos se disolvían en una niebla de lágrimas y amargura.

Desde aquel día, todo cambió. El amor se convirtió en dolor para ella. Rick se distanciaba cada vez más, se encerraba en sí mismo. Gwen casi aceptó huir solo para estar juntos, pero... Layrelin finalmente escuchó la Llamada. En el corazón mismo del imperio, allí donde se encontraba la Fuente de la Vida, lo encontró a él. Argrim. El Guardián esperaba a su Guardiana y su magia, su amor eterno, alimentaban aquella fuente. Era imposible resistirse. El corazón de Gwen se desgarraba. Porque ahora su destino era Darren Haimar. Es imposible oponerse a una pareja destinada. Ese vínculo es más grande que el amor.

Rick pidió una cita el día antes de la ceremonia de boda para despedirse. Tenía la intención de abandonar el imperio después de todo. Y... pidió ver la Fuente. Pues no estaba destinado a bañarse en sus aguas, como era costumbre para todos los dragones del imperio. Ese rito antiguo lo realizaban los dragones nada más echar a volar. Un rito de poder. Gwendolyn no pudo negárselo. Quizás, en el fondo de su alma, todavía esperaba que las aguas de la Fuente ayudaran a despertar al dragón dormido... Entonces Rick podría encontrar a su verdadera pareja destinada. Podría volver a amar a alguien. Gwen se ponía enferma de culpa ante él.

En aquella tarde de despedida, sobre los jardines en flor junto a la Fuente, el crepúsculo se espesaba; la superficie del agua reflejaba el cielo rosado del atardecer. Luces mágicas centelleaban y brillaban en el aire. El silencio, la calma y la paz reinaban alrededor.

Layrelin aterrizó suavemente, dejó que Rick se deslizara de su ala y, un segundo después, en lugar de la dragona resplandeciente, estaba Gwendolyn. Una sonrisa suave y tímida apareció en sus labios mientras daba un paso hacia Rick.

— Esta es la Fuente de la Vida —la joven extendió la mano, invitando al hombre a seguirla.

— Ya veo —asintió él secamente y se apartó.

Dio un paso hacia la Fuente, irguió los hombros y clavó la vista en la distancia. En su rostro pálido y demacrado no había rastro de ninguna emoción. Rick había cambiado mucho desde su último encuentro. Era como si la vida misma lo estuviera abandonando. A Gwen le dolía observar esos cambios.

— Sumérgete en sus aguas, siente el poder. Tal vez la Fuente despierte en ti...



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En el texto hay: misterio, romance, amor

Editado: 03.05.2026

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