Estar contigo

CAPITULO 24

MIKE.

 

El primer dilema en el que nos encontramos cuando llego a la ciudad es, dónde nos vamos a instalar esta noche, hemos decidido venir a su apartamento primero, pensando, ignorante de mí, que venía a recoger mis cosas solamente.

 

El otro día le brindé mi casa, creí que estaba convencida, más ahora estaba seguro de que después de lo que vivimos durante esta Nochebuena, ella iba a ceder en venir a vivir conmigo, ya que por la tutela es lo mejor, pero es tan terca cuando quiere, que no hay manera de que entre en razón.

 

No hay manera de que acepte venir conmigo en mi casa.

 

—No iré Mike, no insistas, por favor, de verdad. Tú ya estás en esta casa conmigo.

 

—¿Por qué? Ahí en mi casa tendremos más comodidades, además de más espacio, personal de limpieza, y lo que necesites.

 

—Lo que necesito es estar en mi apartamento, además, hasta hace una semana, no estabas mal en él. ¿Qué ha cambiado? ¿Estás mal aquí?

 

—Noelia, no estoy mal…  -No me deja que continúe. 

 

 

—Perfecto, porque yo sí estaría incómoda en tu casa, así que problema solucionado. —Me sonríe.

 

 

—Solo a mí se me ocurre entrar en una discusión como está con una abogada. —Me quejó, Noelia se carcajea.

 

 

Viene hasta el sofá donde estoy rodeando mi cuello con sus finos brazos, me besa.

 

 

—Mmm… ¿Esto es para convencerme? —pregunto fingiendo molestia.

 

 

—No, claro que no, no me hacen falta estas tácticas, esto es por saber perder una batalla - Ríe coqueta subiendo a mis piernas.

 

 

No puedo evitarlo y la beso tiernamente pero con ganas.

 

Un momento después su teléfono suena.

 

 

NOELIA

 

 

Mike me besa tiernamente, en poco tiempo me he acostumbrado demasiado a sentir sus labios sobre mí, no es que sea algo malo, por supuesto que no.

 

Lo único a lo que le temo un poco es, a que él pierda en esta guerra que le han declarado, sé que van a querer derrotarlo y su sentimiento de culpabilidad no ayuda en nada. 

 

Mike vive por impulsos, no es como yo, por ejemplo, que tengo el don de ser fría en momentos complicados. 

 

Lo bueno, podría decirse, es que tiene a Víctor y a mi padre, que están de su lado, esa ayuda vale oro.

 

Por último y no menos importante me tiene a mí.

 

 

No hemos hablado de un futuro en sí, bueno, por lo menos, no de un futuro juntos.

 

No puedo negar que siento por ese hombre, que nadie me pregunte que es lo que siento, porque no lo puedo explicar.

 

Pero es un sentimiento intenso.

 

 

Por su parte, no tengo duda, noto como antes de estos días conmigo era una persona y ahora es otra completamente diferente, es cariñoso y demostrativo, lo que me sorprende gratamente.

 

 

El teléfono suena insistentemente en mi bolso, lo que hace que me separe un poco de él, que como no, gruñe, molesto.

 

 

—Es Víctor. —digo enseñado el móvil.

 

 

—Tan oportuno como siempre. —se queja.

 

 

Cambio mi postura sentándome como un indio en el sofá para contestar al teléfono.

 

 

—Hola Víctor, dime…

 

 

—Noelia, tenemos que hablar si estás con Mike, disimula

 

 

—Claro, ¿cuándo vuelves? —Mike me mira a la espera de noticias.

 

 

—Pasado mañana o quizás en tres días. Creo que hacienda va tras Mike ahora.

 

 

—Lo sé ¿Nos vemos entonces? —suspiro.

 

 

—No sé qué se planea Noelia, pero no es nada bueno.

 

 

—Imagino. —sonrío tristemente —En tres días nos vemos. Estamos deseando verte, ¿quieres hablar con Mike?

 

 

—Sí, pásame a ese imbécil. —Ríe.

 

 

Le paso el teléfono a Mike para que hablen un rato.

 

 

 

MIKE

 

 

—Hola Víctor, ¿qué haces molestando a estas horas? —Gruño.

 

 

Parece que estás mejor, idiota. —Ríe. —Me alegro por eso, ¿cómo lo llevas con ella?

 

—Yo lo llevo muy bien, ¿Cómo está Nerea? —Pregunto.

 

—Feliz de poder estar con sus padres por unos días.

 

—Bien, dale recuerdos míos, ahora dime, ¿qué pasa?

 

—¿Cómo dices? —se sorprende.

 

—Víctor, no soy idiota. Has llamado por algo a estas horas, y mi niñera no sabe disimular lo suficiente ante mí cuando algo le preocupa.

 

 

Noelia, que estaba organizando unos papeles encima de la mesa, me mira seria.

 

 

—Vaya, veo  de nuevo a mi hermano Mike en todo su ser. Me alegro.

 

—Cuéntame. —Pido serio.

 

—Mike, hermano, no vamos a dejar que pase nada, pero debes saber que Hacienda está investigando a tu constructora.

 

 

—¿Qué mierda dices? —Levanto un poco la voz.

 

—Escucha, no va a pasar nada, estamos trabajando en ello, tranquilo. —Intenta calmarme.

 

—¿Estamos? —Pregunto. —¿Quién?

 

Un largo silencio se hace en el teléfono.

 

—Víctor, no me jodas. — Me levanto del sofa —¿Quién más sabe que es lo que pasa en mi empresa?

 

—Tienes que entender que nosotros lo sabemos porque velamos por ti…

 

 

Esas palabras son suficientes para que mire a Noelia, ella niega con la cabeza y se acerca.

 

—¿Lo sabías? —pregunto enojado.

 

—Mike… — mi nombre se queda en el aire, y yo me sumerjo en el abismo otra vez.

 

—¿Qué más sabes? ¿Qué más ocultas de mi empresa? —Ciestiono duramente.

 

—No seas idiota. Lo sé porque papá me contó justo antes de venir. —Me grita.

 

 

Miro el teléfono que tengo en la mano y cuelgo la llamada sin despedirme de Víctor.

 

—¿Por qué no me dijiste nada? —Pregunto serio, pero calmado.




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