Estar contigo

CAPITULO 25

 

NOELIA

 

 

Me visto rápidamente, Mike no me ha dejado dormir en toda la noche, y tampoco me ha despertado temprano. 

Tengo que preparar el juicio contra los Gotter, será pronto.

 

En dos horas he quedado con Coleman para que me indique como van las cosas, después llamaré a Bikers, por mucho que sé que le moleste a Mike, es mi trabajo y Bikers mi amigo.

 

Por lo que sé, estás navidades, Coleman ha disfrutado a su hija por orden de la Juez Vicens, que se dedica a conciliaciones familiares, pero de seguro que Tom ha tenido algo que ver para que eso suceda.

 

Corro hacia el garaje donde Mike ya me espera, mi coche se quedó en el garaje de su empresa, así que primero debo de ir para allá, y ya que estoy repasar con él los últimos contratos firmados.

 

—Vamos rubia, llegarás tarde. —Ríe burlón.

 

—¿Sabes perfectamente que me voy contigo? —gruño. —quita esa estúpida sonrisa, tú eres el que llega tarde, ¿por qué sonríes?

 

—Río porque te dije que no era buena idea dejar el coche allí, y otra vez tengo razón.

 

—Vamos, no me molestes desde tan temprano. —pido.

 

—Parece que la princesa amaneció de mal humor, anoche estabas más simpática. —se carcajea.

 

—Vete a freír espárragos. —digo montando en su coche. —tú lo tienes aquí porque hiciste que el mozo del restaurante lo trajera.

 

—¿Te molesta que piense o que tenga recursos?

 

—Eres insoportable de verdad.

 

 

 

MIKE

 

 

Es preciosa hasta cuando se molesta, la miro de reojo, ese vestido azul claro le favorece mucho, claro que no se lo voy a decir en este momento, esperaré a que estemos solos en mi oficina o mejor en su apartamento.

 

Cuando llego a la empresa, el coche de Noelia está en el puesto de presidencia, lo que me obliga a tomar el aparcamiento de al lado.

 

Al llegar a recepción mi querida, Lily está entretenida anotando algo en la agenda.

 

—Buenos días, bella dama. —Le sonrío.

 

—¡Mi niño, qué alegría! —se levanta y rodea la mesa para besarme y tirar de mis mejillas.

 

—Noelia, querida, se dirige a ella y la abraza.

 

—Espero que hayas venido para quedarte.

 

—Por supuesto, vuelvo de nuevo a la presidencia.

 

—No sabes lo feliz que me haces, seguro que esta chica tiene mucho que ver —se dirige hacia Noelia que está parada a mi lado.

 

—¿Yo? Nada de eso, Mike ha querido hacerlo. —responde ella.

 

—Dulce criatura, conozco perfectamente a mi niño, y él no estaría aquí sin tu ayuda. —Le sonríe tiernamente.

 

—Está bien, solo necesitaba un pequeño empujón.

 

—Subimos Lily, que tengas un buen día.

 

 

 

NOELIA

 

 

Al llegar a la sala de presidencia lo primero que me encuentro es a su secretaria Marga, vestida muy diferente a la última vez que pase por aquí, que lo saluda efusivamente.

 

No puedo dejar de mirarla, lleva una pequeña falda corta color negra con una camisa marrón con transparencias que dejan apreciar su sujetador del mismo color.

 

—Buenos días, Levis. —dice sin apreciar mi presencia.

 

—¿Necesita su agenda? —pregunta sonriente.

 

—Por ahora no, pero si necesito que vayas a la cafetería de aquí al lado y nos traigas dos cafés con leche y un par de emparedados.

 

—Puedo llamar que los traigan… 

 

—Quiero que sea rápido, ve tú personalmente a por ello. —indica.

 

—Por supuesto —sonríe falsamente.

 

La regalada de su secretaria se va notablemente molesta y nosotros pasamos a su oficina, saco mi ordenador de la bolsa, y me pongo a repasar correos esperando a que Mike encienda el suyo y me envíe los contratos que le han enviado para que firme.

 

Al poco de estar repasando contratos, un pequeño detalle llama mi atención.

 

—Mike, en esta cláusula en letra pequeña, dice que cobras un tres por ciento a las subcontrataciones de estructuras por día de retraso. ¿Eso qué significa? ¿Les cobras o se lo descuentan?

 

—¿Cómo dices? —Pregunta extrañado.

 

—Mira. —Mike rodea el escritorio y se coloca a mi lado. —Lee. —Pido.

 

—Yo nunca he pedido esto. No tenía ni idea. —Gruñe.

 

—Acabamos de encontrar el origen de tus problemas con Hacienda. 

 

—Tengo que hablar con mis gestores. —Indica marcando en su teléfono.

 

—Espera. — le cojo del brazo —Vamos a revisarlos todos antes de poner las cartas sobre la mesa.

 

Mike está pálido, sabe que esto es un problema grave.

Me acerco a abrazarlo, y darle un tierno beso cuando la puerta se abre.

 

—Disculpad, traje sus desayunos. —Habla Marga que sonríe por su interrupción.

 

—Creo que el no estar aquí te ha hecho olvidar el respeto que debes tener hacia mí, persona. —Recrimina a Marga, un Mike muy molesto.

 

—No quería interrumpir. —Dice con un falso arrepentimiento.

 

—Parece que no estás a la altura de una secretaria para presidencia. 

 

—El no saber llamar a la puerta es más bien, falta de educación, cariño. —digo prepotente.

 

A Marga se le ha borrado la sonrisa en la cara, cuando ha visto como beso a Mike delante de ella.

Me vuelvo y continuo.

 

—A qué esperas, vamos fuera. —Le exige mi prometido.

 

Mi ego está por las nubes. Mike ni se ha dignado a mirarla.

 

—Estoy seguro de que su intención es hacernos discutir. —Me dice.

 

 Parece que poco a poco aprende. 




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