Estar contigo

CAPITULO 27

 

MIKE

 

Recojo mis cosas para marcharme, iré a almorzar solo, Noelia tenía reunión con un cliente.

 

Antes de cerrar la puerta de mi oficina aparece Pedro a mi espalda.

 

—¿Podemos hablar un momento Levis?

 

—Claro, que sea rápido.

 

—Es por si tienes aquí firmados los contratos que solicité esta mañana.

 

—Todavía, no los ha revisado Noelia, cuando los tenga, te los haré llegar.

 

—Sobre eso también quería hablar contigo, pagamos miles de dólares a nuestros abogados para eso, ¿por qué ella debe inmiscuirse donde no la llaman? —dice molesto.

 

Esto es el colmo de descaro que me faltaba. Intentaré que no note mi enfado.

 

—Primero, aquí a ella la han llamado, por cierto, por si no lo sabes, el que la ha llamado he sido yo.

 

Segundo gracias por recordarme que tengo que despedir personal ineficiente de la empresa, tercero y último ella va a ser mi esposa, esto será tan suyo como mío, así que debe saber cómo funcionan las cosas.

 

—De que estás hablando, ella dijo que quería separación de bienes…

 

—No me refiero a eso, mañana tengo cita para traspasar el 50% de la empresa a su nombre, claro que esto ella no lo sabe.

 

—¡Estás imbécil Levis! ¡No puedes hacer eso! No puedes darle a esa tanto.

 

—¿No puedo? ¿Por qué?

 

—¡Yo he trabajado tanto como tú en esta empresa… no puedes deshacerte así sin más de la mitad de ella, se lo debes a Samuel, a Allison me lo debes! No puedes dársela a ella.

 

—A ver López, primero, has trabajado tanto o más que yo porque te pago para ello, no te debo nada, segundo me ha costado mucho entender que la decisión de que Samuel tomase mi coche fue suya y no mía, y que Allison lo acompañase no fue culpa de nadie. 

 

—Eres un desagradecido. Te vas a quedar solo, te van a engañar y cuando lo hagan, estaré esperando para recogerte de las cenizas como la última vez.

 

No dice nada más, sale azotando la puerta, como alma que lleva el diablo.

 

Ahora debe estar desesperado.

 

NOELIA

 

Llego al restaurante donde Coleman me espera acompañado de su pequeña.

 

—Hola Millas, ¿cómo has estado?

 

—Hola Coleman, cuánto ha crecido —le tocó la nariz a la nena. —Hola Gisel —esta sonríe.

 

Bueno Coleman ¿cuéntame cómo va todo?

 

—Muy bien, he conseguido que me arreglen el horario de trabajo, para que coincida con las horas de guardería de la pequeña…

 

Coleman me cuenta todas las hazañas que ha conseguido para que no le quiten a su pequeña. Una amiga de su hermana, buscaba una habitación para estudiar en la ciudad y se la ha cedido a cambio de ayudarlo con la pequeña.

 

A este paso, su familia política no tiene nada que hacer. Es un padre ejemplar.

 

Saco mi portafolios para que firme una declaración jurada, sobre sus ingresos, etc. para presentar al juez.

 

—Coleman, voy a proponer que tus ex suegros puedan ver a Gisel, una vez a la semana y pueda estar con ellos un fin de semana al mes, el tiempo que acordéis en vacaciones y fiestas. ¿Estás de acuerdo?

 

—Sinceramente, no me hace mucha gracia. Pero entiendo que son los abuelos de mi hija, quiero pensar que la muerte de Vanesa los ha hecho perder la razón, ellos no eran así.

 

—Perfecto, así se habla. —lo animo. 

 

—La pequeña me mira con grandes ojos enseñando sus dos dientecitos al sonreír.

 

Cuando acabamos de comer, Coleman se despide, con un abrazo. 

 

La bebé me dice adiós con la mano y yo me dirijo hacia mi coche, con las llaves en la mano.

 

Una llamada entrante me detiene, saco el teléfono para contestar.

 

—¡Cuidado! —escucho a lo lejos.

 

MIKE

 

He pensado venir al restaurante del Chef Mauro, un viejo amigo que hace tiempo que no veo.

 

—¡Hola Mike, cuanto tiempo! ¿Cómo estás, chico?

 

—Estoy bien Mauro, gracias. 

 

—¿Podría comer algo rápido? Por favor.

 

—Vamos —me acompaña a una mesa cerca de una ventana desde donde tengo unas maravillosas vistas al parque de la ciudad.

 

Estoy degustando un rico plato de pasta a la carbonara, cuando mi teléfono suena.

 

—¿Dígame? —contesto a un número desconocido.

 

—¿Buenos días, con quién hablo? 

 

—Soy Eric Codman, agente de Hacienda pública.

 

—¿Buenas, en que puedo ayudarle?

 

—Tengo unas preguntas que hacerle, ¿cuándo podríamos reunirnos?

 

—Sí, gusta, estoy en Mauro’s almorzando al salir si puede.

 

—Perfecto, en una hora nos vemos en mi oficina, ahora que mando la ubicación.

 

—Sí, gracias.

 

Me he puesto nervioso, me tiemblan las manos, ahora todo lo que temía ayer, cuando Noelia me contó lo que pasaba con mi empresa, se vuelve realidad.

 

No soy tonto, sé que estoy en problemas, y esta vez no me andaré por las ramas, necesito ayuda, voy a llamar a Víctor.

 

Por segunda vez en menos de diez minutos llamo a Víctor, este no me contesta el teléfono.

 

Pero cuando me dispongo a pagar el teléfono sueña, dando gracias al cielo al ver que es Víctor el que llama.

 

—Dispara, ¿qué es lo que pasa? —pregunta.

 

—Víctor me acaba de llamar un agente de Hacienda para pedirme que me reúna con él, ¿crees que debo ir solo? O llamo a Noelia.

 

—Creo que en este momento necesitas a tu abogada, pero es mejor que vaya como tu pareja. —si vas con ella como abogada parecerá que escondes algo o que tienes miedo porque las cosas no están bien, llámala. —suspira —Mike, sobre todo guarda la compostura.

 

—Entiendo, gracias por todo. 

 

—¿Por todo? —pregunta risueño.

 

—Sí, gracias por enviarla.




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