Estar contigo

CAPITULO 29

NOELIA.

 

—Buen día, princesa.

 

—buenos días, Mike. —se acerca a dejar un cálido beso sobre los labios.

 

—¿Qué planeas hacer esta mañana?

 

—Iré a desayunar con Lily, y después a la oficina, hoy llega Víctor.

 

—A mediodía deberíamos quedar para comer todos juntos, ¿te parece?

 

—Yo lo llamaré temprano, quiero acabar los pendientes, es fin de año. 

 

Nada más nombrar a mi amigo, Víctor llama por teléfono.

 

—Hola Víctor, ¿ya estás por aquí? —pregunto.

 

—Ya hemos llegado, Nerea me comenta que porque no venís a cenar a casa esta noche, ¿y celebramos juntos?

 

Miro a Mike esperando a que diga algo, el compenetrado conmigo asiente con la cabeza, lo cual me alegra porque a mí sí me apetecía

 

—Nos parece estupendo Víctor, ¿qué hay que llevar?

 

—Unas botellas de vino si queréis de lo demás 

nos ocupamos nosotros. —Mike, ¿podrías visitarme esta mañana?

 

—Sí, más tarde me paso. —indico.

 

No hay que ser muy inteligente para saber que es lo que quiere, querrá explicar que es lo que pasa con la constructora. 

 

Noelia pone una graciosa cara cuando se quema con el café que le he preparado.


 

NOELIA.


 

Me he quemado con el café. Mike lo prepara todas las mañanas, me he acostumbrado a levantarme y tenerlo sobre la mesa, aunque él sabe que antes de llegar a la oficina normalmente, me detengo en la cafetería a comprar el desayuno.

 

Cuando le comente dijo simplemente «bien», pero igualmente cada día lo prepara, ya me he acostumbrado, y me agrada.

 

—¿A qué hora crees que acabarás más o menos esta mañana nena? —me pregunta.

 

—La verdad todo lo de Coleman está terminado, tengo que revisar con Alex que documentos fueron los que robaron junto con mi cartera. —agacho la cabeza negando.

 

Mike se acerca, levanta mi mentón y lo besa.

 

—Nena, el restaurante tiene cámaras al igual que los locales de alrededor, los van a pillar, no lo dudes.

 

Sonrío débilmente, no entiendo que es lo que buscan, los documentos que llevo no son importantes a gran escala, no son gran cosa, casos irrelevantes.

 

Todo esto me tiene muy preocupada. Sé que debo dejar de pensar en esto, no puedo arreglar nada, espero que la policía encuentre pronto a los autores.

 

Agarro mi bolso y me dispongo a salir hacia él, tengo que recoger a Lili, voy tarde, seguro que ella ya me espera.

 

El tráfico hoy no está muy a mi favor hoy, aunque consigo llegar sin demorarme mucho.

 

Antes de llegar a la cafetería ya visualizo a Lily que me está esperando.

 

—Hola querida, te esperaba. 

 

—Perdón por llegar tarde, me entretuve unos minutos y el tráfico estaba horrible.

 

—Entiendo no te preocupes, tenemos tiempo.

 

Al entrar a este lugar me doy cuenta de porque insistió esta mujer en reunirnos aquí, este lugar se siente hogareño. 

Nos sentamos en una mesa adornada con un jarrón con flores y mantel color azul cielo, que hay al fondo junto a una ventana.

El camarero se acerca para que le digamos que es lo que queremos para desayunar. Lily pide por ambas a petición mía.


 

MIKE.

 

He llegado una hora antes a la oficina, necesito seguir supervisando lo que han estado organizando durante estos meses que no he estado presente en la empresa.

 

Estoy preparándome para cuando Víctor me llame, debo salir hacia el bufete, ya que tiene muchos pendientes.

Deseo con ímpetu que se aclare toda esta situación, y que los contables le expliquen qué es lo que ha pasado con el tres por ciento.

 

El estómago me gruñe, no puedo comer recién levantado y eso es algo que me pasa factura cuando llegó a la oficina. 

Iré a la cafetería de la empresa a ver si tienen alguna galleta.

 

El móvil en mi bolsillo vibra. 

La llamada entrante no es de ningún número conocido.

 

—Buenos días, señor Levis. — la llamada es de Hacienda —Puede venir cuanto antes a la oficina, tenemos noticias.

 

—Perfecto señor Codman, en una media hora estoy ahí.

 

—Gracias.

 

Sinceramente, pensaba que sería Víctor el que me llamara para almorzar, ahora la situación ha cambiado y me toca llamarlo a mí. No dudo ni en un momento en marcarle.

 

—Levis, ¿qué ocurre? —Ríe —ya me echas de menos, no hace ni dos horas que hemos hablado.

 

—Víctor me acaban de llamar de Hacienda.

 

—¿Ahora? No puede ser si es fin de año, hoy no suelen trabajar, en estos casos solo organizan documentos, un conocido mío trabajo ahí, algo sucede, creo saber que puede ser, así que amigo no te asustes.

 

—Me han citado en las oficinas en media hora, no es que tenga miedo, es que respeta.

 

—Dame un minuto. —Escucho como Víctor da órdenes a su asistente.

 

—Levis, ves hacia allá, yo me dirijo también ahora, nos vemos en la puerta.

 

Visualizo un plato con magdalenas de chocolate recién horneadas en la cafetería. 

Como una y me llevo otra, la chica de la cafetería sonríe, comer también alivia mis nervios, además del hambre.

 

—Buenos días, Mike, ¿vienes o te marchas? —La voz de Pedro me detiene.

 

—Me voy, llevo aquí un largo rato.

 

—¿Puedo saber a dónde vas? A las doce hay una junta.

 

—No, pero no te preocupes, llegaré puntual —Sonrío disimulando el desagrado que me provoca.

 

—Eso espero. —Me devuelve la sonrisa falsamente.

 

No reparo más en ese hombre, me gustaría decirle cuatro cosas bien dichas, pero no estoy loco. No lo pondré sobre aviso.




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