Estar contigo

CAPITULO 32

MIKE.

 

Ya en la furgoneta a la que nos han subido, los agentes susurran cosas que no logro entender. 

López no habla, va callado sin dejar de mirarme, el odio se refleja en sus ojos.

Nos hace bajar y adentrarnos a la puerta trasera de los juzgados, a López se lo llevan por la izquierda con otros detenidos, a Marga, dos tipos más y a mí por la derecha.

Un guarda me indica la sala donde tengo que adentrarme, en la puerta de dicha sala se lee en un cartel dorado colgado “interrogatorios” nervioso asiento con la cabeza, en todo momento los agentes han sido correctos conmigo, pero aun así estoy muy molesto.

Antes de pasar al interrogatorio, de dos puertas a mi izquierda, veo salir a Nicco, mi suegro que me saluda con un leve movimiento de cabeza y una pequeña mueca en forma de sonrisa.

Algo en su mirada me dice que me tranquilice, pero no puedo, todavía no logro entender como es que llegue aquí, como se llegó a liar la bola en mi empresa de tal forma.

—Señor Levis siéntese por favor. —pide un agente que no había visto anteriormente. —Soy el agente Carter. —¿Tiene algo que contarnos? —pregunta dejando una libreta sobre la mesa.

—No. —respondo seguro de lo que digo.

—Está bien, empezaré yo, dice apoyando ambas manos cruzadas sobre los papeles. —  ¿es posible o factible una desviación de casi dos millones sin que el dueño de la constructora se entere? ¿Cree que nos lo vamos a creer?

El tono que utiliza este hombre no me está haciendo ninguna gracia. Me pone a la defensiva.

NOELIA.

Papá sale de la sala de interrogatorios, sereno como siempre.

Viene directo a darme un abrazo que necesito con urgencia. 

Llevo más de media hora esperando aquí fuera. 

Los furgones han pasado por la parte trasera, lo que ha hecho que se demore bastante la cosa, Víctor quería quedarse, pero me he negado, tiene que ayudar a Nerea que lo espera en casa y si conseguimos nuestro objetivo vamos a cenar todos juntos.

—Papá, ¿cómo van las cosas ahí dentro?

—No te voy a mentir, hija, las cosas están mal, es mucho dinero. —Me abraza —He vivido esto en otras ocasiones y no suele ser fácil, hay algo que no me cuadra en esta historia, no parece cosa de un director de empresa y una secretaria, esto lo he vivido en otras ocasiones princesa.

—¿En otros casos papa? —pregunto más nerviosa todavía.

Mi padre parece notar mi angustia, porque me calma.

—No te preocupes cariño, eran situaciones diferentes, no me hagas caso.

Mi padre desvía la vista hasta mi reloj.

—¿Lo llevas? —sonríe.

—Si papa, llevo el localizador.

Mi padre por su trabajo, cuando cumplí quince años, me regalo un precioso reloj de acero, elegante para tenerme localizada que va unido a una App de su móvil. 

A mí no me importa llevarlo y a él lo tranquiliza que lo lleve. 

—Espero que Levis tenga agallas, el interrogatorio es duro. —comenta mi padre.

—¿Interrogatorio? Creí que era a ti a quien iba a interrogar. 

—Bueno, sí, pero se lo pasaban a la sala.

Sin dudarlo me alejo de mi padre y me adentro a la recepción de interrogatorios.

—Abogada Millas, mi cliente Mike Levis Jensen está ahí dentro —enseño mi identificación —¡Quiero entrar ahí ahora! —Le exijo.

Cuando voy a entrar escucho lo que el agente le está diciendo.

—¿Es posible o factible una desviación de casi dos millones sin que el dueño de la constructora se entere? ¿Cree que nos lo vamos a creer?

—Usted puede creer o no pensar lo que quiera, solo cíñase a las pruebas. —Le digo desde la puerta. —Me acerco hasta Mike —Abogada Noelia Millas, ¿me pueden recordar las pruebas que tienen en contra de mi cliente? —pido sonriente, luego me giro hacia Mike, —no digas ni una palabra.

 

—Su cliente está acusado de blanqueo de capitales, malversación y estafa a pequeñas empresas. —Explica con disgusto.

 

—No le pregunto de qué se le acusa, le pregunto por las pruebas que lo incriminan. Deje que le recuerde yo a usted, que la orden de registro la firma mi cliente, porque realmente usted y yo sabemos que las pruebas que tienen son solo circunstanciales. —Suspiro. —Es inocente, además de ser fin de año y si no me dan motivos para tenerlo aquí retenido, como comprenderán, nos gustaría marcharnos.

 

—No puedo dejar que se vaya, con su capital podría escapar del país… 

—vamos hombre, no sea necio, le dio el mismo acceso a sus cuentas, emails y empresa. —Me indigno. 

 

Otro hombre de apariencia más mayor que el agente que dirige el interrogatorio, se acerca para decirle algo al oído.

—De acuerdo, mis agentes están cansados, es fin de año y dado el historial de colaboración de su cliente, dejaremos que se marche, pero después del día dos de enero lo llamaremos desde esta oficina para seguir con el interrogatorio. —Se pone en pie. —Puede marcharse.

 

Suspiro sonoramente y le dedico una sonrisa a Mike, nos vamos a casa.

 

MIKE.

 

Estoy atónito con esta dulzura rubia, parece que puedo volver a respirar con normalidad, sabía que no iba a ser fácil, pero es bastante más estresante de lo que pensaba. 

Al salir al pasillo, mi suegro está hablando con un hombre que al verme asiente con la cabeza y se marcha.

 

—Hola muchacho, ¿cómo lo has llevado? —dice estirando su mano.

—No he podido decir una palabra, mi abogada los ha acorralado bastante bien, y han dejado que me vaya. —le doy un apretón en la mano a modo de saludo.

 

—Adelantaros al coche, voy a despedirme de un viejo amigo, no tardo. —Nos dice.

Noelia saca su teléfono del bolsillo, lo mira y me pregunta. 

—¿Quieres que vayamos donde Víctor? Podemos quedarnos en casa si quieres y que papá y mamá vayan con ellos.

—Vamos todos nena, no es justo que también nos arruinen estas fechas. —Le sonrío —además han venido tus padres, querrán estar con su hija.




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