Estaré a tu lado

Capítulo 34

Enical

Un tirón me despertó en medio de la oscuridad, mi almohada empezó a moverse en un estiramiento que me obligo a abrir los ojos, no quería, solté un gruñido de fastidio y advertencia.

-¿Enical?- la voz de Antonio confundido recién despertando me provocó flojera, siento que me faltan aún más horas de sueño.

-Callate y duérmete- ordené cerrando los ojos estirándome ligeramente, la cama esta algo dura…

-Lo haría si no me bloquearas el aire- comentó.

Fruncí el ceño hasta que caí en la cuenta que estaba escuchando sus latidos, mi cuerpo estaba literalmente encima del suyo.

-Perdón- solté abriendo los ojos y notando que su camisa estaba contra mi mejilla, vi su barbilla cerca a mi frente, pero no quería mirarlo, no sé si estaba de humor.

-Solo quita esta mano- indicó moviendo mi brazo derecho obligándome a recostarme casi boca abajo sobre él, sus brazos rodearon mi cuerpo en un cálido abrazo mientras su respiración se volvía más relajada.

-Creí que..

-Finjamos que no hemos despertado todavía- carraspeó.

-¿Qué?- cuestionó la Dark -A mi nadie me dice qué hacer.

-¿Finjamos? ¿Por qué no puedes decir “fui muy idiota, perdoname”?- inquirí imitando la ultima frase con su voz.

Suspiró cansado -¿No puedes disculparte tú por sacarme de quicio cada segundo? No creas que no sé quién mando a Beitrena a intentar pasar la noche aquí.

-No puede culparnos porque la perra ya estaba loca antes de conocerla- refutó la Pinky.

Abrí los ojos sabiendo que estaba en problemas -Tú mandaste a Alex a amenazar a cada chico que se me acercaba diciendo que era un novio muy celoso.

-Le dije que te mantuviera segura, sus métodos no los elijo yo- se excusó el muy cobarde.

-Le saqué la verdad con comida, Antonio- acusé alzando la cabeza para verlo a los ojos.

-Mis métodos nunca fallan- se enorgulleció la Nerd.

-Ese idiota- maldijo aún con los ojos cerrados, su perfil en la penumbra estaba alumbrado por la luz nocturna a la que ya había acostumbrado mis ojos.

Estaba absorta mirándolo tan entretenida que no advertí su mano cubriéndome los ojos, su tacto tibio y suave me podía hacer olvidar cualquier cosa, lo necesitaba, lo necesitaba un montón.

-En verdad. ¿Cuánto cuesta que te quedes callada y quieta 5 segundos?- me retó con ese matiz irritado y flojo.

-Mucho, ni con todo tu dinero lo lograrías- sermoneé removiendo mi cara con una sonrisa, alcé mis manos quitando la suya, me encontré con sus ojos brillantes mirándome, mis dedos recordaron los suyos y empezaron a juguetear quedando entrelazados.

-¿Cómo llegué aquí?- preguntó con una voz tan relajada que no rompió nuestra pequeña armonía.

-¿Qué es lo último que recuerdas?

-Prefiero no recordar- se frotó los ojos con su mano libre.

-¿Cómo van tus noches?- pregunté curiosa.

-No ha habido ataques hace mucho- confesó algo tranquilo.

-Entonces no tienes porque quejarte por tu noviecita- deslié sintiéndome incomoda deshaciendo nuestro agarre y me incorporé saliendo de su encima.

-¿Mi noviecita?- replicó divertido antes de tomarme como una muñeca de trapo y volver a ponerme encima suyo, volví a bajarme enojada y me recosté de espaldas a él -Hay que ver que te enojas solo porque no te queda de otra.

-Quiero dormir, te dejé quedarte por educación, pero si vas a hacer ruido mejor ve a tu cuarto- me hice la orgullosa.

-¿Me estas echando en mi propia casa?

Cerre los ojos fingiendo dormir, no se creyó mi intento de ronquido riéndose antes de colocarse encima de mi sin aplastarme, el movimiento fue rápido y me hizo recostarme boca arriba nerviosa enfrentando su sonrisa divertida.

-Ya me quitaste el sueño- susurró echándome todo su cálido aliento a propósito para sentirlo en mi piel, estremeciéndome.

-Me está convenciendo- anunció Eva mirándolo como un gatito juguetón, las demás le aventaron cojines con toda su furia.

-Yo quiero seguir durmiendo- me volví a quejar recostándome de lado cerrando los ojos.

Creí que me dejaría en paz, pero una lluvia de besos en mi mejilla me quitó el poco sueño que me quedaba, eran cortos y suaves empezando a bajar al borde de mi cuello, pero el pensamiento de que había salido con alguien más tan rápido luego de lo nuestro me enfurecía.

-Te dije que no- declaré empujándolo con las manos a alejarse, se quedó extrañado unos segundos, de seguro que nadie antes lo había rechazado, por alguna razón quería justificarme, busqué una excusa que ni él podría dejar pasar -Está mal que estés aquí, yo…tal vez me gusta alguien- ni lo pensé bien al decirlo.

-¿Quién?- indagó de inmediato sin creerme.

-Mat- solté sin pensar.

-Lo sabía- acusó mirándome.

-Tú saliste con alguien antes que yo, no puedes culparme.

-¿Por qué te culparía por avanzar? Es tu vida…y en el fondo deseaba que sucediera.

-¿Deseabas deshacerte de mi?

-Deseaba que te alejaras de mi, de lo que te lastima- su mirada fija en mi cuello delataba sus recuerdos de esa noche en su habitación, cuando me atacó -Aunque no creí que dolería así.

Su confesión me sabía ligeramente a manipulación, es que se ve como dos personas tan diferentes ahora, primero me quiere, luego me evade, luego me sobreprotege, luego quiere desterrarme de su vida…

-Puedes ir a acostarte con alguna modelo para que se te pase la pena- aconsejé dolida -Como has hecho hasta ahora.

Esperaba una respuesta fresca y de chulería, pero se quedó callado varios segundos sin moverse, volví a recostarme de lado empujando su cuerpo con la cadera. Su teléfono vibró rompiendo el silencio incomodo y él estiró su mano encendiendo la pantalla, no logré ver el contenido, pero su suspiro me daba una idea.

-Tengo que salir- anunció en un casi gruñido dejando el teléfono.

-¿A dónde?- pregunté girando mi cuerpo hacia él de inmediato, su última salida hasta la madrugada aún me tenía asustada.




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