El día que Dania tanto esperaba a llegado: su graduación.
Hoy es la graduación de su generación y todos están arreglados muy elegantes, las mujeres con esos vestidos largos y brillosos, tacones altos, maquillaje y peinado adecuado para la ocasión, los hombres con cabello corto vistiendo trajes elegantes. Todos felices en su gran ceremonia, entregando sus documentos que indican que han terminado su etapa de bachillerato. Al terminar todos lanzaron su birrete al aire, señalando que al fin estaban graduados. Todos lloraban de alegría, otros se tomaban fotografías y otros se despedían.
Todo era felicidad en ese momento. Sin embargo, Dania observaba todo desde la ventana de la oficina de la directora. Su tan esperado día ha resultado ser el peor. Ha renunciado a su ceremonia de graduación y solo ha asistido para recoger sus papeles. Viste de forma casual: unos jeans y una sudadera gris, sin maquillaje ni peinados elaborados. Por una parte, siente tristeza al no vivir su graduación, pero acepta que no desea pasar por ese momento sin Tom.
Desde el día en que Tom se marchó sin despedirse, Dania ha intentado contactarlo sin éxito. En la actualidad, no sabe absolutamente nada de él. Renunció a su ceremonia no solo por su ausencia, sino por todo lo vivido durante su etapa escolar. Sus compañeros nunca la aceptaron y constantemente le pusieron apodos que ella rechazaba. Convivir con ellos en una ceremonia llena de hipocresía no era una opción para ella.
— Felicidades, señorita Dania. Oficialmente a terminado el bachillerato como la mejor estudiante de su generación— felicito la directora entregando los documentos correspondientes después de firmarlos.
Dania los recibe sin expresión alguna. Los revisa para verificar que sus datos estuvieran correctos.
— Señorita Dania, sin duda ha sido la mejor alumna que ha tenido esta institución. Sin embargo, sus actitudes han afectado su expediente, y el asunto del profesor Miller representa una desventaja adicional para usted —señala la directora, recalcando lo sucedido.
Dania observa a la directora con molestia por su comentario. En cierta parte, entiende su punto, pero ella ha entregado todo de sí misma a la escuela.
— Es todo. Me retiro— dice seriamente. Se levanta de su asiento y sale de la oficina.
Al salir de la escuela, se detiene por un instante y voltea atrás para darle un último vistazo. Suspira, sintiendo un alivio profundo. Luego, dirige la mirada al frente y ve a Katy, su mejor amiga, quien luce elegante para la ocasión. Su expresión es triste porque Dania no compartió con ella la ceremonia, pero entiende perfectamente su situación.
—¿Salió todo bien, amiga? —pregunta Katy con tono suave.
—Sí, todo bien, solo que... —Dania se detiene por un momento. Tiene ganas de llorar, pero está en público y no quiere que la vean.
—Lo extrañas —completa Katy por ella.
Esa simple palabra derrumba la barrera que Dania intentaba mantener, y estalla en llanto, mostrando la tristeza que lleva en el corazón. Katy, sin decir nada más, abraza a su amiga, demostrándole su apoyo.
—Amiga, no te rindas tan fácil. Tienes que encontrarlo, contarle todo. Hazlo por tu bebé, que necesitará a su padre.
Dania se separa del abrazo para acariciar su vientre. Piensa, por un momento, en dónde podría encontrar a Tom.
—Ya intenté todo, Katy. Le he llamado, le he dejado mensajes, he intentado todo, y no responde —menciona con voz apagada.
—¿Ya fuiste a buscarlo a su departamento? —pregunta Katy. Dania niega con la cabeza.
—Entonces, amiga, ¿qué esperas? —insiste Katy con determinación.
Sin darse cuenta, Dania ya está corriendo hacia aquel lugar. Avanza por las calles de la ciudad sin prestar atención a su entorno. Solo piensa en llegar a ese departamento, encontrarlo y poder hablar con él para arreglar las cosas.
Al llegar al edificio donde vive Tom, se detiene frente a la puerta. Piensa si subir o simplemente abandonar todo. Su corazón no sabe qué hacer, pero su cuerpo toma la iniciativa y entra.
Sube en el ascensor hasta el piso correspondiente, busca el número del departamento y, sin pensarlo demasiado, toca el timbre dos veces. Su corazón late aceleradamente. Su estómago se revuelve por los nervios, sus manos sudan y sus piernas tiemblan.
Se angustia cuando, tras unos minutos, nadie abre la puerta. Está a punto de irse, pero entonces la puerta se abre.
Su sonrisa se borra por completo al ver que no es Tom quien abre, sino Anna, su expareja.
Anna la observa con extrañeza. Dania no dice ni una sola palabra, pero su expresión refleja una profunda decepción.
—Perdón, me equivoqué de lugar —dice en voz baja antes de darse la vuelta.
—Dania, no te equivocaste —dice Anna, deteniéndola con su voz. —Vienes a verlo a él, ¿no? —pregunta con firmeza.
Dania asintió, un poco nerviosa. Al notar su reacción, Anna la invitó a pasar al departamento. Con cierta vergüenza, aceptó la invitación. Quería saber dónde estaba Tom y tenía la esperanza de que Anna pudiera darle alguna respuesta.
Anna la condujo hasta el sofá de la entrada y le ofreció un vaso de agua, pues notaba su agotamiento por el camino. Dania aceptó con gusto. Mientras Anna servía la bebida, Dania observó el lugar con extrañeza: todo estaba empacado en cajas, como si alguien estuviera a punto de mudarse.
Cuando Anna le entregó el vaso, ambas se quedaron en silencio durante varios minutos, lo que hizo que el momento se volviera incómodo.
—¿En serio viniste corriendo hasta aquí solo para verlo? —cuestionó Anna.
—No, Anna, en verdad no quiero molestarte. Lo mejor será que me vaya —expresó la joven.
—Pero quieres saber dónde está, ¿verdad? —insistió Anna, lo que incomodó aún más a Dania.
Dania guardó silencio, intentando encontrar las palabras adecuadas.
—Anna, estoy desesperada. No sé dónde está... Se fue sin decirme nada.
—Es normal, Dania. Lo amas y te duele lo que está pasando. Y ahora más, porque ese bebé que esperas necesitará a su padre.