Este es mi Karma

18. El dilema de tomar ciertas decisiones

Tener ese momento de privacidad y camaradería con Federico se sintió como haber ganado la lotería, había dejado en mí una estela de alegría, la cual se asimila a despertar de un sueño reparador.

El sofá fue testigo de nuestros bajos instintos y de toda la pasión que aguardaban nuestros cuerpos por ser liberada. Y, unos minutos después, continuamos en el mismo lugar; abrazados y hablando de un montón de cosas. Siento que Federico es ese refugio seguro en donde puedo encontrar paz después de una fuerte tormenta, tal y como me sentí a lo largo de los días cuidando a la bebé; era una sensación similar.

Es sábado y tengo a Sofia en mis brazos, veo a la gente que madruga a trotar o aquellos que sacan a sus mascotas a estirar sus patas, también a aquellos que deben trabajar un día como hoy. Un déjà vu se hace presente y sonrío. Me llena de una sensación de sobrecogimiento, como el ave fénix va resurgiendo de sus cenizas.

Cuando estuve en Medellín, le conté a mis padres que tenía grandes deseos de vivir con ellos. No quisieron opinar en el momento y desviaron el tema hacia otro lugar, tal vez, era temor o alguna otra razón, sin embargo, lo dejé pasar y no quise indagar en ello. Ahora pienso en ese tema.

¿Qué rumbo tomaría vivir en Medellín? Tendría que conseguir un nuevo trabajo, hacerme a un nuevo apartamento —uno pequeño como este—, y, Federico... Federico estaría fuera del radar, al igual que mis amigos. Sé que la bebé necesita una familia, porque estoy comprometida en desempeñar el rol de madre y hacer el mejor esfuerzo para que crezca en un hogar lleno de amor y comprensión, donde pueda aprender y, sobre todo, que todo el proceso sea agradable; después vendrá el jardín, el colegio... Suspiro.

Han pasado tantas cosas desde la llegada de la pequeña. No hay que buscar un culpable o una razón por la que ahora está conmigo. Eso debe quedar en el pasado. Pronto, le encontraré un padre sustituto y seremos esa familia que estaba por fuera de mis propósitos, pero que lo acojo como un regalo del universo; sea por las malas decisiones de Danilo y su amante, o por el rumbo que le estaba dando a mi vida; también, está la posibilidad de criarla sola, aunque ese panorama hace que piense en que será una dura travesía, una compañía nunca está de más.

«No tienes marido ni hijos, ni siquiera un perro o un gato, tómalo como una lección de vida».

Las palabras de Danilo retumban en mi cabeza. No tengo nada de eso porque mi vida se resume en el trabajo, el poco tiempo con el que cuento, se divide entre mi familia y mis amigos, no tengo mascotas porque la única persona que permanecía en casa era Rosita y no habría forma de darle un buen cuidado, y dentro de su contrato no estaba el cuidado de mascotas; aunque tampoco el cuidado de Sofia, y aun así, ella me ayudó sin rechistar. Cuánto la extraño.

Me libero de ese sentimiento negativo, tomo el teléfono y la llamo. Los pitidos van pasando uno tras otro y finalmente contesta:

—Hola, Paulina —responde—. Ha pasado mucho tiempo.

—Buenos días, Rosita —contesto con alegría—. Lo sé, he estado atendiendo muchas cosas, lamento no haber llamado antes, ¿Cómo estás?

—Bien, mijita. Ahora me dedico a cuidarme como me dijo el médico, así que no es mucho lo que hago en el día, quisiera hacer más, pero no puedo hacerlo, ¿Cómo estás? ¿Qué tal está Sofia?

Le cuento todo lo que ha sucedido a la fecha y se alegra porque finalmente se haya convertido legalmente en mi hija, me dice que añora mucho verla, y yo le digo que algún día la visitaremos. También le cuento lo sucedido con Raúl y la situación actual con Federico.

—Te dije que ese hombre me daba mala espina, afortunadamente ya no será un problema para ti —señala con firmeza.

—Así es, infortunadamente tuve que hacer eso, de lo contrario, me hubiese seguido acechando y... —Gruño al recordar lo sucedido—. Me duele que Federico se haya enojado por eso.

—Pero con justificación —me interrumpe—, lo importante es que ya están bien los dos.

—Sí, estamos bien y eso es todo lo que importa —digo—, y haré lo necesario para que se mantenga así.

—Me alegra haber charlado contigo, Paulina. Espero que me visites pronto.

Sus palabras me llenan de nostalgia, no me atrevo a decirle que estoy pensando en vivir en Medellín, no sabría cómo tomarlo cuando me ha confesado que está ansiosa por verme.

—Gracias por contestar mi llamada, Rosita, seguiremos en contacto.

La llamada se corta y vuelvo a estar sola con Sofia, quien mira con curiosidad hacia la ventana. El sol poco a poco se va manifestando, añorando un día precioso.

Ante mi inminente decisión, dejo a la bebé en la cuna, mientras llamo a Sara y Mateo para que me aconsejen sobre el tema, debo hacerlo antes de llamar a mis padres y tomar una decisión definitiva, estoy seguro que iluminarán el camino hacia una buena solución que favorezca a todos los involucrados. Hago uso de videollamada para que todos podamos hablar al mismo tiempo.

—Hola, chicos —anuncio.

—Buenos días, Pau —responde Sara con una sonrisa—. Estaba durmiendo, más te vale tener una buena excusa.

—Ay, no me digas que esto es una alerta rosa —se queja Mateo, tan dramático como siempre.

—Casi, pero no lo es —respondo—. Los llamo para pedir un consejo.

—¿De qué se trata? —pregunta Mateo, bastante ansioso.

Les cuento lo ocurrido en los últimos días porque no estaban enterados de lo sucedido con Raúl y Federico, Mateo abre la boca trágicamente, mientras que Sara escucha atentamente con una mirada felina, como analizando cada palabra que digo. Les hago saber mis deseos de vivir en Medellín, que dicha decisión radica en la nostalgia que me dejó visitarlos después de tanto tiempo y las posibles proezas que me esperan si me decido a vivir allá, les hago saber todas las emociones que me inundan y la indecisión que embriaga a mi mente.

—Todo tiene solución —dice Sara—, es lo que les digo a todos mis clientes y te lo digo a ti como una gran amiga.



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En el texto hay: chick lit, colombia, abogada y gerente

Editado: 26.01.2026

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