Este es mi Karma

Epílogo

Como pasa el tiempo: un día estás enfocada en tu trabajo, cerrada a las posibilidades; y, luego en un parpadeo, te encuentras en una relación.

La experiencia de ser la novia oficial de Federico, hace rebotar mi corazón de alegría y no se compara con nada que haya vivido antes, es lo más cercano a encontrar al amor de tu vida.

Han pasado diez meses. Tiempo en el que hemos logrado conocernos a profundidad, hablar de cuanta trivialidad se ha cruzado por nuestras bocas y, por supuesto, hemos tenido buen sexo. Es bien sabido que el tiempo es relativo y para algunos puede parecer muy poco tiempo; sin embargo, para mí ha sido mucho, además de que, cada día, va cargado de un lindo recuerdo.

Hay una chispa que ha mantenido vivo ese amor que flota en medio de los dos. No podría explicar la razón por la que tenemos esa gran química; algunos dirían que fue la magia del amor y los reencuentros, otros dirían que se trata de almas gemelas, el hilo rojo, etc. Mis amigos y mis padres han sacado las más absurdas teorías, pero todas son hermosas por igual. Efectivamente, me siento como la mujer más agradecida del planeta: mi trabajo va viento en popa, mis amigos siempre están cuando los necesito, tengo a mis padres a unos metros de distancia; y, la cereza del pastel es Federico Rey.

Es mi cumpleaños y él ha decidido invitarme a las playas de Cartagena. Un gran regalo de cumpleaños, si me permiten decirlo. Y podría gritarlo a los cuatro vientos, pero no es necesario cuando eres consciente de que esa felicidad que te provee una sola persona es un símbolo de amor puro y no necesitas ventilarlo a viva voz. Sí, es cierto que las cosas materiales vienen y van, pero no puedo evitar sentirme supremamente feliz.

También es cierto que me daba nostalgia dejar a mi familia y a mis amigos en un día como este; no obstante, ellos han entendido la seriedad del asunto y, aunque no estamos físicamente cerca, se han hecho manifestar mediante llamadas, mensajes y hasta correos electrónicos. Tal es el impacto, que recibo felicitaciones del banco de donde es mi tarjeta de crédito, ofreciendo unas maravillosas ofertas por ser un día especial y bla, bla, bla.

Él se ha encargado de comprar los tiquetes del avión, el alojamiento y otra serie de cuestiones de las cuales me ha mantenido a raya; aunque no puedo culparlo, cuando anda en modo misterioso, sus sorpresas lo único que hacen es dibujar una sonrisa gigante en mi rostro.

—¿Ya tienes todo listo? —me pregunta.

Hay dos enormes maletas en la sala de estar y Sofia se encuentra junto a ellas en un cochecito, durmiendo como si no tuviese más preocupaciones en su vida que dormir, comer, orinar, hacer popo y balbucear.

Sí, es probable que he hecho equipaje como para una semana, cuando realmente solo estaremos dos noches y dos días; pero, me ha ganado la emoción.

Mis padres han venido la noche anterior con un pastel para celebrar con ellos mi cumpleaños por anticipado; incluso, hicieron que mi vecino Danilo formara parte de la improvisada celebración y, su invitación involucró a Samantha, con quien ha estado a lo largo de estos meses. No tuve inconveniente con ello, debía aprovechar su compañía, así involucrara a su chica, pues el fin de semana se van de escapada a un pueblo cercano a la capital.

—Sí —le contesto y bajo la cabeza, como una señal de culpa.

—Cuando te dije que vamos solo por el fin de semana, no me refería a que llevaras la mitad de tu closet —dice él con una sonrisa divertida.

—Lo sé, lo sé —digo en defensa—, estoy nerviosa y emocionada, además, para una chica es difícil hacer un equipaje ligero.

Federico suelta una carcajada y se acerca a tomar las maletas. Me planta un beso y la frente y susurra:

—Dramática.

Su comentario ruboriza mis mejillas y hago como que no lo escuché.

Decido tomar las riendas del cochecito y lo empujo para salir del apartamento. Federico ha dejado su auto en casa, por lo que optamos por tomar un taxi para llegar al aeropuerto. Hubiese pedido ayuda a Danilo, como lo venía haciendo desde que logramos ese acuerdo de ayudarme con el transporte hacia mi trabajo, mientras que yo lo asesoraría con su divorcio; pero él también está aprovechando el fin de semana y no se encuentra en su apartamento. Su divorcio se ha demorado más de lo previsto, pero él se lo ha tomado de la mejor forma; no podemos culpar lo lento que va la justicia en el país.

・・・★・・・

Una hora y media más tarde, hemos llegado al destino propuesto por Federico: Cartagena, la ciudad a orillas del mar Caribe.

Dejamos el equipaje en el hotel que ha reservado y vamos a almorzar al restaurante del lugar, pues el vuelo fue sobre el medio día y el hambre ha atacado sin miramientos, no solo a nosotros, sino también a la pequeña Sofia.

Antes de llegar al restaurante, le doy el tetero a la pequeña y le cambio el pañal, para evitar accidentes o sorpresas no deseadas.

—Será mejor dejarla durmiendo, mientras vamos a comer —le digo, y la pongo sobre el coche.

—No —responde Federico—, irá con nosotros.

—Pero... —protesto.

—Pero nada, Paulina —refuta él—. Te tengo una sorpresa y será bueno llevarla con nosotros.

Sorpresa, la palabra queda resonando en mi cabeza.

Si contara todas las sorpresas que Fede me ha dado, me faltarían dedos en las manos para contarlas, y si le sumara los dedos de los pies, también me faltarían. Es la viva representación de alguien que ama dar sorpresas y recibirlas, y, aunque soy todo lo contrario a él, asiento con una sonrisa. Es mejor no protestar.

—Es una buena sorpresa, no te asustes —dice él, sonriente.

—No, es que..., la sola mención de la palabra me pone a alerta —le explico—, soy una dramática como has dicho.

—Para mí es adorable —confiesa con un puchero en sus labios y no puedo evitar abalanzarme a él y besarlo con mucha emoción—. Venga, que se nos hace tarde.




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