Estereotipos De M!"#$%

CAPITULO 1 EL CAMPAMENTO

Iban en el auto por el camino asfaltado, a los costados hileras de enormes arboles parecían no tener fin. Su papá conducía, su mamá estaba en el asiento de copiloto y Bange estaba sentado junto a la ventana izquierda. Hablaban del clima, Misha no prestaba mucha atención. Estaba demasiado ocupado pensando en el campamento, en la cantidad de alfas que habrían este año y como iban a molestarlo.

- Taero habrá llegado temprano seguro, sus papás son muy responsables. - Dijo Adela, su madre. Solo entonces Misha se regresó a mirar dentro del auto. Bange sonreía.

- Este año voy a ganarle en las carreras, en las luchas y fuercitas. - Su hermano menor como siempre estaba emocionadísimo por los deportes que practicaban en el campamento.

- Recuerda cuidar a tu hermano. - Dijo Peter, su padre. Misha sintió su cara arder. Bange frunció el ceño, se desplomó en el asiento y se cruzó de brazos.

- Ya está grande. - Se quejó.

- Es un omega, como alfa debes protegerlo. - Dijo su madre. A pesar de que aun no habían tenido su primer celo.

- Mejor no debería venir al campamento, los niños omegas no asisten. Él ya está grande para venir. - Seguía reprochando Bange, siempre lo dejaban hablar tanto. Sin importar que dijera ese tipo de cosas hirientes. Incluso cuando eran mentiras.

- Mejor cierra la boca. - Dijo Misha, ya irritado con el desprecio de Bange. Eran niños y peleaban como hermanos.

- ¡Misha no digas eso! - Se espantó su madre.

- ¡Pero mam-! - Estaba listo para defenderse pero...

- Silencio, no es lenguaje apropiado para un omega. - Dijo Peter, su papá.

Misha se cruzó de brazos también y siguió mirando por la ventana. Sus padres siempre le callaban cuando quería decir algo. “No hagas esto, no hagas lo otro.” Era tan irritante. Escuchó a Bange reír por lo bajo, no se regresó a mirarlo. Estaba seguro que luego se vengaría, siempre era así. Sonrió apenas, aun molesto.

El resto de camino sus padres siguieron conversando, entretenidos en recuerdos de cuando ellos eran más pequeños, en viajes y vacaciones familiares. Adela y Peter se tomaban la mano por momentos, se miraban y sonreían. Se amaban, tenían dos hijos hermosos, eran felices.

 

 

Misha tenía doce años. Era hermoso, precioso y delicado. Tenía el cabello rubio de su madre, llevaba sin cortarlo cuatro años. Lo cuidaba celosamente todos los días, lo cepillaba, lavaba y secaba, él solo. Su mamá se lo cortaba con mucho cuidado. Se sentía bonito.

Desde hace seis años, empezó a escuchar esos comentarios de adultos. “Que hermoso niño, seguro será omega.” “Es bellísimo, será el omega más hermoso.” “Qué pena, pero tendrá un buen alfa, tan bello que es.”

Como consecuencia empezó a preocuparse más por su apariencia. Lo elogiaban, le sonreían y le trataban bonito. Quería seguir siendo ese omega hermoso, bello y precioso que todos decían.

Por otro lado, Bange tenía once años. Su cabello era corto y castaño, igual al de su padre. Era un niño tosco y juguetón. No pensaba antes de hablar y si quería algo lo tomaba. Cualidades de un alfa.

Al igual que a su hermano mayor, él también había sido elogiado desde pequeño sobre el gran alfa que iba a ser. Fuerte, respetable e imponente. Era un deportista nato. Además, ególatra y arrogante. Sí, un alfa.

Misha detestaba que su hermano tuviera esas actitudes y “cualidades”. No le veía lo bueno a eso, Bange era molestoso. Le hacía bromas o agarraba sus cosas sin pedir. Sus padres no hacían nada cuando les contaba. “Es que tu hermano está jugando.” “Comparte con él, Bange te quiere mucho.” Lo defendían y le dejaban hacer lo que quisiera. No era justo.

Lo que Misha no sabía, es que sus preocupaciones infantiles se acabarían en el momento que sus celos llegaran. Le hubiera gustado saber lo afortunado que era en ese momento, antes de ese día.

Poder elegir como vestirse, de quien ser amigos, como pasar el rato sin sentirse juzgados, presionados y despreciados. Sería un privilegio que los celos les quitaría.

La vida nunca nos lleva por donde esperamos, las cosas se doblan, quiebran y rompen a cada momento. Ellos no estarían listos para la realidad.

 

 

Finalmente habían llegado, el auto entraba por un camino de tierra y avanzaba más despacio. Adela se escuchaba sentimental. Misha estaba ansioso por bajarse, ir a su litera y apartarse de su hermano. ¡Este año tenían que ponerlo en los dormitorios de omegas! Ya casi era uno. Todos los años compartía dormitorio con Bange, estaba fastidiado.

Su papá estacionó el auto. Estaban listos para correr a sacar sus maletas y ambos niños jalaron las palancas de las puertas en vano. Peter, no quitaba el seguro y esperó la atención de sus hijos antes de hablar.

- Escuchen bien. -  Dijo serio. - Ustedes son hermanos, los hermanos deben estar unidos y cuidarse. - Su papá los miraba por el retrovisor. - No pueden seguir discutiendo de esta manera. La familia es lo más importante. - Adela le tomó la mano a su esposo y sonrió, conmovida.

- Sí papá. - Dijo Bange, complaciendo al adulto. Misha le miró con disgusto, por que obviamente no le creía. Bange le sonrió. El rubio dudó si era en serio... - Misha sabe que lo quiero y que debe preocuparse de que no le pase nada. Sino yo tendré que defenderlo. - Las palabras le atravesaron como navajas. Parecía que sus padres no notaban la arrogancia de su hijo menor.




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