Estereotipos De M!"#$%

CAPITULO 10 NADIE VA A DECIR NADA

El fin de semana pasó volando, con la excusa de que tenía que hacer tarea pudo evitar un montón a sus padres y hermano. El domingo por la noche escuchó a Adela hablando en el teléfono, había salido de su cuarto pretendiendo ir por comida.

Ella explicaba que tanto Misha como Bange estaban muy recluidos. La mujer se lamentaba de no entender a ninguno de sus hijos adolescentes. El rubio no quiso escuchar más, se fue de nuevo a su habitación y prefirió dormir sin comer.

La mañana del lunes se despertó agitado, había tenido pesadillas. Se sentó torpemente en su cama y se quitó el cabello del rostro. Miró al rededor en la habitación, estaba oscuro. Ese día amaneció nublado. Se levantó e hizo la rutina de siempre, ducha, ropa, comida y salir.

Hoy fue con Bange de nuevo. Ambos mudos. Parecía que iba a llover. En el tranvía había más gente de lo normal, quizás por la lluvia las personas preferían ir en un transporte cerrado.

Miraba por la ventana, las gotas empezaron a caer contra el vidrio. Entretenido en lo que le rodeaba había hecho todo mecánicamente, estaba evitando pensar. Sintió que se les pegaban demasiado, Misha salió de su ensoñación para pararse frente a Bange y pegarlo a la puerta de salida, aun faltaban un par de paradas pero prefería que no este cerca de la gente.

Podría parecer paranoico, incluso él se cuestionaba si a veces se excedía. Su hermano menor era un omega, tenía que cuidarlo sin importar que fuera más alto y fuerte que él. Sintió de nuevo que alguien se arrimaba mucho a su cuerpo, sabía que el tranvía estaba un poco lleno. No quería suponer cosas. No quería alarmar a Bange.

Sintió una mano en su cintura, aguantó el aire. Miraba perdido algún punto en el suelo, la mano le apretó ligeramente el cuerpo. No supo que hacer, se enojó un montón. Recordó a Camil en el salón de clases, apestando  imprudentemente todo el salón para que la dejen en paz.

Quiso respirar tranquilo, se aferraba de un tubo para no perder la compostura. Soltó su aroma tratando de controlar cuanto. Escuchó un murmullo, algunas personas se reviraron a ver, notó que Bange se puso incomodo. El omega se cubrió la nariz y le miró sorprendido. Misha apenas le dedicó una mirada, volvió en seguida su atención a la ventana y la lluvia.

La mano soltó su cuerpo, respiró de nuevo. Funcionó. Había funcionado. Quería contárselo a Camil a pesar de que no la conocía de nada. Decirle que verla a ella defenderse, a pesar de ser tan pequeña, le dio valor para detener a un pervertido.

No, claro que no. ¿Estaba loco? ¿De verdad le iba a contar a la chica que un tipo le puso la mano encima? Que vergüenza... Llegaron a su parada.

No demoró en ir a su salón, no interactuó más con Bange. Antes le agradaba que su hermano no se metiera en nada, últimamente empezaba a sentirlo muy distante. Alejó los pensamientos de su cabeza, llegó a la puerta del curso.

Camil estaba allí, más bien su cabeza. La chica miraba al pasillo asomando la cabeza, con el cuerpo dentro del salón. Al verle sonrió, él no devolvió el gesto. Estaba dispuesto a ignorarla e ir a su lugar, sería una larga y horrible semana.

Ella tenía otros planes, le agarró del brazo y sonrió como desquiciada, le quitó la mochila y la echó a un lado en el suelo. La alfa se acercó un montón para murmurarle algo. Pasó todo tan rápido.

- Tengo una idea muy buena. - Dijo ella.

Misha no respondió, le pudo mirar solo un segundo antes de que ella se colgara de su cuello abrazándolo. Fue muy extraño e invasivo.

- ¿Qué estás haciendo? - Dijo al fin, lo primero que decía en toda la mañana. - Camil suéltame. - No habían muchos chicos en el salón aun, pero los pocos presentes les miraban. Que vergüenza, agh.

- Ya vas a ver. - La alfa soltó una risita.

Ella estaba emocionada por que el rubio iba a ser testigo de su valentía. Ese día se había levantado con buen animo. En el camino al colegio no pudo evitar pensar que quería darle una lección el tipo grande, ya no recordaba ni su nombre. No necesitaba hacer algo violento, ella disfrutaba de molestar y causar disgustos. Era un poco problemática, ya lo sabía ¡Justamente eso era lo divertido!

Misha se quedó de pie contra el muro, le miraba con desprecio. Eso la desconcertó un poco, no hizo nada para que el chico le mirara así. Camil ladeó el rostro confundida ¿En que momento? El día viernes habían conversado de una forma agradable ¿O no?

- ¿Qué te pasa? - Cuestionó dispuesta a saber.

Misha se giró para agarrar su mochila, estaba tirada cerca de la puerta. Al hacerlo casi le da a Taero con esta, se enderezó torpemente y se la puso al hombro. Tae se detuvo antes de que le diera y se hizo apenas para atrás. Giel venía a su lago, pasó de largo y fue a sentarse.

- Ten cuidado. - Dijo el alfa más alto.

El rubio asintió mirando al piso, su corazón volvía a palpitar como loco. Tae no le miró de ninguna forma en particular. Sin embargo, sintió un suave golpecito en su frente. El alfa le había dado un pequeño toque con sus dedos, Misha se sorprendió pero Tae solo camino a su lugar con tranquilidad. Eran muchas emociones tan temprano.  

Camil lo miraba, miraba a Taero y a la chica. Miraba de nuevo al rubio. Algo pasaba, no sabría decir qué por que era confuso. Eran todos alfas. Escuchó pasos y voces viniendo del pasillo, se acercó a la puerta con rapidez y jaló a Misha detrás de ella, quitándolo de su camino.




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