Estereotipos De M!"#$%

CAPITULO 11 LOS SECRETOS SON MALOS

 

Bange.

 

Martes 11 de noviembre, 6h00 am.

 

Otro día nublado. No le molestaba en particular pero si le daba más pereza levantarse con ese clima. Aun así lo hizo para poder alistarse para el colegio. La casa sin sus padres se sentía enorme, últimamente el silencio no era agradable. Se iban muy temprano y regresaban demasiado tarde. Casi no los veían.

Estaba desayunando, Misha apareció por la cocina.  Le sonrió, lo notó ¿Decaído? Era común verlo molesto, triste no tanto. Ya no sabía si a su hermano se le volvería a ocurrir faltar de nuevo.

- ¿Estás bien? - Preguntó mientras comía una tostada con mermelada. Le hizo un par al pequeño alfa.

- Sí. - Respondió en un hilo de voz que casi no llegó a escuchar.

El rubio no le miraba, algo pasaba pero no podía obligarlo a contarle. Siguió comiendo y revisando el celular, era muy temprano aun. Hacía frío y estaba oscuro, era un día feo.

- ¿Quieres que Tae nos lleve a clases? - Solo pretendía conversar con su hermano. El alfa se quedó quieto en su lugar, le plantó la mirada.

- Bange. - Misha le llamó. El omega puso su atención en el mayor. - ¿Le contaste?

- ¿Qué cosa? - De verdad no sabía de que hablaba.

- Bange en serio.

- No entiendo. - Vio a su hermano enojarse rápidamente. - Dime de que hablas y te respondo. - Insistió.

- ¿Le dijiste que me gusta? - El rubio se sentía vulnerable pero preguntó al fin, le dolió decirlo.

- Ah, eso. - Bange volvió a comer, escucharlo así era incomodo. De frente, sin rodeos. - Claro que no. - Aseguró, Misha no comía. - Come.

- No le digas. - Pidió. - Por favor, ya voy a olvidarme de eso, no quiero que lo sepa. - Estaba casi rogándole al menor que no se lo dijera.

- No lo haré. Come ya.

- Si quieres ir con él está bien, yo iré en el tranvía. - El rubio siguió comiendo la tostada, le sabía a cartón. Pero Bange las preparó para él, no las iba a despreciar.

Ambos fueron en el tranvía, silenciosos. De nuevo había mucha gente, no le gustó subirse y pegarse otra vez a la puerta pero no quería mandar solo a Misha. Esta vez el viaje se le hizo más corto, al llegar fue para su salón sin esperar a su hermano.

Llegaron demasiado temprano hoy, hacía más frío afuera. Le hubiera gustado tener otro buzo encima para abrigarse un poco. Llegó a su pasillo, el salón estaba abierto pero no había nadie aun. El día seguía opaco, no llovía todavía. Dejó la mochila en su puesto y salió al pasillo. Se quedó mirando fuera por la ventana. Lucía bonito aunque le faltaba color a las cosas por lo nublado que estaba.

Escuchó unos pasos, no se giró a ver. Eran dos chicos conversando, pasaron detrás suyo. No se hubiera movido en lo absoluto de no ser que sintió sus aromas, no eran de omega. Se tensó, su cuerpo reaccionó antes de poder controlarlo. El aroma era algo natural y complicado de manejar, a los omegas les enseñaban a hacerlo por su propio bien pero a Bange no se le daba bien.

Su aroma era el de siempre, naranja y azúcar. Solo que llevaba una pizca de miedo en él. Se giró a mirar, los dos alfas caminaban hacia el final del pasillo. Le habían pasado de largo, respiró hondo. Se había preocupado de que lo notaran, eso solía hacer que los alfas fueran más hostigosos.

Uno de ellos era especialmente alto, los miró andar casi hasta los cursos del fondo. Pensó en esconderse en su aula pero estaba vacía. Quizás podría cerrar con llave hasta ver que se iban. Tenían algo de familiar, no sabía por qué.  

Por estar divagando no se dio cuenta, no le dio tiempo. Sintió de nuevo uno de los aromas y volvió en si rápidamente. El chico más alto había regresado por el pasillo y estaba a pocos metros de distancia. Cuando cruzaron miradas, el alfa sonrió. Se le erizó la piel, asustado.

En ese momento lo reconoció, era el alfa del curso de su hermano. También reconoció al otro, eran esos chicos que molestaron a Misha la semana anterior. Estaba seguro que el más alto lo había reconocido también, se apresuró a entrar a su curso.

Trató de cerrar la puerta de golpe para echar llave pero no lo logró, el alfa fue hasta allí corriendo y empujó con fuerza para meterse en el salón. Kylen pudo ver que estaba vacío. Bange miró al piso y se pegó a la pared detrás. No quería hacer contacto visual con él, estaba aterrado. ¿Qué quería?

- Tú eres el omega que subió. - Pronunció el muchacho, cerrando la puerta. - ¿Qué es la princesa para ti? - Hablaba de Misha, Kylen se sabía el nombre pero prefería burlarse. El omega no le contestaba, podía sentir su miedo. - Dime o tendré que hacerlo hablar a él. - Amenazó, tuvo suerte. Bange le miró con temor, podía notarlo en el aroma.

- No, no le hagas nada. - Pidió. - Es mi hermano.

- ¿Hermanos? - Kylen le miró con atención. El chico no era el típico omega, pero era lindo. - Así que tú tienes la culpa de que se vea tan... Afeminado. - Terminó por reír. - ¿Qué tienes de omega? - Le agarró del rostro.

Bange cerró sus ojos con fuerza, estaba paralizado. Recordaba la última vez que un alfa se fijo en él y el miedo le recorrió todo el cuerpo. Kylen se le acercó, se acercó tanto a su cuello. Chilló bajo en una queja. El alfa le olió.




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