Esto es amor

19

—¿En qué estabas pensando? —me regañó Sung Kyu mientras curaba las pequeñas heridas de mi rostro y manos. No eran graves, pero había insistido en desinfectarlas.

—Insultaron a Sung Jong, ¿qué querías que hiciera? —me defendí.

—Son sólo palabras, L. En buena nos has metido.

Y me frotó un trozo de algodón empapado en alcohol en una de mis cejas. Ardía. Hice una leve mueca y busqué a Jongie con la mirada.

Estaba sentado en el sofá con Woo Hyun a su lado, el cual le rodeaba los hombros y le susurraba palabras que yo no lograba escuchar.

—Es asunto mío, Sung Kyu —repliqué.

—¡Por supuesto que no! También es mi asunto —bajó la voz— y ahora también lo es de ellos.

Tenía razón. Tenía razón.

Mi reacción nos traería problemas con los Black Eyes, pero, ¿qué otra cosa podía hacer? Pese a las posibles consecuencias no me arrepentía de lo que había hecho.

Sung Kyu nos dió una serie de recomendaciones de seguridad, no salir de casa a menos que fuese necesario, tratar de nunca ir solos y llegar a más tardar la siete y media. Las clases de canto de Sung Jong terminaban a las siete, así que el tiempo nos venía bien .

El encuentro con esos tipos tuvo su lado bueno y fue la reconciliación de los hermanos. Woo Hyun se olvidó de su novia y centró toda su atención en mi novio.

No era el único.

No quería confesarlo, pero la verdad era que estaba asustado. Y preocupado. Carajo, estaba enfermo de preocupación.

Y no por mí, si no por él. Mi pequeño y adorable novio, mi dulce Jongie. Noté como se esforzaba en ser valiente, pero estaba tan asustado como yo.

No me separaba de él en ningún momento, ya fuera en la escuela, en los descansos entre clase y clase. Iba a dejarlo a sus clases de canto y después iba a recogerlo.

Estaba enfermo de preocupación.

Pasaron dos semanas, agonizantes y dolorosas.

Dos semanas de paranoia. De no salir casi de casa, de mirar siempre por encima del hombro y de tener pesadillas. Cada noche era lo mismo.

Mis sueños se remontaban al pasado. Con Hyun Jae en el hospital, vendada y drogada tras las múltiples cirugías a las que fue sometida. Pero en mis malditas pesadillas no era ella la protagonista, sino Sung Jong, quién me reprochaba con la mirada por no haberlo salvado... Pero eso no era lo peor, sino lo otro: una cuerda, una construcción, un bamboleo interminable...

Despertaba bañado en sudor y sólo me calmaba tras ir a la habitación de huéspedes y verlo. Su suave respiración era suficiente para tranquilizarme. El saber que estaba bien y que yo no dejaría que nada malo le pasara.

Woo Hyun se levantaba, me daba una palmada en la espalda y se iba a dormir en la sala, dejándome el resto de la noche para estar con mi pequeño. Me aseguraba de no despertarlo, sólo lo observaba, acercándome apenas lo suficiente para sentir su aliento en mi rostro. Eso me calmaba y me ayudaba a dormir.

Me cuestioné si era amor. Y aunque no lo fuera ya no me importaba. No iba a dejarlo nunca. Él era mío y me aseguraría de mantenerlo siempre a mi lado.

—Todos estos días han sido tan raros —me susurró Jongie mientras nos dirigíamos a sus clases de canto.

Esa sería su última clase. Salir por las tardes era problemático y habíamos decidido no arriesgarnos más.

—Lo sé, pero ya pasará.

—¿Tu crees? —sus grandes ojos me miraron fijo—. A veces creo que...

—¿Qué cosa?

—Que me siguen. Que me miran. Me estoy volviendo loco.

No era el único, pero no se lo hice saber. En cambio lo tomé de la mano sin importarme sus quejas, sin importarme que alguien nos viera.

—Estaré esperando por ti cuando salgas —le susurré, aguantadome las ganas de darle un beso.

Sus compañeras nos rodeaban.

—Myung...

Volví el rostro y Sung Jong me besó en los labios. Escuché los gritos de sus compañeras y lo único que pude hacer fue sonreír, aunque estaba inquieto. Por alguna razón sentí que ese era un beso de despedida. Un último beso.

Tonterías, me dije mientras me aseguraba de que hubiese entrado antes de volver a casa, pero continuaba intranquilo.

Woo Hyun no estaba, sólo Sung Kyu, quién revisaba unos folletos en la sala.

—Hola —saludé, sentándome—. ¿Qué miras?

—Posibles opciones de compra. Estoy buscando una casa nueva para mudarnos.

—Ya era hora, ¿no crees?

Sung Kyu suspiró.

—Lo sé, pero me resistía a irme de aquí.

—¿Por ella?

—Sí. En este sitio aún puedo sentirla —cerró los ojos un momento —pero no debo dejar que el pasado los ponga en peligro.

—Encárgate de conseguir una buena zona.

—Sí, estaba pensando en pedirle ayuda a Dong Woo, él escogió la casa donde vive con Hoya.

—Me parece bien. ¿Lo harás hoy?

—Seguramente.

Se levantó y recogió los folletos.

—¿Dónde está Woo Hyun? —pregunté entonces.

—Recibió una llamada de Yoon Joo.

—Ella chasquea los dedos y él va corriendo. Mejor que un perro—. No dijo nada—. ¿Y tú que?

—¿Yo? —replicó, pero sin mirarme.

—¿Por qué no le dices algo?

—Soy su amigo y mi deber es apoyarlo.

—¿Cómo lo hiciste aquella vez?

—¿De qué hablas?

No estaba muy seguro, pero tenía mucha curiosidad por esa historia entre él y Woo Hyun; ese malentendido, las verdades omitidas y el evidente rencor del Príncipe Corazón.

Además de la historia del tío. No me había atrevido a preguntarle a Sung Jong sobre él, pero necesitaba saberlo.

—Algo sobre su tío.

—Ah. ¿Te lo ha dicho Sung Jong?

—No. ¿Tú lo sabes?

—No mucho. Woo Hyun no quiere hablar de ello—. Sung Kyu se dirigió a la puerta —pero sé que Hoya lo sabe. ¿Quieres que averigüemos de una vez de que se trata todo eso?

Si quería, pero me preocupaba.

—Vale, vamos.

La clase de Sung Jong terminaba en dos horas, asi que estaría ahí a tiempo.

La casa de Hoya y Dong Woo parecía salida de una película, el hogar perfecto para una pareja de recién casados.



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En el texto hay: homosexual, woogyu, myungjong

Editado: 10.07.2022

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